NoveliqaRenacido en Sombras: El Poder Prohibido de la Reencarnación / Un Ataque desde la Sombra Más Cercana :0%
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Chapter 10

Un Ataque desde la Sombra Más Cercana

Capítulo 10 Un Ataque desde la Sombra Más Cercana

El eco del silencio después de aquella revelación golpeó a Eloy con la fuerza de un trueno sordo. Sus dedos apretaban el borde de la mesa de roble, la madera rugosa mordiendo su piel, mientras sus ojos se clavaban en el suelo imperceptiblemente tembloroso frente a él.

“No puedo creerlo...” murmuró, pero la voz se quebró, apenas un suspiro perdido entre la humedad densa de la sala.

Una ráfaga fría atravesó el ventanal abierto, arrastrando el olor a lluvia reciente y algo más, algo metálico que flotaba en el aire. Eloy levantó la vista, encontrando la sombra alargada que danzaba en la pared contraria, como una amenaza velada, invisible pero tangible.

—Eloy... —la voz de Mara se deslizó junto a él, suave pero urgente—. Necesitamos movernos. No podemos quedarnos aquí.

Su tono no admitía réplica; había un filo, un miedo contenido que cortaba el aliento. Eloy sintió cómo su pecho se comprimía, la lenta inflamación del pánico que se negaba a ceder. Mara, la más leal de sus aliados, ahora parecía jugar la carta de la urgencia como si presintiera el desastre que se cernía.

Pero él apenas lograba procesar. Todo el engranaje interno se rompía por la incertidumbre: ¿quién podría traicionarlo? ¿Quién, entre su círculo más preciado, había tejido la soga para ahorcar su confianza?

La puerta de la estancia crujiendo en un eco seco interrumpió el instante, y Eloy giró con la velocidad del instinto. Allí, en el umbral, había un hombre con un rostro que solo podía describirse como una máscara de traición disfrazada de lealtad.

—Has sido un pilar, Ander —susurró Eloy, reconociendo con horror al estratega de sus campañas y guardián de secretos—. Pero ahora, tu sombra es la que amenaza mi luz.

Ander esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos, y en ese momento, el entorno pareció detenerse, como si los muros mismos contuvieran la respiración.

—No te equivoques —respondió con un tono frío y medido—. No es odio lo que me mueve. Es la necesidad. La corona, el poder... ellos dictan el ritmo de nuestra existencia.

Eloy, con un movimiento ágil, sacó su daga oculta, pero Ander ya había desaparecido en la penumbra del corredor, arrastrando una cadena de oscuridad que vibraba en el aire como una amenaza palpable.

Corrió tras él. El suelo bajo sus pies resonaba con los pasos apresurados, el latido de su corazón una tempestad imparable. Las otras voces de la casa se levantaron, alarmadas, pero ninguna llegó a alcanzarlo a tiempo.

En el patio trasero, la luna reflejaba un relámpago fugaz cuando Ander se detuvo y se volvió, clavando la mirada como un veneno.

—Este es solo el principio, Eloy. Tu caída está escrita en cada decisión que creíste tuya.

El mundo pareció girar fuera de control, mientras Eloy luchaba para mantener la compostura. Saber que la traición había brotado desde la raíz misma de su confianza mordió más profundo que cualquier herida física.

Un grito desgarrador partió la noche: un golpe seco, un cuerpo que caía. Eloy se volvió justo a tiempo para ver a Mara desplomarse, un puñal hundido hasta el mango en su costado. Su mano temblorosa se aferró a él por un segundo que se extendió en una eternidad de desesperación.

—¡Mara! —la voz de Eloy se rompió mientras la arrojaba al suelo, sus dedos buscando frenéticamente detener la marea carmesí—. Aguanta, no te rindas.

La luz de la luna se filtraba por el follaje enredado, proyectando sombras erráticas sobre sus rostros. La vida de Mara pendía de un hilo que Eloy sabía, con una certeza helada, que podría romperse en cualquier momento.

—¿Por qué? ¿Quién... quién está detrás de esto? —susurró entre lágrimas, una mezcla brutal de furia y miedo.

Pero la única respuesta fue el silencio, roto solo por el sordo latido de su propia adrenalina y el eco de pasos que se alejaban, traicioneros y seguros.

Eloy apretó los dientes, cada músculo tenso, y una resolución siniestra comenzó a formarse en la oscuridad de su mente. Si alguien de su círculo íntimo había tejido la red para atraparlo, entonces era momento de devolver cada hilo con creces.

Pero primero... tenía que descubrir quién era ese aliado oscuro, quién había vendido su confianza en la sombra más cercana.

Y el reloj ya estaba en marcha.