Bölüm 1
**Capítulo 1 Despertar en el Vacío**
Un frío ácido como cristal quebrado se deslizó por las vértebras de Dante al abrir los ojos.
La penumbra que lo rodeaba no era sombra común, sino un abismo grisáceo que palpitaba como si respirara. No había cielo, ni suelo; solo un laberinto de muros altos, cuarteados, que se desvanecían en una niebla cada vez más densa. El aire estaba pegajoso, un suspiro húmedo que se filtraba en sus pulmones con un sabor metálico.
Intentó mover la mano. El pulgar tembló, torpe, como si despertara de un sueño viejo y oscuro.
Un punzante hormigueo le arrancó un jadeo. Miró sus dedos, pero no había piel, ni carne, sino un contorno translúcido que se disolvía entre la neblina.
—¿Dónde...?
La voz suya salió en un susurro quebrado, una sombra de sonido que parecía no formar parte del viento.
No podía ver su reflejo en nada. A su alrededor, el reino se extendía, intangible. Ese lugar—no sabía si era físico o un sueño—parecía alimentarse del silencio. No había vida, solo ecos ahogados de pasos que no eran suyos.
De repente, un destello cobró forma a su derecha. Una figura encapuchada emergió de la bruma, con ojos como pozos sin fondo que lo atravesaron.
—¿Quién eres? —exigió la sombra, voz rasposa, como arrastrando siglos.
Intentó responder, pero su boca no obedecía; el recuerdo de su propio nombre, su identidad, estaban atrapados en un pozo negro.
La figura se acercó sin miedo. Extendió una mano huesuda que rasgó el aire, tocándolo en el pecho.
Un choque eléctrico recorrió su ser. Un vacío más profundo se abrió dentro de él, como si un abismo le devorara el alma.
—Nadie —dijo la sombra—. Nadie puede tocar lo que no tiene esencia. Tú no existes.
Dante sintió un escalofrío que le quemó la piel invisible. Miró hacia sus manos y vio que la magia del entorno, la que hacía brillar las piedras, que convertía la neblina en formas fugaces, lo ignoraba. Era una sombra fuera de la sombra.
“¿Por qué no siento la magia? ¿Por qué no pueden verme? ¿Por qué soy un hueco en esta realidad que se alimenta de recuerdos?”
La voz de la figura se convirtió en un murmullo amenazante.
—Lorian Vyx lo quiso así. Que los olvidados no dejen huella, que desaparezcan sin afectar el dominio del nuevo orden.
Un nombre que resonó con burla cruel, como una campana de muerte.
La niebla oscurecía aún más, impregnándose de un rumor lejano, grotesco: voces que se perdían, gritos contenidos, fragmentos de memorias robadas que palpaban con desesperación.
Dante sintió que algo dentro de él despertaba—aquel alivio fugaz de un nombre olvidado, un lugar, una vida pasada—pero la certeza se disolvió al instante. Un velo opaco se alzaba entre él y el mundo que había conocido.
Las calles detrás de la figura parecían un laberinto sin fin, llevado por un viento glacial que traía susurros incomprensibles:
—“Olvida”, susurraban.
—“Desaparece.”
“¿Por qué?”, preguntó, al borde del grito. Y la niebla se cerró, silenciosa y pesada.
Quiso correr, moverse, reclamar un ancla en la realidad, pero su cuerpo no respondía. Solo era sombra. Un fragmento roto. Un hombre renacido sin pasado.
Entonces, un estremecimiento. Desde lo profundo de la nada, un brillo titiló fugazmente: un recuerdo. Pero en vez de aferrarse, se le escapó como arena entre los dedos.
—No eres parte de esta magia —replicó la sombra—. Eres invisible, porque no tienes memoria que sustente tu ser. Sin recuerdos, no eres humano, no eres nada. Eres un vacío que consume a sí mismo.
Dante sintió sus sentidos expandirse, la niebla se volvió pegajosa, como si quisiera sofocarlo.
De repente, una voz que no era ni suya ni de la sombra, un eco lejano pero íntimo, rozó su mente:
—“Recuerda, Dante. El olvido es la cárcel. Rompe las cadenas, o perecerás para siempre.”
El frío se intensificó.
Cuando la figura levantó una daga de obsidiana, el filo brilló, cortando la neblina.
En ese instante, justo antes del impacto, la neblina se partió con un estrépito silencioso y…
—¿Por qué no lo siento? —murmuró Dante mientras la daga atravesaba el aire, pero sus manos vacías no la atrapaban ni resistían.
El mundo pareció disolverse por completo.
Y en la oscuridad, una verdad se ennegrecía, esperando liberarse:
¿Por qué su olvido lo hacía invisible a la magia que dominaba la realidad?