Chapter 14
**Capítulo 14 Una propuesta arriesgada**
La puerta se cerró tras ella con un clic seco. El silencio en la habitación se espesó, denso como la neblina que atrapaba la noche en la ciudad. Sofía quedó paralizada, con la mirada fija en el manillar que aún vibraba por el roce de sus dedos. Un escalofrío reptó desde la nuca hasta la punta de sus dedos, dejando un rastro helado que hacía temblar su piel.
Adentro, el aire olía a cuero y a café amargo, el aroma solía confortarla. Pero ahora ese olor se mezclaba con el sabor metálico que subía de su garganta, un indicio claro de que la tormenta apenas comenzaba.
—¡Sofía! —una voz ronca la arrancó del sopor—. ¿Estás bien?
Era Samuel, su asistente, con el ceño fruncido y las manos temblorosas entrelazadas frente a él.
Ella sólo podía asentir en silencio, sintiendo cómo le aumentaba el ritmo cardíaco como tambores de guerra en su pecho.
—Recibí un mensaje —dijo él, dejando caer un sobre grueso sobre la mesa—. Es de alguien que dice tener algo para ti, algo que podría salvar tu carrera.
Los ojos de Sofía se abrieron como platos. Su carrera... ¿lo que había estado buscando durante meses, esquivando obstáculos, rumores y cuchillos?
El sobre parecía más una promesa que un riesgo, pero también una amenaza disfrazada.
Sacó la carta con dedos temblorosos, la luz tenue del salón deslizándose sobre las letras escritas a mano, elegantes pero urgentes.
—¿Quién?
—No dice su nombre. Solo: “Una oportunidad si estás dispuesta a apostar tu futuro sin miedo”.
Las palabras se clavaron en su mente, como la punta de un bisturí incisivo.
Sofía se apartó del escritorio, el piso frío atrapando sus pies descalzos.
Recordó a Álvaro, cruzando en la distancia esa mirada de hielo en el último encuentro; Viviana, acechando entre las sombras, implacable y despiadada, como un depredador al acecho.
¿Un futuro sin miedo? ¿Había sido alguna vez valiente? O solo una actriz vestida en falsedad para un rol sin salida.
—¿Y si es una trampa? —susurró Sofía, firmemente.
Samuel encendió la lámpara de escritorio, haciendo danzar sombras alrededor como fantasmas inquietos.
—Podría ser. Pero también podría ser lo que necesitas para romper este contrato… para salir de ese matrimonio de conveniencia. Para ser libre.
La idea explotó en ella con fuerza eléctrica.
Romper el contrato. ¿Era eso lo que quería en verdad?
Porque la libertad siempre venía con cadenas invisibles, y, a veces, tan solo era otra forma de perderse.
Un golpe seco la hizo saltar.
Era su teléfono vibrando contra el aparador. Una llamada entrante sin identificación.
—¿Quién será? —masculló Sofía, mientras el eco de su propia incertidumbre le producía vértigo.
No contestó. Con manos firmes deslizó el dedo a través de la pantalla para rechazar la llamada.
—No puedo jugar a tu juego, Samuel —respiró—. Necesito saber todo. ¿Quién me propone esto? ¿En qué condiciones? ¿Y por qué ahora?
Él bajó la mirada. La sombra de un secreto como una grieta que amenazaba con desmoronar lo que quedaba.
—Dice que es alguien que valora tu talento, su nombre está en la segunda hoja. Solo tendrás que leerla.
La segunda hoja ocurrió rápidamente, como una confesión escurridiza en la penumbra.
“Producto: una línea exclusiva para la Semana de la Moda. Recursos ilimitados. Condiciones: confidencialidad absoluta. Su libertad…” seguido de un nombre que heló la sangre de Sofía: Diego Navarro.
Diego, el hombre que había sido legendario en el mundo del diseño antes de desaparecer en rumores y tragedias personales.
El mismo que había salido de la penumbra para ahora ofrecerle un camino inesperado.
—¿Diego Navarro? —musitó, sintiendo que ese nombre vibraba bajo su piel, como una llama antigua que nunca se apagó—. ¿Por qué él?
Samuel la miró, y en sus ojos entendió lo que no decía:
—Porque Diego está en guerra con los Cárdenas. Quiere derribar el imperio. Quiere que tus diseños sean su arma.
Un arma contra Álvaro. Contra Viviana. Contra todo.
Sofía apretó la carta hasta arrugar los bordes. Sus pensamientos giraban vertiginosos, cayendo en remolinos imposibles.
Podía sumergirse en esa propuesta; nadar contra corriente y arriesgarlo todo, incluido su propio matrimonio—el último refugio, aunque fuese un contrato.
La promesa de libertad siempre parecía más dulce cuando dolía el presente.
Un suspiro escapó, seco, roto apenas por la crujiente hoja entre sus dedos.
—Esto cambiaría todo —dijo en voz baja—. Pero también… podría ser mi última jugada. O la que me destruya.
Un golpe sordo en la ventana la hizo girar.
Las luces de la ciudad se reflejaban en el vidrio. Y detrás, una sombra apenas visible que la observaba sin parpadear.
¿Era la invitación a su renacer... o a su caída?
La respuesta ardía en su pecho como un fósforo encendido esperando el viento.
Un grito ahogado se quedó suspendido en sus labios.
¿Aceptaría nadar contra corriente y arriesgarlo todo por su futuro?