Chapter 13
—¿Quién…? —Eloy sintió la mirada clavada en su nuca, un hálito frío que le erizaba la piel, mientras la puerta se abría con un crujido que parecía desgarrar el silencio, como si el tiempo mismo vacilara al otro lado.
La figura que apareció entre las sombras era alta, envuelta en una capa negra que absorbía toda luz. No era necesario ver su rostro para entender que traía consigo un peso imposible de ignorar. El aire se tensó, vibrando con la amenaza no dicha.
—Pensé que te habías perdido en tus propios recuerdos —musitó la voz grave, cargada de una calma peligrosa que hacía rechinar los dientes.
Eloy apretó los puños, notando el pulso acelerado que le martillaba en las sienes. La habitación que hasta hacía un instante había sido un refugio, un mínimo respiro en la tormenta interna, ahora se sentía más como una trampa.
—¿Por qué has venido? —su voz salió entrecortada, pero firme—. Si quieres acabar conmigo, hazlo de una vez.
El visitante alzó una mano, y con un movimiento lento, extrajo un pequeño objeto de un bolsillo interior. La luz tenue del candil reveló un medallón antiguo, metálico, grabado con símbolos que parecían vivientes bajo la sombra oscilante.
—No vine a matarte —dijo—. Vine a ofrecer respuestas. A ti y a tu tormento. El poder que llevas dentro no es un accidente.
Eloy frunció el ceño, la desconfianza clavada como puñales invisibles entre sus costillas.
—¿Explicaciones? Eso es lo que dices, pero todos los que se acercan solo quieren usarme o destruirme.
—No esta vez —respondió la voz, bajando el medallón a la altura del pecho—. Este objeto pertenece a una antigua orden, Guardianes del Origen, que custodiaron los secretos de la magia prohibida mucho antes de que Lord Ahron levantara su oscuro imperio.
Un escalofrío recorrió a Eloy, porque esa palabra—“origen”—era precisamente lo que clamaba su mente agitada.
—¿Guardia... Guardianes? —El eco de esa palabra parecía romper telarañas en su memoria—. ¿Y tú cómo entras en eso?
—Soy un sobreviviente de esa orden. Y he buscado durante años a alguien capaz de entender el poder que despertaste. Tú.
El medallón vibró con una energía sutil, y en ese instante, Eloy pudo sentir un pulso en sus venas, una afinidad profunda, como si un latido lejano llamara a otro más allá del tiempo.
—Si quieres que te crea, deberás probarlo. —Eloy dio un paso al frente, la tensión hirviendo entre ambos.
La figura asintió y se acercó al extremo de la mesa. Sobre ella había un pergamino enrollado, sellado con lacre negro. Lo desenrolló con movimientos precisos, revelando un mapa antiguo, delineado en tinta que parecía brillar con luz propia.
—Esto —dijo señalando los símbolos— es un mapa hacia una fuente olvidada, un lugar sellado donde reside el origen de la magia prohibida. Allí, podrás entender la dimensión verdadera de tu don... o perderte para siempre.
Los ojos de Eloy brillaron, detrás de toda la duda y el cansancio, brotó esa llama que solo los que habitan entre secretos y sombras poseen.
—¿Por qué debería arriesgarme a ir contigo? —la voz, más una advertencia que una pregunta—. Lo que hay ahí puede ser peor que cualquiera de tus amenazas.
La capa ondeó apenas, como una sombra que respiraba, y la respuesta llegó en forma de una sonrisa siniestra.
—Porque Lord Ahron ya sabe de ese lugar, y pronto vendrá a tomar lo que cree suyo. Si quieres sobrevivir y controlar tu destino, tendrás que adelantarte a él.
Eloy tragó saliva, la realidad cerniéndose como una tormenta pronta a estallar. No había tiempo para dudas ni medias verdades.
—Muy bien —murmuró con una resolución renovada—. Muéstrame cómo llegar.
La figura extendió la mano, y el medallón se deslizó en los dedos de Eloy, tan frío que quemaba en el contacto, una promesa de poder y maldición.
Los minutos siguientes fueron un torbellino de preparativos. El lugar indicado en el mapa distaba cientos de millas en el Bosque de Lúgubre Penumbra, una extensión ancestral donde ningún viajero había regresado entero. El aire estaba impregnado de magia antigua y peligro latente.
Con cada paso que daban en la espesura, las sombras parecían alargarse, susurrando con voces apenas audibles en el viento. Eloy sentía cómo el medallón latía a compás de su pulso, guiándolo.
Llegaron a un claro donde la tierra se hundía en una grieta inmensa, custodiada por pilares de piedra tallada con runas que ardían con un fuego contenido.
—Aquí está —dijo su acompañante—. Un sello que contiene el flujo de un poder que ni los dioses quisieron liberar. Abres esto, el tiempo dejará de ser un enemigo discreto para volverse un monstruo voraz.
Eloy observó las runas, reconociendo símbolos que había visto en sus visiones durante el pasado año. Grisáceos, temblorosos, empapados de un aura prohibida y sucia.
Tomó una respiración profunda, mientras la mano derecha se acercaba al sello, y por un instante todo el bosque pareció contener el aliento.
Entonces, una voz resonó desde lo profundo de la grieta, un eco antiguo y cavernoso que no pertenecía ni al tiempo ni a la tierra.
—¿Quién osa perturbar el sueño de la esencia?
Eloy detuvo su movimiento, el corazón en un frenesí en su pecho. Se miró a sí mismo, a aquel hombre que había renacido entre pesadillas y sombras con un don que lo consumía lentamente.
El medallón en su pecho vibraba como si quisiera tomar vida propia y arrastrarlo hacia el interior del abismo.
—Soy Eloy Santorini —respondió con voz firme, aunque en su interior una tormenta se desataba—. Y busco controlar esta maldición antes que ella me devore.
Un silencio profundo envolvió el lugar, el tiempo pareció detenerse antes de que una grieta minúscula surcara el sello, dejando escapar un suspiro agónico de magia liberada y carbono de futuros inciertos.
La oscuridad en la grieta se iluminó con un brillo sobrenatural, y por la abertura comenzó a filtrarse un resplandor incierto, denso y vibrante como un latido primordial.
La voz volvió a resonar, ahora más cercana, más amenazante.
—Entonces prepara tu alma... porque lo que yace aquí no es solo un secreto. Es una prueba.
Eloy tragó la aprehensión como un veneno, extendió la mano hacia el resplandor que se ensanchaba lentamente, y por un instante sintió que la realidad se deshilachaba.
Con el corazón atrapado entre la esperanza y el miedo, dio el paso que podría cambiar su destino para siempre.
Pero en la penumbra, una sombra observaba. Un mensajero silencioso que llevaría la noticia a Lord Ahron Veskel, quien ya sonreía con una crueldad fría y determinada, mientras el control sobre el tiempo y la realidad comenzaba a temblar ante un nuevo poder emergente.
¿Sería Eloy el amo de su destino... o su próxima víctima?
El eco de la grieta se cerraba lentamente. El misterio apenas comenzaba a salir de las sombras.
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¿Qué aguarda dentro —un poder divino o una maldición eterna?
El secreto prohibido espera paciente, mientras Eloy avanza hacia lo desconocido.