NoveliqaUn Matrimonio por Decreto: Pasiones que Rompen Contratos / La revelación de Viviana :0%
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Chapter 16

La revelación de Viviana

Capítulo 16 La revelación de Viviana

El golpe contra la puerta crujió en el silencio pesado que había llenado la habitación hace apenas un segundo. Sofía se tensó, los dedos apretados sobre el costado del sillón, sus uñas marcando la piel como un mapa de ansiedad. Álvaro se detuvo, su cuerpo erguido, los músculos que parecían controlarse para no avanzar con furia contenida.

—¿Quién es? —la voz de Álvaro fue un susurro áspero, pero firme, buscando equilibrio, como si temiera que un estremecimiento lo rompiera.

La puerta se abrió con la lentitud de un presagio. Allí estaba Viviana, con su mirada fija en ellos como un arma cargada, sus labios apretados en una sonrisa que no llegaba a iluminar sus ojos. Había en ella una mezcla de determinación y amenaza disfrazada de elegancia.

—Buenas noches, Álvaro. Buenas noches, Sofía —saludó sin cortesía, como si se tratara de un campo de batalla más que de un hogar—. Espero no interrumpir demasiado.

Sofía tragó en seco. La tensión en el aire se condensaba a cada palabra —el ambiente olía a perfume caro, pero también a confrontación esperando explotar.

—¿Qué quieres, Viviana? —El tono de Álvaro mostró esa línea fina entre la calma y el control perdido—. No es el momento, y tampoco eres bienvenida aquí sin previo aviso.

Viviana cruzó el umbral con paso decidido, dejando que la puerta se cerrara a sus espaldas con un clic metálico.

—No vine a pedir permiso, Álvaro —dijo, caminando hacia ellos con esa seguridad que solía ser venenosa—. Necesito que escuchen lo que tengo que decir. Ya no quedan secretos entre nosotros.

Sofía sintió que un sudor frío le recorría la espalda. Viviana nunca hacía nada sin un propósito, y menos aún en una noche en la que el silencio debería haber reinado para sus mentes y sus heridas. Había una tormenta en esa mujer, y esta vez venía a desatarla.

Viviana sacó lentamente un sobre de su bolso, sus uñas rojas destellaron bajo la luz mortecina.

—Esto es para ti, Sofía. Y esto —dijo, extendiéndole el sobre a Álvaro con descaro— es para ti.

Sofía desvió la mirada hacia Álvaro, que frunció el ceño mientras abría el sobre con manos que no temblaban, aunque sus ojos reflejaban una sombra de duda inesperada. Viviana, sin embargo, se mantuvo firme, la voz baja y firme como el golpe mortal de una serpiente.

—No soy una mujer cualquiera, Álvaro. Y no soy una amenaza que puedas ignorar. Voy a ser madre.

El aire pareció congelarse, y el silencio que siguió fue tan pesado que Sofía podía escuchar su propio corazón galopando.

—¿Qué... qué quieres decir con eso? —arrancó Sofía, incapaz de controlar la sacudida en su voz—. ¿Estás... embarazada?

Viviana asintió, lenta, como si cada palabra fuera un puñal.

—Sí. Y el padre, Álvaro... eres tú.

La habitación pareció tambalearse. Los ojos de Álvaro buscaron los de Viviana, incrédulos, una mezcla terrible de furia, sorpresa y confusión que se apoderaba de cada músculo de su rostro.

—Eso es imposible —replicó, como intentando sacudir una pesadilla—. No puede ser.

Pero Viviana no se inmutó. Al contrario, su expresión se endureció, y en sus venas ardía un fuego frío.

—Puedes negarlo. Puedes gritar que es una mentira. Pero lo único que tengo que probar está en este informe médico —levantó un papel que Sofía no había visto—. Y no solo eso. Estoy aquí para reclamar aquello que te corresponde. Este matrimonio... es solo el principio.

Sofía sintió que la sangre le hervía al escuchar eso. Un golpe directo a la base de todo lo que había intentado salvar, de la frágil verdad que había construido con Álvaro. La miesma que no solo frenaba su carrera sino que amenazaba con destrozar la confianza que, a pesar de todo, empezaba a nacer entre ellos.

—¿Y qué quieres exactamente? —inquirió Álvaro, con la voz quebrada por un esfuerzo colosal para mantener la compostura—. ¿Por qué ahora?

Un destello oscuro cruzó la sonrisa de Viviana.

—Para que sepas que el control verdaderamente está en mis manos, Álvaro. —Se acercó un paso, invadiendo el espacio que él pareciera querer defender—. Y para verte caer como una de las piezas que tú mismo manipulaste. Este imperio que amas es solo un juego para mí.

Sofía dio un paso adelante, impulsada por una mezcla de miedo y rabia que le bombeaba en las venas.

—¡No vas a destruir lo que somos, Viviana! —sus palabras eran un desafío lanzado al viento—. No vas a romper este matrimonio ni la vida que queremos construir.

Viviana ladeó la cabeza, y su sonrisa mordaz se transformó en una amenaza palpable.

—¿Un matrimonio? —repitió con voz afilada—. Este arreglo contractual se evaporará tan rápido como mis planes. Porque esta noticia cambiará todo, y tú lo sabes, Sofía.

El reloj marcaba las tres. Fuera, la ciudad seguía su danza incierta, indiferente a la tormenta que ahora azotaba las vidas de aquellos tres.

Álvaro cerró los ojos un segundo, apretó las mandíbulas hasta hacer crujir la piel, luego los abrió de nuevo, fijos en Viviana, al borde del abismo.

—Si eso es verdad... entonces no habrá contrato que valga. ¿Qué vamos a hacer ahora?

Un silencio se hizo profundo, pesado como una sentencia.

Y fue entonces —en medio del choque de miradas, entre promesas rotas y futuros inciertos— que la puerta, inesperadamente, se volvió a abrir.

La sombra que apareció al otro lado del umbral fue un pronóstico oscuro.

Pero esa—será otra historia.

Por ahora, la revelación había explotado la frágil estructura donde Sofía y Álvaro habían intentado construir algo.

¿Qué impacto tendrá esta noticia en el matrimonio por contrato?

Solo el tiempo y el corazón serían los verdaderos jueces.

—Fin del capítulo 16—