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NoveliqaEl Renacer del Dragón de Éter / El Exilio del Discipulado :0%
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Bölüm 1

El Exilio del Discipulado

Capítulo 1: El Exilio del Discipulado

La tormenta rugía con furia sobre el Valle de Lianxu, arrastrando nubes oscuras que parecían engullir la luz del sol como si mordieran al mismo día. Entre la lluvia cortante y el viento que aullaba, Kael Ren se mantenía firme sobre el filo de la montaña, la mirada clavada en las ruinas humeantes del templo ancestral de su clan. Cada aliento se le hacía espeso y áspero; las gotas de lluvia se mezclaban con su sudor, y el amargo sabor a ceniza aún persistía en el aire.

Sus dedos temblorosos apretaron el colgante de jade que pendía en su cuello, la última reliquia que le quedaba del Dragón de Éter que sus padres le habían propuesto proteger. Pero ahora, ese símbolo sólo le arrancaba una punzada de dolor que se extendía hacia el centro de su pecho, como si algo dentro de él ardiera en llamas invisibles.

—¡Kael! —la voz de su maestro, el anciano Qin, rompió el silencio como un cuchillo cortando una tela fina—. No hay tiempo. Debes partir, ahora.

Kael dejó caer el colgante en su palma, sus ojos se clavaron en el anciano, buscando en su expresión cualquier rastro de consuelo. Pero sólo había severidad, y una tristeza quecía una corriente helada en sus venas.

—¿Y qué hay de nuestro clan? —la voz de Kael era un susurro, áspera, destrozada—. ¿Y… Y la venganza? ¿Qué quedará?

Qin palideció, su rostro se contrajo en un gesto de dolor. Se giró, señalando hacia un sendero oculto entre los árboles calcinados.

—Tu único camino es el exilio, discípulo. La dinastía Liu no mostrará piedad. Si quieres sobrevivir para vengar a tu gente, debes huir... y dominar lo que llevas dentro.

Kael no necesitaba que le repitieran la noticia: la implacable guardia de Xianhua Liu había arrasado con todo. El Imperio no toleraría disidencia ni amenazas a su monopolio sobre el secreto de la inmortalidad.

Una luz tenue parpadeaba en el horizonte: las llamas del templo, alimento de su destrucción, todavía mordisqueaban la noche. El perfume amargo a madera quemada y al hierro de la sangre seca aferraba la garganta de Kael, nublando sus pensamientos.

Pero había algo más. Un murmullo oculto bajo el combate, un sonido que no pertenecía a la tormenta ni al fuego… algo vivo. Un retumbo bajo la piel, un palpitar que retorcía sus entrañas hasta el borde del colapso.

Un cosquilleo eléctrico iluminó su brazo, como si una corriente invisible le recorriera la médula. De repente, Kael sintió su visión alterarse, los contornos del mundo se difuminaron, y unas escamas iridiscentes parecían crecer bajo su piel.

El Dragón de Éter despertaba.

—¡Maestro…! —la voz de Kael estaba entrecortada, temblaba—. ¿Qué me está pasando?

Qin dio un paso atrás, su rostro oculto entre sombras.

—Kael, tú has sido bendecido y maldito a la vez. El Dragón de Éter vive dentro de ti, pero su poder es un fuego incontrolable. Si no aprendes a dominarlo, acabarás consumido por él, o peor… a merced de Xianhua Liu.

El joven dio un paso adelante, la garganta árida, irradiando una mezcla de furia, miedo y determinación.

—No permitiré que su tiranía destruya más vidas. Encontraré la manera de controlar esta fuerza... o moriré intentándolo.

Un estruendo cortó el aire; un grupo de soldados imperiales emergió más adelante, con lanzas y armaduras que reflejaban destellos siniestros bajo la tormenta.

—¡Corre! —ordenó Qin, empujándolo hacia el sendero.

Kael reaccionó con un salto y echó a correr hacia la espesura, sintiendo en la espalda una presencia mercante, opresiva.

Mientras huía, un rugido resonó en su pecho, saturando sus sentidos.

Una voz ancestral, oscura y poderosa, acarició su mente: Kael Ren… despierta, hijo del dragón. Tú y yo somos uno, eterno y destructivo.

El pánico se mezcló con la fascinación. ¿Podría dominar ese fuego ancestral? ¿O sería él quien lo consumiera?

Sus pasos se tornaron más pesados; el viento parecía detenerse para observar su destino.

Detrás de él, el fuego devoraba el templo.

Pero dentro de él, algo aún más peligroso comenzaba a arder.

El exilio había comenzado.

¿Podrá Kael controlar el poder del Dragón de Éter que habita en su alma?