Chapter 15
Capítulo 15: Las Cámaras de Seguridad
El silencio se vertió en la sala con un peso casi palpable. Amelia apretó la mandíbula mientras sus ojos recorrían el ventanal que daba al oscuro jardín iluminado por la pálida luz de la luna.
Marco, frunciendo el ceño, agitó la cabeza lentamente. —No hay nadie ahí fuera.
Pero ella sintió la punzada aguda de la duda clavándose en su pecho. Respiró hondo, el aire enrarecido y frío quemándole la garganta, y decidió no perder ni un segundo más.
Sin mediar palabra, volvió a la sala de vigilancia, ese santuario clandestino donde las cámaras escondidas habían registrado cada suspiro y susurro de la mansión desde hacía semanas. Marco la siguió, con pasos firmes pero cautelosos.
Amelia pulsó el interruptor con la palma sudorosa. La habitación, iluminada solo por la luz azulada de los monitores, cobró vida inmediata. Cientos de pequeñas imágenes titilaban, cada una un instante congelado.
Se sentó frente a la pantalla principal.
—Tenemos que encontrar algo, cualquier cosa —murmuró, sin poder borrar el temblor en su voz.
Usó el mando para avanzar meticulosamente hora por hora, hasta aterrizar en la fatídica noche del asesinato. La tensión se le enredó en la garganta, y su corazón empezó a golpear con fuerza hipnótica: un tambor sordo, invitación y amenaza.
Las sombras de la mansión se sucedían en las pantallas. La cámara del pasillo principal mostraba las luces tenues y los movimientos de las figuras preparándose para la fiesta que nunca terminó.
A medida que avanzaba el metraje, algo apareció.
Un movimiento inesperado entre la penumbra.
Amelia contuvo la respiración.
—Mira —susurró, señalando el monitor.
Una figura se deslizó, encorvada y silenciosa, casi un fantasma entre las columnas. No llevaba ningún distintivo visible, la cara oculta por una capucha negra que caía como un manto.
Marco frunció el ceño, acercándose. —No parece nadie que reconozcamos... y es muy raro que alguien entrara sin permiso esa noche.
Amelia pausó la grabación con dedos temblorosos. Su mirada se fijó en un instante concreto: el perfil de la mano, el brillo metálico que rozó la manga, y ese detalle... la diminuta pulsera que asomaba, cubierta apenas por la tela oscura.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Ese no es...? —Vaciló, pero algo profundo dentro suyo gritaba la verdad.
Marco apretó los labios, su mirada mezclaba sorpresa, incredulidad y un temor creciente.
El rostro seguía oculto, pero la pulsera no era un accesorio cualquiera. Era el símbolo silencioso de alguien dentro de ese círculo cerrado, alguien que creían fuera de sospecha.
El pulso de Amelia se aceleró desbocado. Su mente parecía correr en círculos.
—Si es quien creo que es —susurró perdiéndose en una mezcla de miedo y determinación—, todo esto cambia para siempre.
El monitor parpadeó, mostrando por un instante un reflejo inesperado en un cristal cercano.
La figura levantó la mano, como a punto de tocar algo.
Y entonces, justo en ese instante, un susurro se coló por los altavoces. Un murmullo bajo, cargado de intención oculta.
Amelia apagó el volumen de golpe.
Marco exhaló con dureza, sin apartar la vista de la pantalla.
Pero Amelia jamás apartó sus ojos del rostro velado que empezaba a definirse en la penumbra.
Un ruido seco resonó desde detrás de ellos, como el crujir de una puerta cerrándose de golpe.
Ambos se giraron al unísono, presintiendo que ese detalle que Amelia había visto cambiaría para siempre la naturaleza de la batalla que apenas comenzaba.
La pantalla titiló una última vez.
Y allí, en la oscuridad de la imagen, la figura levantó la mano.
Un anillo dorado giró en el dedo.
Era imposible ignorarlo.
—Ignacio —musitó Amelia, incapaz de apartar la mirada.
Marco se acercó con rapidez, pero un golpe seco en la puerta los detuvo en seco.
Una voz, susurrante pero firme, penetró la habitación mientras una sombra se proyectaba bajo el pomo giratorio.
—No deberían estar viendo eso ahora.
El clímax de la revelación colgaba en el aire como una cuchilla.
El secreto de esa pulsera, el anillo dorado y la identidad oculta en la noche comenzaban a desencadenar una tormenta que podría devorarlos a todos.
Y afuera, la mansión parecía contener la respiración una vez más, mientras la puerta lentamente se abría.
Fin del Capítulo 15