NoveliqaUn Matrimonio por Decreto: Pasiones que Rompen Contratos / La primera noche juntos :0%
Log in

Chapter 2

La primera noche juntos

Capítulo 2: La primera noche juntos

El eco de la tinta secándose en el papel resonaba como un disparo en la silenciosa habitación del despacho. Sofía apretó el bolígrafo con fuerza, notando que sus dedos temblaban con un temblor que no concedía tregua. Frente a ella, Álvaro Cárdenas recogía el contrato con movimientos medidos, perfectos, como si cada pliegue en la hoja fuera un fragmento de ese mundo helado al que ella ahora pertenecía.

Sin una palabra, se levantó y se dirigió a la puerta, su figura alta y tensa proyectando una sombra alargada que la envolvía. Sofía sintió un nudo en la garganta, no sólo por el acuerdo firmado, sino porque ahora iba a compartir techo con ese hombre, cuyo toque le resultaba tan frío como el acero.

—Sofía —su voz, grave y contenida, cortó el aire con la precisión de un bisturí—. Esto no es sólo un contrato. Es un pacto. Aquí no hay espacio para distracciones ni debilidades.

Ella asintió, sin saber si era por miedo, por respeto o por la secreta esperanza que aflora cuando la desesperación aprieta las cadenas.

---

El elevador subterraneo del penthouse ascendió como un ascensor del infierno, cada piso que ganaba parecía alejarlos más de aquella vida cotidiana donde ella aún podría respirar con libertad. Las paredes de mármol y cristal le devolvían ecos distantes de una realidad que escapaba de su alcance.

Cuando las puertas se abrieron, la mezcla de luces cálidas y sombras perfectas reveló un espacio que era ajeno, majestuoso, pero al mismo tiempo, inhóspito. El penthouse de Álvaro Cárdenas, donde todo —desde el mobiliario hasta el silencio— hablaba de control absoluto y ausencia de emociones.

Ella soltó su maleta con un suspiro contenido y empezó a explorar ese territorio nuevo, lleno de ecos y misterio.

—Aquí será nuestra nueva vida —dijo Álvaro, acercándose con pasos que no denotaban cansancio ni duda—. Pero recuerda esto: cada movimiento, cada palabra, será vigilada. No es un lugar para perder el tiempo.

Sofía tragó saliva. Había imaginado encontrarse con un hombre frío, egoísta y despectivo, pero la realidad era una tempestad más compleja: parece que detrás de sus palabras se escondía un muro impenetrable, construido no solo por distancia física sino por una voluntad implacable.

El silencio se hizo pesado. El reloj marcaba el inicio de una noche que sería larga.

---

En la habitación principal, la luz tenue proyectaba sombras que dibujaban líneas severas en las paredes. Sofía se acercó a la ventana para mirar la ciudad que nunca dormía, sus luces centelleando como estrellas desapegadas. Por un momento, permitió que el cansancio y la incertidumbre la invadieran.

—¿Hy tus reglas también incluyen dónde dormir? —preguntó con un hilo de voz, más por romper el hielo que por desafiarlo.

Álvaro giró la cabeza hacia ella, su mirada tan fría como el mármol bajo sus pies.

—Custerá la habitación de invitados —respondió con voz de juez, dejando claro que aquello no era negociable.

El corazón de Sofía dio un golpe seco. La idea de pasar la primera noche bajo el mismo techo, pero separada, era a la vez un alivio y un castigo.

—¿Por qué? —insistió, su voz quebrándose —¿por qué tanta frialdad desde el principio?

Él se acercó lentamente, pero nunca demasiado. Como si midiera cada paso para no romper una distancia invisible.

—Porque no somos amantes, Sofía. Somos socios en un juego que puede destruirnos a ambos si alguien se descuida.

Un silencio cargado de significado se instaló entre ellos. Sofía quiso creer que detrás de esa fachada había algo más, algo humano, pero sólo encontró una pared infranqueable.

---

Se sentó en el borde de la cama, la tela fresca del colchón rozando sus dedos temblorosos. La habitación parecía un refugio de cristal, bello pero inaccesible.

De repente, un peso invisible aplastó su pecho. ¿Cómo se suponía que iba a sobrevivir a esa noche y a todas las que vendrían? ¿Sin una palabra de ternura, sin una señal de preocupación?

Un leve clic anunció que Álvaro había salido de la habitación, dejando tras de sí un aire frío y una puerta entreabierta que parecía una invitación torcida para la soledad.

Sofía cerró los ojos y aspiró hondo, intentando atrapar los fragmentos de valentía que aún le quedaban para enfrentar lo que fuera.

Pero en el fondo, una pregunta la quemaba por dentro, insidiosa y punzante.

¿Por qué Álvaro se mostraba tan distante y controlador desde el inicio?

---

La ciudad siguió esa noche su pulso frenético, inconsciente del acuerdo sellado entre dos desconocidos, unidos por el fuego oscuro de una alianza sin amor.

La verdadera batalla estaba por comenzar.