Chapter 6
Capítulo 6 Alianzas Frágiles, Enemigos Mortales
La oscuridad se pegaba a las paredes como una guerra fría, y Eloy aún sentía el eco del estrépito resonando en sus oídos, como un tambor de advertencia. La puerta cerrada delante de él era un muro más fuerte que el acero, un límite invisible entre el pasado que lo había traicionado y ese presente carnoso y débil. Su aliento se hacía corto, el pulso le martillaba en las sienes.
Todo giraba con la velocidad de lo inesperado: la aparición, esa mirada encubierta que abandonó la sala con un silencio pesando toneladas. ¿Quién había estado allí? ¿Amigo? ¿Traidor?
Pero no había tiempo para dudas largas. En el susurro del corredor, un paso apagado se acercó, deslizándose con un ritmo medido, deliberado. Eloy se volvió abruptamente, cuerpo en tensión, ojos buscando armas invisibles.
—No temas —una voz suave, como terciopelo envenenado—. No soy enemigo.
Él frunció el ceño, reconocimiento asomando entre la incertidumbre.
—Sabía que me aceptarías —continuó la voz—. Has sentido su poder, ese látigo invisible que marca cada una de tus decisiones.
De la penumbra surgió una figura delgada, envuelta en una capa de tonos oscuros que parecía absorber la luz. Era un hombre, pero sus ojos brillaban con un fulgor extraño, hierro templado en su mirada.
—Soy Thorn —dijo con solemnidad—. Y aunque no confíes, te propongo algo que no puedes rechazar.
Eloy mantuvo las manos a la vista, sin bajar la guardia, cada músculo listo.
—Habla.
Thorn dio un paso y desplegó un pequeño pergamino que parecía vibrar con una energía interna.
—Una alianza. Un contingente de magos que han sobrevivido a la purga de Lord Ahron. No somos héroes, ni santos. Algunos comercian con sombras, otros manipulan lo prohibido. Pero juntos, tenemos una oportunidad.
Eloy apretó la mandíbula. Los magos dudosos... solo ese nombre despertaba toda clase de alarmas. La traición y la ambición eran moneda corriente en ese mundo fragmentado. Pero también era cierto que sin ellos, no avanzaría. Sin un ejército para luchar contra Ahron, nada más que la muerte le aguardaba.
—¿Por qué debería confiar? —la pregunta quemaba, dejando salir años de desconfianza guardada.
—Porque tú tienes algo que ellos quieren entender. El Renacimiento. Y ellos tienen los medios para que el poder no te destruya a ti primero.
Un sonido metálico los interrumpió: pasos que ahora se multiplicaban, voces susurrantes. El pasillo comenzaba a cobrar vida, como si el edificio mismo murmurara secretos.
Thorn alzó la mano, y el pergamino se enrolló solo, desvaneciéndose en humo tenue.
—Ellos ya están aquí.
De detrás de una esquina, surgieron tres figuras.
La primera, una mujer con cabello blanco como la luna, ojos esmeralda y cicatrices que narraban una vida de batallas sin tregua. Su sonrisa contenía tanto peligro como promesa.
—Me llaman Sira —susurró—. Soy quien compra y vende el conocimiento olvidado.
El aire pareció congelarse un instante, mientras Sira miraba a Eloy con una mezcla de análisis y desafío.
El segundo era un hombre corpulento, barba trenzada, tattoos de runas que se encendían fugazmente con cada respiración.
—Soy Drek —gruñó—. Señores y reyes dudan cuando me tienen enfrente. Pero si me necesitas para romper huesos y maldecir almas, aquí estoy.
Por último, un joven de ojos felinos y sonrisa irónica, vestido con túnicas que reflejaban el cielo estrellado, casi ilusorias. Su aura era la de quien se sabe invencible en un mundo donde nada está garantizado.
—Lucho con engaños y suerte, y el nombre es Varyn. Y creo que nos serás un problema. De hecho, tenemos más en común de lo que imaginas.
Eloy los observaba, como si viera a espectros que emergían de la nada para jugar un juego mortal.
—¿Cuántos de ustedes quieren mi muerte? —la voz cortante escapó de sus labios como un filo.
Los magos intercambiaron miradas rápidas. Entonces Sira dio un paso adelante, los ojos clavados en él, sin miedo.
—¿Quién no? —su sonrisa le robó parte de la confianza pero añadió un toque electrizante—. Pero por ahora, vamos a necesitarnos.
La tensión escaló, invisible, pero densa como una tormenta a punto de estallar.
—¿Dónde estará Ahron cuando menos lo espere? —interrogó Varyn, ladeando la cabeza.
—Esperando su oportunidad de aplastar la resistencia —respondió Thorn—. Pero no debe saber que nos hemos unido.
Era una verdad que Danzaba en el aire como un veneno contenido: si uno de ellos era una sombra, una traición, todo podría venirse abajo.
Un ruido sutil llamó la atención de Eloy. Un leve roce, un movimiento casi imperceptible en los pliegues de una túnica.
Sus ojos se entrecerraron, el instinto despertando.
Era imposible confiar en todos.
El silencio se sentía demasiado pesado, cargado de presagios.
—Entonces, —dijo Eloy, alzando el mentón—, ¿cuándo empezamos?
Antes de que cualquiera respondiera, un escalofrío recorrió su espalda. Una duda persistente —como una sombra sin forma— le rozaba el pensamiento.
Porque en ese círculo de poderes, entre alianzas así de frágiles, había alguien que no buscaba salvarse. Alguien dispuesto a hundirlo para salvarse a sí mismo.
¿Quién?
Y mientras la noche se cerraba tras ellos, esa pregunta se clavaba más letal que cualquier daga.
El juego de sombras continuaba.
—¿Quién es la sombra que planea traicionarnos? —pensó Eloy, sin atreverse a pronunciarlo.
Porque en ese instante, el enemigo estaba adentro.
Fin del capítulo 6.