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NoveliqaNivel Supremo: La Ascensión del Ermitaño / El Ermitaño en las Sombras :0%
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Bölüm 1

El Ermitaño en las Sombras

Capítulo 1 El Ermitaño en las Sombras

La lluvia golpeaba con furia sobre el pavimento agrietado. Las luces parpadeantes del barrio caían en charcos negros, dando un reflejo tembloroso que parecía absorber toda esperanza. Héctor Soler avanzaba con paso lento, arrastrando las suelas gastadas de sus botas. La noche se filtraba profunda entre los edificios caídos en el olvido, y la humedad densa clavaba su aliento helado sobre la piel.

Un silencio tenso reinaba en las calles vacías, roto solo por el eco distante de sirenas y los susurros lejanos de una ciudad que se negaba a dormir. Un portal oscuro, pulsante y deformado, latía frente a él en la esquina, emanando un hedor dulce a putrefacción. Héctor frunció el ceño, esquivando con cuidado las sombras que se retorcían en su superficie, como si el aire mismo se estuviera deshaciendo.

No había señales externas de sus habilidades. Solo un chico sin nada, sin aliados, sin armas… ignorado, como siempre. Pero esa noche algo cambiaría.

El rostro de Héctor se tensó cuando una sombra emergió del portal con la rapidez de un parpadeo. Un monstruo grotesco, medio brillo metálico, medio carne viva, con ojos encendidos como carbones ardientes, se abalanzó sobre él.

—¿Crees que puedes caminar libre por aquí, basura? —susurró una voz ronca, sedienta, que helicópteros o drones jamás habrían esperado.

Héctor apenas tuvo tiempo de reaccionar. El monstruo lo embistió con una fuerza brutal que deslizó su espalda contra el frío muro de ladrillo. La costilla crujió bajo el impacto, y el aire le golpeó como un martillo en la garganta.

Pero en lugar de gritar, Héctor clavó la mirada en el ojo encendido de la criatura y, cuando sintió el crepitar de furia y desesperación al borde de su pecho, algo se despertó en su interior.

El mundo disminuyó a una disonancia de sonidos acelerados. La lluvia ahora caía en gotas minúsculas y continuas, como un velo traslúcido. La piel del monstruo parecía ondular atrapada en un brillo fosforescente, su mandíbula se extendía para un segundo golpe… y Héctor se lanzó hacia un lado con una precisión que desmentía lo torpe —o arruinado— que se sentía.

Un peso invisible tiró de su pecho, una presión comprimida que obligó a sus rodillas a flexionarse como si respondieran a un mandato interno. Su brazo extendió un puño cerrado, pero antes de que tocara al monstruo, una chispa brillante cruzó su palma.

—¿Qué... qué? —el monstruo arrugó el ceño, como si por un instante dudara si ver aquello con sus propios ojos.

El puño de Héctor explotó en una ráfaga de energía oscura. No había luz cegadora ni efectos grandilocuentes, solo un flujo sutil y denso, como tinta hirviendo en el aire. El monstruo se tambaleó, resentido, retrocediendo unos pasos, mientras su cuerpo hervía como si el calor fuera interno.

Héctor aprovechó esa paralización. Respirando con dificultad, se incorporó, con cada músculo temblando de agotamiento y miedo. La sangre se le pegaba al costado, manchando la camisa azul desteñida.

—¿De dónde sacaste eso? —rugió el monstruo. Pero antes de que Héctor pudiera responder, otro alarido desgarrado emergió del portal.

Una figura apareció en ese segundo: alta, con una capa que caía en sombras, ojos cubiertos por extrañas gafas de cristales negros. Marcel Virel, había dicho el destino, el hombre que movía hilos invisibles para convertir la oscuridad en su reino.

No necesitó presentar formalidades. Su voz descendió como un martillo sobre la escena:

—¿Quieres morir hoy, chico?

Héctor no tuvo tiempo de reaccionar. Marcel desató una ráfaga de palabras cargadas de intención y poder mientras el monstruo se recomponía para atacar. Pero el joven solo vio una oportunidad fugaz, un fugaz rayo en su mente.

Abrió la boca, sintió un pulso vibrar en sus venas, un zumbido que no reconocía. Sus dedos se cerraron sobre un vacío intangible.

“Sistema: Nivel Supremo Detectado.”

Una voz, profunda y mecánica, reverberó sin sonido en su conciencia. Una pantalla invisible despliegue ante sus ojos el contorno de un sistema desconocido para todos menos para él.

—No puede ser… —los labios de Héctor temblaron, y un brillo intensificó el aura que le envolvía.

El monstruo avanzó, Marcel sonrió cruel, y la última luz del alba asomó tímida por el horizonte, como si el mundo entero contuviera el aliento ante lo que Héctor estaba a punto de desatar.

Una pulsación que sería mucho más que un combate.

Un poder que ningún otro poseía.

Y Héctor —el cazador marginado— estaba a punto de cambiar el juego para siempre.

Fin del capítulo 1

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El telón se corta justo cuando Héctor activa ese sistema misterioso. Queda en suspenso si dominará esa energía, cuáles son sus límites, y cómo eso pondrá en marcha una cadena de eventos que ni siquiera Marcel puede controlar.

El ermitaño en las sombras ha despertado. La cacería ha comenzado.