NoveliqaRenacido en Sombras: El Poder Prohibido de la Reencarnación / La Red de Mentiras del Pasado :0%
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Chapter 14

La Red de Mentiras del Pasado

Capítulo 14

La Red de Mentiras del Pasado

El aire pesaba como un sudario húmedo, penetrando los poros con un frío que no provenía del viento ni de la proximidad de la grieta cerrada. Eloy apretó los puños, la piel se le erizó cuando el silencio se espesó, como si todo el mundo contuviese el aliento. Tras la última bocanada de ese resquicio temporal, el murmullo leve, apenas un zumbido eléctrico, comenzó a disiparse.

Pero algo permanecía.

Un sabor metálico, denso y amargo, anidado en la garganta; una sombra latente que se pegaba bajo la piel con insistencia. No era solo el eco de una grieta sellada, era el eco de un engaño más profundo, enterrado en la red de mentiras que Eloy ahora empezaba a desenmarañar.

Sus pasos retumbaban huecos sobre el suelo cubierto de polvo, guiándolo hacia un rincón olvidado en las ruinas del templo. Con cada paso sentía que la mirada invisible de alguien escrutaba por el rabillo del ojo, sombras moviéndose con demasiado sigilo para ser casuales. El poder que había vislumbrado en la grieta era solo la punta del abismo, y en su interior, el secreto prohibido que lo ataba a su traición comenzaba a revelarse de forma tortuosa.

El murmullo de hojas secas quebrándose bajo un pie inesperado le congeló la sangre. Se volvió tan rápido que la oscuridad hizo que sus ojos apenas distinguieran contornos ni rostros.

—Te esperaba, Eloy —la voz era un filo cortante, teñida de una mezcla insidiosa de satisfacción y amenaza. Era un susurro que acariciaba el oído y lo explotaba desde dentro, la voz de alguien que ha tejido mentiras como hilos de veneno. Él lo conocía, y esa certeza clavó un escalofrío bajo su piel.

Un hombre emergió de entre las sombras con una sonrisa torcida, los ojos brillando con una mezcla de desprecio y posesión. No era un enemigo cualquiera. Era el traidor del que toda su alma hablaba en memorias borrosas, el arquitecto de su caída y la llave oculta que podría desvelar o destruir su poder.

—¿Sabes lo que eres, Eloy? —inquirió con una calma perturbadora, acercándose con pasos seguros y lentos. —Mucho más que un renacido común. Tu poder... es un enigma que ni siquiera tú comprendes del todo.

Eloy sintió cómo un torbellino de emociones brotaba en su pecho—ira, desconfianza, y una punzada sórdida de vulnerabilidad—pero apretó los dientes, controlando cada fibra. No podía permitirse debilidades, no ahora.

—¿Por qué sigues aquí? —la voz de Eloy era tensa, cortante, como un latigazo helado. —¿Qué has venido a buscar?

El hombre rió, un sonido áspero que reverberó contra las paredes. —Busco la verdad que tú ni siquiera imaginas. El secreto que guardas no es solo un don: es una llave para dominar el flujo mismo del tiempo y la realidad. Y si logro ponerte a ti bajo mi control, el poder será mío.

Eloy dio un paso atrás, ojos fijos en el brillo febril que comenzaba a envolver aquel rostro traidor. La amenaza era clara, pero más inquietante aún era la posibilidad de que su traidor supiera algo que él ignoraba—algún rincón oscuro de su habilidad que había permanecido oculto durante demasiado tiempo.

—¿Qué fue aquello en la grieta? —preguntó con voz baja, viendo como las sombras se enredaban en torno al hombre, alimentadas por una magia invisible.

—Fragmentos de tu esencia dispersa —respondió con precisión clínica—. Tú naciste envuelto en secretos, Eloy. No solo renaciste; fuiste forjado por designios antiguos, atado a un pacto prohibido del que solo yo conozco el nombre.

Los ojos de Eloy escudriñaban al traidor, intentando perforar esa fachada con vestigios de recuerdos que se le escapaban como sombras en la penumbra. Sabía que para ganar, debía entender a su enemigo y desenmascarar cada capa de engaño.

De repente, un movimiento fugaz —un suspiro como el roce del aire entre las ruinas— hizo que ambos tensaran sus cuerpos. El traidor sonrió con resignación.

—Crees que yo te oculto cosas, pero la verdadera pregunta es: ¿qué escondes tú en lo profundo, Eloy? ¿Qué buscas entre las sombras que ni siquiera comprendes?

El golpe fue inesperado: esa pregunta no solo era un desafío. Era un dardo clavado en su alma, una invitación oscura a bucear en un abismo interno donde se empezaban a perder las certezas.

Detrás de ellos, entre las columnas quebradas, un par de ojos brillaron con un fulgor que no era natural. El silencio se deshizo en un clic metálico y un leve desplazamiento.

Eloy giró, la mano yendo instintivamente a la empuñadura oculta de su daga. Pero la sombra no era un enemigo cualquiera.

—¿Qué busca realmente tu traidor? —murmuró una voz tan cerca que la piel se le erizó.

Un suspiro gélido atravesó la ruina.

Mientras la oscuridad se cerraba como una trampa, Eloy comprendió que la verdadera red de mentiras aún estaba llena de sombras que ni siquiera sus recuerdos podían iluminar.

Y en esas sombras, el peligro acechaba con un hambre insaciable.

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¿Quién movía las piezas desde el silencio? ¿A qué precio destaparía Eloy la verdad prohibida?

El viento brincó con un susurro, y en el corazón torturado del templo, un misterio más profundo se agitaba, esperando para ser despertado.

El pasado no era solo un muro de traiciones.

Era un laberinto implacable.

Y Eloy estaba atrapado dentro.

El choque de miradas, la amenaza latente, y la pregunta suspendida entre ellos hicieron que la noche se cerrara con un temblor fatal.

Justo cuando la figura encapuchada surgió del rincón oscuro, la daga de Eloy resplandeció bajo la luna menguante.

La verdad esperaba, implacable, en la siguiente sombra.

Y él debía elegir.