Chapter 11
Capítulo 11: Una Nota Críptica
El eco de los pasos se desvaneció tan rápido como había llegado, dejando atrás un silencio que parecía más pesado, casi sufocante. Amelia permaneció inmóvil, con el corazón martillando en su pecho como si quisiera romper sus costillas. El aliento se escapaba en bocanadas cortas, entrecortadas, y sus manos temblaban tanto que le costaba mantener la linterna firme.
Con la vista aún clavada en la penumbra del sótano, dio un paso atrás, apoyando la espalda contra la fría pared de piedra. La humedad impregnaba el aire en un olor agrio, mezclado con el rancio aroma a madera podrida y ropa olvidada. Cada fibra de su cuerpo vibraba en alerta, como un animal acorralado esperando un nuevo ataque.
Un escalofrío le recorrió la nuca, y, sin querer volverse, sintió la presión invisible de ojos invisibles acechando desde la oscuridad. Pero no había nadie. Solo ella y el eco roto de sus propios pensamientos.
Recogió su linterna con manos agora más firmes y bajó cuidadosamente por los escalones que chirriaban bajo su peso. No había rastro de Ignacio, pero la certeza de que no podía fiarse de nadie la apretaba en un nudo frío.
Al llegar al fondo del sótano, sus dedos rozaron una caja vieja cubierta de polvo y telarañas, escondida entre los rincones donde nada parecía haber sido tocado durante años. El corazón se le aceleró.
—¿Qué secretos guardas? —murmuró para sí, mientras levantaba la tapa con cuidado.
Dentro, entre viejas fotografías y documentos amarillentos, encontró algo que le heló la sangre.
Un sobre pequeño, cerrado, intacto, con una caligrafía familiar que había visto en incontables cartas del patriarca.
Amelia no dudó ni un segundo. Lo tomó con delicadeza y rompió el sello.
Dentro, un papel doblado. La tinta era negra, precisa, como si alguien hubiera escrito cada palabra cargando un peso invisible.
Sus ojos recorrieron cada línea con una mezcla de incredulidad y terror. No era un simple mensaje. Era un mensaje cifrado. Palabras enigmáticas, referencias a fechas, nombres y números enigmáticos mezclados con emotivas frases que hablaban de traiciones, de lealtad rota, y de un peligro que se cernía sobre la familia De la Vega.
Pero fue la última línea la que hizo que el pulso le explotara en las venas:
"Amelia, si llegas a leer esto, evita a quien dice protegerte, porque la amenaza eres tú."
El papel tembló en sus manos. ¿Era una advertencia o una maldición?
Un golpe seco sacudió la puerta del sótano. La linterna tambaleó y la luz parpadeó. Se giró de golpe, el alma encogida.
Nada.
Pero ahora sabía que su lucha solo acababa de comenzar, porque el mismísimo patriarca, desde la muerte, la estaba señalando con un dedo acusador.
Y alguien más estaba acechando en la oscuridad, esperando su próximo movimiento.
Amelia apretó la nota contra su pecho, la respiración contenida, mientras una sola palabra retumbaba en su mente: traición.
Un silencio siniestro les envolvía a todos.
Fin del Capítulo 11