Chapter 9
Capítulo 9 Viviana ataca
El silencio se desplomó en la sala, pesado y cortante, como una ráfaga helada que se enroscaba en cada rincón. La puerta, entreabierta, vibraba con la oscilación de una voluntad firme y peligrosa. Sofía sintió que el corazón le picoteaba contra las costillas, un tambor febril que se resistía a encontrar ritmo. Una sombra se deslizó tras el marco, una figura esbelta y elegante que exudaba inmenso control.
Viviana Soler.
Su sonrisa era un cuchillo que destellaba bajo la luz fría del ventanal. Los dedos, largos y perfectamente manicurados, soltaban un móvil con la misma calma con la que una serpiente deja caer su veneno.
—Buenas noches —dijo Viviana con un tono que arañaba los oídos—. Espero no interrumpir vuestra… deliciosa conversación.
El eco de sus palabras no fue más que un presagio.
Álvaro, al instante, se tensó; sus ojos se clavaron en Viviana con un destello de alarma y desprecio contenidos. Sofía sintió cómo sus músculos se crisparon: la mujer que había logrado ponerlos en jaque antes, ahora regresaba con toda la artillería.
—Viviana —respondió Álvaro, voz baja, densa—. Todo lo que hagas aquí será observado... y juzgado.
Pero había en sus palabras una nada velada reverencia al peligro que representaba. Viviana cruzó la estancia como un relámpago, dejando un rastro de perfume ambarino que quemó la atmósfera.
—¿Juzgar? No me hagas reír, Álvaro. Lo que yo quiero es desmontar tu castillo de naipes. Y esta vez, pondré la última carta sobre la mesa —declaró, al tiempo que alzó el móvil para proyectar en la pantalla de la gran sala unas imágenes.
La pantalla gigante frente a ellos se iluminó con destellos rojos y azules. Fotos difusas, vídeos cortos y pantallazos de mensajes privados. En la primera imagen, Sofía aparecía en una fiesta exclusiva, pero sus gestos no hablaban de alegría sino de nerviosismo y miradas esquivas.
Luego, un vídeo mostraba a Sofía saliendo apresuradamente de un hotel con un hombre desconocido, a quien la cámara perseguía esquivando sombras y risas apagadas. Al pie del vídeo, un titular se leía en letras garrafales: “Escándalo en la alta sociedad: ¿Quién es el hombre misterioso de Sofía Méndez?”
Estallaron los murmullos internos.
Sofía sintió que la piel se le erizaba, como si mil pequeños puñales invisibles se clavaran sobre su cuerpo.
—¿Qué es esto? —su voz sonaba afilada, más fuerte de lo que sentía—. ¿De dónde sacaste esto?
Viviana dejó caer la prenda como si fuera una bomba hecha de realidad y mentira.
—Información. Algo que te asegura que cuando se publique, tus planes se desmoronarían. Y que, convenientemente, llevaría la mancha a tu nombre, a tu reputación. Y, sí, a tu carrera.
—¿Quieres destruirme —susurró Sofía, apenas conteniendo la furia—? No sabes con quién te metes.
La mujer que había elegido para enemigo alzó una ceja, divertida.
—Sé perfectamente a quién me enfrento, cariño. Por eso juego en otro nivel.
Desde el otro extremo de la sala, Álvaro caminaba, hostil, hacia el control remoto que apagaba la proyección. La imagen se diluyó y, con ella, la lógica. Pero la incertidumbre permaneció, gaseosa y tóxica.
—Es una trampa —escupió Álvaro entre dientes—. Un montaje. Algo armado para hundirte a ti y arrebatarnos a nosotros cualquier ventaja.
Los tres sabían que eso no bastaría para apagar el incendio. En minutos, los medios digitales, con sus zumbidos constantes, batirían sus alas ansiosas de cazar la verdad o la mentira.
Un silencio separó la habitación, pesado, pero cortado de pronto por el zumbido insistente de los mensajes llegando sin pausa.
Sofía recogió el móvil con manos temblorosas. Era una ofensiva en masa: menciones, etiquetas; y sobre todo, rumores. La metrópolis intelectual y poderosa estaba siendo testigo de su caída, orquestada desde las sombras.
—¿Qué vamos a hacer? —se escuchó la voz de Álvaro, torcida entre ira y vulnerabilidad, tan rara vez mostrada—. No podemos dejar que esto nos destruya. No así.
Sofía inspiró profundo. La piel aún le ardía, y el estómago reverberaba con un nudo imposible de deshacer. Recordó la verdad enterrada bajo las mentiras y el humo de la conspiración. Un fuego de determinación se encendió dentro de ella.
—Primero —dijo, con voz firme y decidida—, tenemos que controlar la narrativa. Saber qué hay detrás de estas imágenes y desmontar cada pieza. Porque si dejamos que la ciudad nos juzgue antes de conocer la verdad, estaremos muertos.
Viviana, que seguía allí, como una cuerva dándose un festín anticipado, se acercó y susurró al oído de Sofía:
—El escándalo es solo el comienzo. No sabes lo que he guardado para el midgame.
Un golpe metálico sacudió la puerta principal. Los cristales vibraron con el estruendo súbito. Un empleado irrumpió con el rostro desencajado:
—Señora Méndez... los medios están estallando con rumores. En minutos, las redes van a explotar. ¿Cómo responderán ustedes?
El reloj empezaba a correr en contra. El mundo entero observaba, juzgaba, juzgaba ya.
Sofía y Álvaro se miraron; la claridad de la tormenta externa era igual en sus ojos que la que rugía dentro. Pero algo también brillaba: la promesa muda de que todavía podrían negociar con el destino.
El pulso de la ciudad se intensificó, y la delicada cuerda del matrimonio contractual empezó a tensarse al límite.
¿Cómo responderían?
El silencio fue roto nuevamente por el estruendo creciente del caos digital...
[ terminó el capítulo ]