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NoveliqaContrato de Pasiones Prohibidas / Un Acuerdo Frío :0%
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Bölüm 1

Un Acuerdo Frío

El viento cortaba la terraza del penthouse como un filo invisible. Valeria Castillo ajustó el abrigo de lana, pero el frío que sentía no estaba en el aire; se anidaba en su pecho, apretando cada latido con fuerza implacable. Frente a ella, las luces de la ciudad titilaban—una red de secretos tejida sobre el concreto y cristal.

—¿Estás segura de esto? —La voz de su madre, solemne y quebrada, casi se perdió en el estruendo lejano del tráfico. La mujer le sostuvo la mirada con una mezcla de esperanza y súplica.

Valeria apartó la mirada, el reflejo de esas luces distorsionadas en el vidrio parecía burlarse de su propio conflicto. La mesa frente a ellas estaba cubierta de papeles, cláusulas que encerraban su futuro y el de los suyos bajo un juramento de hielo: un matrimonio por contrato con Santiago Montiel, el magnate que podía salvarlas... o destruirlas.

—No tengo otra opción —susurró, consciente de que cada palabra podía ser un grillete—. Si acepto, nadie podrá tocar a mi familia.

Su madre cerró los ojos un instante, y al abrirlos la tristeza fue una marea que casi derrama la compostura.

—Valeria, esta alianza... no solo es un pacto ante la ley. Es un juego con fuego.

Un golpe seco retumbó en la puerta. La tensión se quebró, y en la penumbra apareció él: Santiago Montiel. La precisión con la que caminaba parecía desafiar el mismo tiempo, cada paso una declaración de poder y misterio.

—Espero no interrumpir —su voz profunda cortó el aire helado. Sus ojos no buscaban a la madre, sino que se clavaron en Valeria con una intensidad que hizo que la sangre se le congelara en las venas.

Ella tragó saliva, el corazón borrando cualquier otro ruido en la habitación. Había oído hablar de él, del imperio que comandaba y de la leyenda oscura que envolvía su nombre. Pero nunca había esperado que sus caminos se cruzaran en un acuerdo tan dolorosamente personal.

—El contrato está listo —dijo Santiago, deslizando un sobre negro sobre la mesa—. Las condiciones son claras: protección total para tu familia, a cambio de la unión formal por cinco años. No hay espacio para caprichos, solo para objetivos.

Valeria levantó la vista. Sus dedos temblaron levemente mientras sostenía el papel. “Cinco años”, pensó. Un tiempo que podía significar prisión o liberación.

—¿Y qué hay de ti? —su voz fue un hilo tembloroso—. ¿Qué ganas tú con esto?

Santiago sonrió con una mezcla de arrogancia y algo que pudo parecer... vulnerabilidad.

—Digamos que, en este juego, el beneficio es mutuo. Pero también hay secretos que prefiero mantener enterrados. Los profundos cuestan más que una simple firma.

Un silencio pesado creció entre ellos. Valeria sintió en el fondo del pecho una pregunta latente, oscura: ¿Qué secreto ocultaba aquel hombre que la hacía estremecer más que el frío?

—No puedo engañarte —continuó él—. No todo en este acuerdo será fácil. Pero necesitamos este pacto urgente, y tú eres la única pieza que puede encajar en mi tablero.

Ella miró a su madre una vez más. La mujer asintió, resignada pero firme.

—Firmaré —dijo Valeria—, por ellos. Pero necesito que sepas que esto no es solo un contrato. Estoy entregando mi vida.

Santiago extendió la mano, y cuando la suya rozó la de él al firmar, sintió un estremecimiento eléctrico que prometía incendiar la fría alianza.

De repente, su asistente irrumpió con un teléfono en la mano, interrumpiendo el instante perfecto para una catástrofe.

—Señor Montiel, acaba de llegar una llamada urgente para usted.

Santiago tomó el teléfono, su expresión cambió en un parpadeo, y su voz bajó a un susurro casi amenazante.

—Prepárate, Valeria. Esto apenas comienza.

Cuando la puerta volvió a cerrarse tras la asistente, Valeria supo que el oscuro secreto sobre ese contrato no vendría solo de Santiago, sino que también envolvería su propio pasado y pondría en jaque todo lo que amaba.

Un suspiro profundo escapó de sus labios, mientras la noche la cobijaba insegura, llena de promesas y amenazas invisibles.

¿Podrían las cadenas de un contrato atar dos almas destinadas a quebrarse?

Mientras la ciudad seguía brillando indiferente, Valeria levantó la mirada hacia el cielo, buscando la brizna mínima de libertad entre las sombras de aquel acuerdo frío.