Bölüm 1
Capítulo 1: Renacer en las sombras
La humedad se colaba por cada rendija, goteando lento, un susurro constante como una sentencia. Alejandro abrió los ojos con una lentitud que dolía, como si el mundo se resistiera a recibirlo de nuevo. Lo primero que sintió fue el frío, tan intenso que mordía su piel, helando el aire que le escapaba en jadeos cortos y temblorosos.
Un sudor frío perlaba su frente. La oscuridad era densa, palpable, como un manto pesado que aplastaba su pecho. No recordaba... ¿qué había pasado? Un dolor punzante en el costado le hizo un nudo en el estómago. Trató de mover las manos, sintiéndolas extrañamente jóvenes, tersas, sin cicatrices. ¿Pero no tenía años... años encima?
Un ruido sordo rompió el silencio, el choque metálico de una cadena. Se alarmó. Abrió los ojos de par en par. Estaba encadenado, las esposas un frío abrazo que le recordaba que no estaba liberado. El olor a humedad, a tierra removida y a sangre vieja llenaba el espacio cerrado. Un sótano. No había ventanas, pero un débil resplandor rojo se filtraba por la grieta en una de las paredes.
Se incorporó con dificultad. Al hacerlo, un escalofrío le recorrió la espina dorsal; un poder extraño, oscuro, comenzó a quemar en su interior, un fuego abrasador y cruel que le desperazaba las venas.
—¿Dónde estoy? —musitó, pero su voz tenía un tono que nunca había escuchado en sí mismo. Grave, como si la sombra de la muerte lo habitara.
El silencio fue solo respuesta, roto por el eco lejano de unos pasos. Entonces vio la figura que emergía de las sombras: alta, vestida de negro, la mirada oculta tras un pañuelo, pero con una mano firme que sostenía un maletín deslustrado.
—El Sombra ha vuelto —dijo con voz pausada, un susurro como un cuchillo afilado—. El pacto fue cumplido. El Imperio del Submundo te espera.
Alejandro intentó ponerle nombre al hombre, a esa voz que parecía fragmentada como un eco familiar, pero solo la confusión y el dolor le respondieron.
—¿Quién eres? —exigió, la oscuridad en sus ojos intensificándose por aquel fuego que ya empezaba a controlar, a dominar con un temblor de triunfo contenido.
El misterioso hombre deslizó el maletín hacia él, alzando una ceja, la única parte visible de su rostro que exprimía un dejo de desafío.
—Soy el mensajero de Luciano... el que te trajo de vuelta.
La sangre se le heló. Luciano De la Cruz. Nombre que ardía en su memoria con un veneno inequívoco.
El maletín chirrió al abrirse. Dentro, una serie de documentos con sellos corruptos, fotos, nombres y un diario—su legado—esperando para ser reclamado.
Una ola de rabia, miedo y poder estalló en su interior y Alejandro supo, por primera vez en mucho tiempo, que estaba vivo para vengarse.
Un golpe seco resonó tras la puerta cerrada. Y alguien susurró:
—El juego comienza ahora.
El silencio volvió. Pero Alejandro ya no era el hombre roto que habían enterrado. Era El Sombra, renacido entre las sombras, listo para tomar su trono.
¿Quién era realmente aquel mensajero? ¿Aliado o trampa mortal?
El frío en sus venas le avisaba que la respuesta podía ser una sentencia.
Un último golpe en la puerta lo dejó con la respiración suspendida.
El juego había comenzado.