Chapter 5
Capítulo 5 — Amigos o Enemigos
El eco del golpe en la puerta aún vibraba en el aire denso de la mansión cuando Amelia quedó rígida, el pergamino suspendido entre sus dedos como un fragmento de un mundo que se desmoronaba. El silencio no era más que un pulso tenso, una espera que se extendía como una sombra hambrienta.
Sus ojos buscaron en la penumbra, donde la luz tenue de las lámparas revelaba siluetas alargadas y paredes decoradas con cuadros opulentos. Por entre las sombras, el reloj antiguo de la chimenea dio las doce campanadas, cada una como un latido que la hacía más consciente de la soledad en la casa.
—¿Quién... podría ser a esta hora? —murmuró, su voz un suspiro que parecía quebrarse.
No sonó respuesta, solo el sutil crujido de unas gotas de sudor deslizándose por su sien. Su corazón, rebelde, comenzó a martillar contra su pecho, marcando un ritmo difícil de escuchar entre la tensión.
Desde el pasillo llegó el eco de pasos apresurados. Una figura apareció, y Amelia reconoció la silueta conocida: Julián.
—Amelia —dijo con voz baja, cargada de una urgencia que no había mostrado antes—. No abras. No sé quién está ahí, pero no pinta bien.
Ella vaciló, el pergamino olvidado en un rincón de su mente. Julián avanzó, su semblante se ensombreció y sus ojos no se apartaban de la puerta.
—¿Por qué llegas tan tarde? —preguntó Amelia, apuntando con cada palabra a una pregunta que quemaba en su boca.
—He estado investigando... cosas que no te he contado —respondió él, girándose para mirar a Amelia con una mezcla de frustración y miedo—. No es seguro aquí.
La atmósfera se volvió eléctrica, cada palabra tallaba un nuevo abismo entre ellos. Amelia sintió cómo una duda la atravesaba, su intuición angustiada se prendía como una llama imposible de apagar.
Julián caminó hacia la ventana, apartando una cortina y dejando caer la luz del farol de la calle sobre su rostro. Sus pupilas estaban oscuras, demasiado profundas. Era la misma persona; sin embargo, algo en su expresión no encajaba, como una grieta invisible que se había abierto sin que ella la viera.
—¿Por qué me ocultas esto? —su voz tembló, no solo por la incertidumbre, sino porque ya no sabía si estaba leyendo un amigo o a un desconocido.
—Estoy tratando de protegerte —susurró él, pero ella notó la tenue sombra que tuvo al decirlo, un parpadeo que ella reconocía de la mentira—. Pero hay cosas que podrían destruirte toda tu vida.
Un silencio incómodo cayó entre ellos, pesado, como si la casa misma contuviera la respiración.
Amelia retrocedió un paso, el frío del mármol le subía por las piernas. De repente, su teléfono vibró en su bolsillo. Lo sacó con manos temblorosas.
La pantalla mostraba un número desconocido. Titubeó, la presión en el pecho subió hasta un umbral insoportable.
—Es para ti —dijo Julián, anticipando su miedo sin despegar los ojos de ella.
Ella aceptó la llamada, deslizando el dedo para contestar.
—¿Amelia? —una voz distorsionada, ruda, la invitó a una distancia invisible, definitiva.
El latido de su corazón aceleró. De pronto, todas sus certezas comenzaron a desmoronarse.
Julián cruzó los brazos, pero no apartó la mirada. Aquel amigo, su confidente desde siempre, ahora parecía otra persona, un enigma al borde de romperse.
En la línea, la voz continuó, fría como el acero:
—¿Quieres saber con quién realmente estás jugando?
Amelia tragó saliva, un temblor recorrió sus piernas y un miedo voraz se instaló en su garganta.
Su amigo, su mejor amigo... ¿era un aliado o el mayor enemigo de todos?
La llamada se cortó dejando un silencio más aterrador que cualquier palabra.
Un golpe seco en la ventana los sobresaltó a los dos.
La verdad estaba a punto de estallar, pero ¿cuál sería el precio de descubrirla?
Fin Capítulo 5 — Amigos o Enemigos