NoveliqaRenacido en Sombras: El Poder Prohibido de la Reencarnación / El Precio de una Memoria Robada :0%
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Chapter 2

El Precio de una Memoria Robada

Capítulo 2: El Precio de una Memoria Robada

El eco del golpe resonaba todavía en sus oídos, un sonido áspero que parecía arañar la pared del tiempo mismo. Eloy se quedó rígido, su pecho encajado en un torbellino de aire que no lograba respirar. La penumbra a su alrededor se espesaba como un manto de ceniza, ahogando la habitación con una quietud que mordía sus sentidos.

Un sudor frío le perlaba la nuca. En la palma de su mano, el relámpago ardiente de un poder incandescente se encendía, tentador y terrible.

—Esto... —murmuró con la garganta comprimida— ¿esto es posible?

Sus ojos, aún nublados, parecían diluirse en la penumbra, buscando respuestas en el vacío. Un palpitar extraño comenzó a arremolinarse en su mente, un murmullo ancestral que ningún lenguaje podía nombrar.

Había tocado algo oculto, lo supo al instante.

Con un estremecimiento casi imperceptible, extendió los dedos temblorosos y susurró una invocación apenas vibrante, consciente de que cada palabra podía tenderle una trampa invisible.

Las sombras se arremolinaron, susurrando secretos olvidados que tal vez no debía oír.

Y fue entonces que sintió la primera memoria. No suya. No siquiera un fragmento del tiempo que había vivido, sino un momento arrancado de otra existencia, enterrado en el abismo del olvido.

—No puede ser —jadeó, sintiendo cómo la visión lo arrasaba—. ¿De quién es esto?

El mundo a su alrededor se disolvió en un torbellino de imágenes fragmentadas.

Un campo de batalla cubierto por la sangre fresca de héroes caídos. El olor punzante de la tierra revuelta entre la maleza. El choque metálico de espadas y el grito desgarrador de una mujer a punto de caer.

Y en medio de todo, un hombre alto, con ojos que ardían con furia y desesperación, que alzó un puño al cielo en un acto de desafío y condena.

Una voz apagada reverberó desde lo profundo de su ser, como un eco ancestral:

“Ellos siempre olvidan... pero yo recordaré por todos.”

Eloy se desplomó sobre el suelo de piedra. Un dolor viscoso y paralizante se extendía desde el centro su pecho, como si alguien le estuviera estrujando el alma con dedos invisibles.

La memoria le había arrancado algo. Algo primordial.

Sintió cómo un fragmento íntimo, desconocido y terrible, se esfumaba de su esencia.

—¿Qué me estás haciendo? —susurró con voz rota.

Se aferró a un borde de la mesa, sus uñas hundiéndose en la madera mientras la cabeza le daba vueltas. La habitación se inclinaba, giraba como un torbellino cruel, y en el aire flotaba un aroma a humedad mezclado con los recuerdos de cenizas y flores marchitas.

No podía apartar la mirada de su mano.

Sobre la piel brillaba una marca, una sombra malevolente que parecía palpitar con vida propia.

Una cicatriz invisible, tatuada en su interior.

El don que ahora portaba no era un regalo: era un precio.

Y daría una parte de sí a cambio.

—No es solo memoria lo que tomas —dijo una voz interior, fría y cortante, como una daga afilada—. También tu esencia se drena en cada imagen que absorbes.

La angustia lo mordía con dedos de hielo.

Una pregunta aterradora surgió en su mente, oscuramente férrea:

¿qué parte de mi alma estoy sacrificando con este don?

El aire de la estancia se volvió denso, pesado, irrespirable, mientras un suspiro ahogado parecía desprenderse de las sombras.

Eloy alzó la vista, encontrando los ojos vacíos del reflejo en el espejo roto.

Un hombre yacía frente a sí, marcado por el sufrimiento y la determinación.

Un renacido que no sabía aún si el precio que pagaría levantaría su alma o la consumiría por completo.

Y entonces, un ruido leve. Como un roce, una presencia detrás de la puerta.

Su corazón, errático, se aceleró de golpe.

Con la mano temblorosa, Eloy se acercó y colocó el oído.

Silencio.

Pero la sensación de que algo o alguien estaba al acecho quedó grabada en su piel.

Un miedo antiguo, de aquellos que dicen más sin palabras.

Sacudió la cabeza, intentando disipar la duda, pero la cicatriz luminosa en su mano emitía ahora un leve fulgor tenue pero persistente, como una semilla oscura germinando bajo su piel.

El don prohibido ya no era solo un secreto.

Era una deuda que algún día tendría que pagar.

Y la sombra de Lord Ahron Veskel parecía extenderse más cerca de lo que imaginaba.

Eloy respiró hondo, sabiendo que cada recuerdo absorbido sería una herida invisible.

Un sacrificio lento, inevitable.

Mientras la noche se cernía en giros murmullantes afuera, él permaneció allí, sosteniendo en su alma un volcán a punto de estallar.

Pero lo peor aún estaba por llegar.

Porque en algún recoveco del tiempo, una voz reclamaba lo que le pertenecía.

Y una cabeza fría con ojos de tormenta se disponía a cazarlos a todos.

Eloy limpió la sangre reseca de su labio con el dorso de la mano, sin poder apartar la mirada de la marca que ahora le ardía bajo la piel.

No sabía qué perdería la próxima vez.

Pero intuía oscuro, profundo, que sería mucho más que un simple recuerdo.

Y en ese instante, el poder prohibido lo convirtió en prisionero de su propio destino.

Un prisionero en las sombras.

El silencio se quebró entonces por un golpe seco.

Un tamborileo insistente en la puerta.

Eloy alzó la cabeza, el alma encogida.

¿Quién estaba al otro lado?

Y sobre todo,

¿qué parte de él había quedado ya irremediablemente robada, marcada, perdida para siempre?

La respuesta se escondía en el eco de aquel golpe que retumbó, callado y grave, como una sentencia.

El poder tenía precio.

Y Eloy estaba por descubrir cuál sería el suyo.

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[Fin del capítulo 2.]