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Chapter 10

Un pacto para sobrevivir

Capítulo 10: Un pacto para sobrevivir

El eco del estruendo digital reverberó en la sala, una alarma implacable que rompía la frágil quietud entre ellos. Los ojos de Sofía y Álvaro, iluminados por el parpadeo incesante de la pantalla, eran dos faros de alerta en una tormenta que no podían controlar.

Un silencio denso cayó, pesado, más tangible que cualquier ruido.

—Viviana no se detendrá —murmuró Sofía, su voz apenas un suspiro cortado por la tensión—. Está atacando cada uno de nuestros frentes; la prensa, las redes, hasta los negocios que creíamos seguros.

Álvaro la miró, sus labios apretados en una línea dura. La oficina, que minutos antes parecía un santuario de orden y poder, ahora se sentía invadida por sombras amenazantes, como si la misma ciudad conspirara contra ellos.

—Tenemos que contraatacar —dijo con firmeza, dejando caer una carpeta con documentos que parecía contener estrategias ya dibujadas en su mente.

Sofía aspiró hondo, sintiendo cómo sus dedos temblaban apenas, incapaces de ocultar el nerviosismo. El vértigo de estar al borde del abismo podía paralizarla, pero también la impulsaba a actuar.

—No podemos hacerlo separados —su voz se apoderó del aire—. Si unimos fuerzas, aunque sea solo por conveniencia, podríamos sobrevivir a esta tormenta.

Álvaro arqueó una ceja, una sombra de escepticismo cruzando su rostro. Pero allí, en el brillo fiero de sus ojos, Sofía detectó una chispa de algo inesperado: la aceptación.

—Un pacto, entonces —replicó, extendiendo la mano—. Pero no un matrimonio falso esta vez. Una alianza con reglas claras.

Sofía tomó su mano, y el contacto fue un choque eléctrico, un roce cargado de significado. No se trataba sólo de salvar un imperio o limpiar nombres; era la frontera difusa entre la desconfianza y algo que se colaba, impertinente, en sus venas.

En ese instante, las paredes alrededor parecieron derretirse, dejando al descubierto cada miedo, cada deseo oculto bajo la capa de conveniencia.

—¿Y después? —preguntó ella, quebrando la tensión—. ¿Qué hacemos cuando todo esto termine?

Álvaro la miró con una seriedad desconcertante, pero en sus ojos se reflejaba la misma pregunta que Sofía se negaba a formular en voz alta.

—Entonces seremos los únicos responsables de lo que queda... y de lo que elijamos construir de verdad.

Una ráfaga de frío recorrió su espalda. La habitación, llena de documentos, estrategias, y pantallas luminosas, ahora era el campo de batalla de verdades silenciadas.

El roce de sus manos no cesó. Ni los planes, ni las amenazas, ni la ciudad implacable parecían tan presentes como ese pulso compartido que despertaba en medio de la tormenta.

Sofía quiso apartar la mirada pero no pudo. La voz de Álvaro, densa y urgente, llenó el espacio:

—No es sólo un pacto para sobrevivir. Es el comienzo de algo que ninguno de los dos esperaba.

Las voces frenéticas del mundo exterior se colaban por la ventana, la noche había caído por completo, pero dentro de esa oficina, el tiempo se detuvo, atrapado entre la estrategia y un impulso mucho más peligroso.

Un instante. Un latido.

El contrato que los unió se desdibujaba, arrastrado por un pulso más fuerte que las palabras legales.

Entonces, un suave golpe en la puerta rompió el hechizo…

El aire se cortó. Sofía y Álvaro levantaron la mirada al unísono, conscientes de que lo que entraba iba a cambiarlo todo, para siempre.