Chapter 15
Capítulo 15 Oscuros Encuentros en la Ciudadela Antigua
El filo de la daga de Eloy cortó el aire con un siseo que parecía cortar también la espesura de la noche. La figura encapuchada cayó hacia atrás, el impacto resonando contra las piedras milenarias. Ni un suspiro escapó de sus labios; sólo el silencio profundo del abandono se atrevió a susurrar entre las ruinas.
Pero la victoria fue efímera. Antes de que Eloy pudiera bajar la guardia, un gruñido rasposo le heló la sangre: detrás de él, otros pasos—pesados, calculados—se acercaban con la seguridad de quienes han cazado por años.
Eloy giró apenas a tiempo para ver a dos hombres emerger de la sombra, rostros endurecidos por cicatrices que contaban historias de sangre y obediencia ciega. En sus manos, relucían espadas tan afiladas como la misma noche.
No eran simples mercenarios. Eran piezas del retorcido ajedrez de Lord Ahron Veskel, enviados para eliminar cualquier amenaza en su camino hacia el dominio absoluto.
—Parece que el renacido está más audaz de lo que imaginábamos —musitó el que llevaba una mano enguantada, mientras sus ojos brillaban con un fuego violento.
—¿Crees que te dejarán vivir para contar la leyenda? —intervino el otro, una sombra oscura que parecía absorber la poca luz que quedaba.
Eloy sintió el nudo en el estómago endurecerse, pero su mano no soltó la daga. La luna, menguante, bañaba las grietas y columnas caídas de la Ciudadela Antigua, un laberinto de piedra cubierta de musgo y secretos olvidados. El tiempo parecía haberse detenido ahí, un lugar donde las reglas del mundo real se deshacían, y sólo sobrevivían los más astutos.
—No he venido a morir —respondió con voz firme, tan afilada como el arma que sostenía—. Vine a hacer preguntas. Y a cobrar respuestas.
Los dos mercenarios rieron, un sonido duro, casi metálico. Pero a Eloy no lo engañó esa risa. Era la advertencia sangrienta de lo que podría venir.
El eco del choque de acero pronto llenó el aire. Las espadas se entrelazaron en un vals mortal, chispas estallando bajo la luna cuando la hoja de Eloy bloqueó un golpe descendente, sintiendo el vibrar del metal chocando contra metal.
Cada movimiento era una conversación callada de intenciones y desesperación. Eloy podía leer la ansiedad bajo la máscara de brutalidad de sus adversarios. Nadie se enfrentaba a él sin preguntarse quién era realmente ese hombre que desafiaba los tiempos.
Un golpe en la pierna hizo que Eloy perdiere el equilibrio momentáneamente, sintiendo la arena suelta deslizarse bajo sus pies. La respiración entrecortada, pero el pensamiento claro. No podía permitirse el lujo de caer aquí, no con el eco de la traición y la magia prohibida pulsando en sus venas.
Con un giro inesperado, Eloy lanzó su daga contra uno de los atacantes. El arma impactó en la palma abierta con un ruido sordo, haciendo que el hombre soltara su espada para atrapar el filo, dándole a Eloy la abertura que necesitaba.
Un barrido rápido de pierna derribó al otro, el estruendo del cuerpo golpeando contra las ruinas abrió un abismo palpable en el ambiente, como si la misma tierra estuviera respirando, atenta al destino que estaba a punto de sellar.
Eloy recuperó la respiración mientras su mirada se posaba en un pedazo de piedra desgastada a su lado. Sobre ella, unos símbolos arcano apenas visibles brillaban tenues, delineados por una energía antigua y olvidada.
Un escalofrío lo recorrió desde la nuca hasta los dedos de las manos. Algo más estaba esperando en esas ruinas. Algo que ni siquiera los hombres de Lord Ahron se atrevían a tocar.
La luna menguante parecía fundirse con el misterio, como si la noche misma conspirara para ocultar verdades que podían romper el frágil equilibrio del mundo.
Un susurro, casi imperceptible, emergió del viento que recorría los pasillos rotos, un lenguaje viejo que derramaba promesas y condenas.
Eloy se agachó, tocando la superficie fría de la piedra que vibraba con un poder contenido, imponente, temible. Su corazón latía con fuerza: allí, en ese sepelio de eras, estaba la clave para desentrañar el entrelazado destino de reencarnación y poder prohibido.
Pero antes de poder examinar más, un ruido detrás de él—un crujido leve de hojas pisadas y pasos que no tenían intención de dialogar—lo hizo girar instantáneamente.
Una figura emergió del oscuro corredor al final de la sala, envuelta en una capa que absorbía la luz, ojos brillando con una inteligencia fría y despiadada.
—¿Creías que lograrías algo aquí, Eloy? —la voz era como hielo derritiéndose en ácido, llena de desprecio y una amenazante promesa de tormenta.
El aire se volvió denso, cargado con la electricidad de una verdad a punto de revelarse, y con ella, la certeza de que la batalla acababa de comenzar.
Eloy apretó la mandíbula, sus dedos aferrados a la daga, pero con la mente ya girando hacia aquel secreto que ahora estaba frente a él, oscuro, enorme y palpitante de poder antiguo.
¿Qué secretos antiguos acechan en esas ruinas olvidadas?
La respuesta estaba más cerca de lo que podía imaginar. Pero la oscuridad, esa traicionera sombra que lo había acompañado desde su renacer, tenía sus propias leyes, y no estaba dispuesta a ceder sin luchar.
El silencio se volvió insoportable, y con un movimiento lento, tenso, la figura alzó una mano, revelando un objeto que destelló con fuego prohibido.
Eloy siente cómo el pulso del tiempo mismo se fragmenta—y, en ese instante, sabe que nada será igual después de esta noche en la Ciudadela Antigua.