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Chapter 13

La verdad oculta de Álvaro

Capítulo 13 La verdad oculta de Álvaro

El silencio se volvió una presencia palpable en la habitación cuando Sofía soltó por fin el pendrive. Sus dedos temblaban, un leve estremecimiento que intentó ocultar tras un rápido apretón en el puño. Afuera, la ciudad seguía con su murmullo eterno, indiferente a la tormenta que se gestaba entre esas cuatro paredes.

Álvaro permanecía inmóvil, su mirada fija en ella como buscando leer algo más que la simple acción de soltar un objeto.

—¿Lo viste? —su voz apareció, baja, áspera—. Sabes lo que contiene.

Sofía levantó la vista, encontrándose con una sombra que casi parecía morderle el alma. Algo en él había cambiado en esas horas. Una mezcla de guerra interna y resignación que aún no conseguía descifrar.

—Es... más de lo que imaginaba —respondió, en un susurro—. No sólo pruebas de negocios turbios. Hay algo personal, oscuro.

Álvaro dio un paso hacia adelante. El aroma intenso a madera pulida y tabaco que siempre lo rodeaba parecía ahora una cortina densa, casi opresiva.

—Ese pasado... —dijo con dificultad—. No quiero que afecte lo que estamos construyendo.

Pero Sofía sabía que ya había afectado todo. Lo había sentido en sus encuentros, en su mirada esquiva, en las noches que Álvaro se perdía en pensamientos sin consuelo.

—Tienes que contarme la verdad —exigió, su voz firme a pesar del tumulto interno—. Lo que sea que te persigue, tiene que salir a la luz si queremos salir adelante.

Un silencio quebrado por el susurro de la lluvia comenzó a sellar aquel pacto no dicho. Entonces él habló, con palabras que parecían rasgar el aire.

—Hace años, antes de que esto fuera un imperio, cometí errores… gravísimos. Aquel accidente no fue casualidad, y la sombra de mi socio desaparecido pesa sobre cada decisión que tomo.

Sofía frunció el ceño, intentando absorber aquella confesión que abría un abismo entre ellos.

—¿Quieres decir que alguien lo eliminó? ¿Y tú estuviste involucrado?

Él apartó la mirada, la silueta recortada contra la ventana donde los relámpagos dibujaban destellos violáceos.

—Esa noche marcó el fin de mi inocencia. Perdí aliados, pero también un pedazo de mí mismo —su tono se quebró por primera vez—. Si esto sale a la luz, no sólo manchará mi nombre, destruirá todo por lo que he luchado.

El rostro de Sofía se endureció, comprendiendo que el hombre que tenía frente a ella no era solo el frío empresario que fingía ser. Era un hombre prisionero de sus propios fantasmas, de secretos que podían hacer tambalear su mundo.

Pero no podía permitirse dudar ahora. Su propia supervivencia dependía de ese equilibrio precario.

De repente, un mensaje vibró en su teléfono. Un nombre desconocido, pero con un instante de urgencia que hizo que el corazón de Sofía se acelerara.

Sin mediar palabra, Álvaro miró la pantalla antes que ella y su mandíbula se tensó.

—No estamos solos en esta pelea —murmuró—. Pero alguien muy cercano a nosotros ha decidido apostar a romperlo todo.

Sofía sintió que la presión en el pecho aumentaba, como si una mano invisible comenzara a apretarle las costillas.

Antes de que pudiera pedir detalles, el timbre de la puerta retumbó como un disparo en silencio.

Dos golpes secos.

Alguien estaba ahí, al borde de hacer estallar la mentira perfecta en la que se aferraban.

Y en ese instante, una certeza helada la atravesó:

La batalla apenas comenzaba y la traición se escondía en el lugar que menos imaginaban.

Sofía y Álvaro intercambiaron una mirada cargada de urgencia y miedo.

Ninguno se había preparado para lo que estaba a punto de entrar.

—¿Quién diablos puede ser a estas horas? —preguntó ella, la voz baja, mientras caminaba hacia la puerta fingiendo calma.

Pero el eco de la amenaza resonaba en su mente con una fuerza que no les permitiría escapar.

Afuera, la lluvia amenazaba con borrar cualquier rastro de ellos... pero la verdad esperaba, implacable.

El corazón de Sofía martillaba. Una figura esperaba del otro lado. Y con ella, el riesgo de perderlo todo.

El párpado se levantó apenas y una sonrisa torcida apareció en aquel oscuro universo donde la confianza se desangraba.

Porque a veces, para salvarse, había que despojarse de todo... incluso del amor.

Los dedos rozaron la manija. El aire se volvió espeso. Sofía inspiró profundo.

La puerta se abrió.

Y la sombra de la traición se coló con ella.