NoveliqaRenacido en Sombras: El Poder Prohibido de la Reencarnación / Fragmentos de Alma en la Penumbra :0%
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Chapter 16

Fragmentos de Alma en la Penumbra

Capítulo 16: Fragmentos de Alma en la Penumbra

El destello del fuego prohibido se extinguió, pero su rastro ardía en la retina de Eloy como una quemadura imposible de curar. El aire parecía haberse tornado más denso, pesado, como si el latido mismo del tiempo contuviera la respiración en la Ciudadela Antigua.

Un frío de acero se agarró a sus entrañas.

Sus dedos temblaron, vibrando con una energía oscura que no reconocía. Algo más había trascendido ese instante, un roce invisible entre su ser y las sombras que lo acechaban desde siempre.

—¿Puedes sentirlo? —la voz de Lord Ahron Veskel, imponente y acariciada por un eco cavernoso, emergió de las sombras refractadas entre los arcos desvencijados.

—No... —Eloy vaciló. El suelo bajo sus pies pareció desaparecer, la realidad osciló como un espejismo. Sus pupilas se dilataron hasta cubrirlo todo y, en ese instante, todo se quebró.

Un torrente de imágenes irrumpió como un alud incontrolable dentro de su mente.

Fragmentos rotos, diseminados en un mar de oscuridad.

No era su alma solamente.

Reconoció voces que no le pertenecían. Voces de otros, vidas que se entrelazaban frenéticas con la suya. Risas distorsionadas, susurros desgarradores, gritos ahogados por el silencio de la muerte.

Y entonces, un rostro. La chispa azul de unos ojos que brillaban con furia contenida, un retrato fragmentado de alguien que él había amado... o quizás, simplemente, había conocido en otra vida.

Eloy cerró los ojos con fuerza, intentando separarse del torbellino. Pero la marea de memorias, de dolores y pesos no suyos, se colaban por cada rincón de su conciencia, arañando su cordura.

—Tu alma..., —murmuró Ahron acercándose con una sonrisa gélida, —es un mosaico maldito. No solo renaciste tú, Eloy. A ti te han cosido fragmentos de otros, porque el poder puro no se concede en absoluto.

Los ojos de Eloy se abrieron de nuevo y ahora vieron con una nitidez insoportable la verdad tatuada en su carne: había en él pedazos de otros, fragmentos que nadie le advirtió que poseía y que clamaban por liberarse.

—¿Quiénes son? —preguntó, la voz quebrada en un hilo.

—Almas infringidas por el tiempo —respondió Ahron—. Presas de destinos sellados y venganzas inconclusas. Pedazos arrancados de sus cuerpos ávidos por volver a la superficie, a través de ti.

—¿Me están consumiendo? —la desesperación arañaba su pecho.

Ahron inclinó la cabeza, fascinado al observar el tormento de Eloy.

—No sólo te consumirán, sino que también te transformarán. Y cuando eso suceda... —la sonrisa se hizo afilada como una hoja—. Ya no será tu voluntad la que mande sobre tu destino.

El dolor pellizcó la piel de Eloy como millones de cuchillas invisibles. Sintió la invasión de esas presencias internas, la succión de su esencia original, el eco de vidas que reclamaban venganza a través de él.

Una voz rugió desde su interior, profunda y cruel, sin origen ni nombre.

No era Eloy quien hablaba.

Era un fragmento, un alma afligida que ansiaba liberación.

—¡No! —gritó con todas sus fuerzas, tambaleándose entre la realidad y el abismo que lo devoraba.

Pero la voz interrumpió con un susurro helado:

—Deja de resistirte… serás más grande que la muerte misma si te fundes con nosotros.

La penumbra que revestía sus pensamientos se volvió más densa.

Un frío negro se adueñó de cada célula.

En su mente, figuras desdibujadas emergieron del humo intangible, tocándolo, como sombras que intentaban deshacer el cuerpo de Eloy.

Él sintió que se deshacía. Que el hombre que había sido se fragmentaba en mil pedazos.

Y ahí, en el borde del abismo, una idea fija agarró su última consciencia:

¿Podrá mantener su humanidad intacta... o se perderá en las sombras?

Un golpe resonó contra la piedra antigua: fuerte, seco, inapelable.

Eloy despertó.

Abrió los ojos para encontrarse con la penumbra húmeda de la Ciudadela que parecía murmurar secretos olvidados. Su mano tembló, apretando una vez más el puño, donde una llama tenue apenas ardía: el último vestigio de su voluntad o el principio de una nueva oscuridad.

El eco del golpe volvió a sonar en la distancia.

¿Quién llamaba a su puerta en una noche donde hasta las estrellas parecían extinguirse?

Y en el silencio helado, una advertencia silenciosa marcó el aire:

Jamás nadie escapa completo de la noche que lleva dentro...

—Eloy… —susurró una voz a su espalda, baja, conocida y terrible—. ¿Estás listo para enfrentar quién eres realmente?

Sin siquiera voltear, pudo sentir cómo su propio nombre se agitaba en el viento como un presagio mortal.

La batalla interna había comenzado mucho antes de que él se diera cuenta, pero esta noche, las piezas caerán en sus lugares.

Y con ellas, la elección que definirá su alma.

¿Quién gana dentro de ti, Eloy? —se preguntó con un hilo de voz que amenazaba con romperse.

Las sombras responden con un silencio ensordecedor.

Y la puerta se entreabre.

[Fin del capítulo 16]