NoveliqaRenacido en las Sombras del Olvido / La Rebelde con Pasado Cruzado :0%
Log in

Chapter 9

La Rebelde con Pasado Cruzado

Capítulo 9: La Rebelde con Pasado Cruzado

El latido en su pecho retumbaba con un eco febril, como si dentro de su caja torácica un tambor antiguo se desgarrara la piel con cada golpe.

Los dedos de Dante temblaban, no solo por el frío inherente a la niebla que se colaba implacable entre los callejones, sino por la electricidad invisible que aún chisporroteaba en el aire tras la aparición de aquella sombra.

El rostro frente a él era apenas un borrón en la penumbra, pero sus ojos—dos brasas negras de fuego contenido—brillaban con una mezcla inquietante de fuego y conocimiento prohibido.

—Sabía que vendrías aquí —musitó la voz, un hilo cortante que rasgó el silencio de la noche—. No solo llegas por tus recuerdos, Dante. Vienes por algo más.

Las palabras cayeron como piedras en el estanque del recuerdo. ¿Cómo sabía ese nombre? ¿Quién era esa figura envuelta en ropas oscuras que parecía sostener los fragmentos perdidos de su propia historia?

Dante dio un paso hacia adelante, pero su cuerpo estaba paralizado por un torbellino interno.

—¿Quién eres? —dijo con la voz quebrada, mitad cautela, mitad esperanza—. ¿Por qué me llamas por mi nombre?

Una sonrisa torció los labios de la mujer, fugaz y peligrosa, como el filo de una daga oculta bajo las mangas de su capa.

—Soy Lena—respondió con una calma venenosa—, la rebelde que ha perdido más de lo que puedes imaginar. Y te he estado buscando desde antes de que tú mismo supieras que estabas perdido.

La niebla densificó su abrazo, cerrando los contornos del callejón en un abrazo asfixiante. El aroma a madera mojada y un dejo metálico a sangre fresca se mezclaban en el aire.

Dante sintió que el mundo se comprimía, que aquel encuentro no era casualidad ni un mero capricho del destino.

—¿Por qué? —insistió, buscando en esos ojos rasgados un destello de verdad, o una rendija por donde asomar su propia cordura—. ¿Por qué sabes quién soy? ¿Por qué huir de Lorian, si tú también te ves marcada por la sombra de la resistencia?

Lena avanzó un paso, el pie posándose con firmeza en el empedrado húmedo.

—Porque somos dos piezas del mismo rompecabezas que intenta armar Lorian para su juego macabro. Yo también he sido robada, Dante. Y no solo eso: también fui enviada para atraparte. Pero la memoria, esa serpiente escurridiza, me ha traicionado.

Su aliento formaba nubes blancas que se perdían entre la niebla. Había una tormenta anidada en su mirada, un torbellino de arrepentimiento y determinación.

Dante sintió la gravedad del instante, como si el tiempo se suspendiera en el parpadeo entre una línea infinita de posibilidades.

Una ráfaga helada barrió el callejón y, tras ella, la sombra de Lorian parecía acechar en cada reflejo quebrado del adoquinado.

—¿Entonces… eres una traidora o una aliada? —susurró, empapado por la duda que crecía con la velocidad de una marea oscura.

Lena extendió una mano, un gesto de tregua y desafío.

—Depende de quién controle el pasado y quién domine las sombras. Pero lo que sí sé es que sin ti, no podremos encender la llama que apague esta maldición.

Mientras sus dedos se rozaban en un contacto fugaz, un ruido seco resonó más allá de la esquina, un estallido de voces apagadas y pasos apresurados.

Ambos giraron al unísono hacia el origen del sonido.

Dante alcanzó a ver la línea perfecta de una hoja plateada asomando entre las manos de una figura encapuchada que avanzaba, implacable y silenciosa.

Lena apretó las mandíbulas, sus ojos dilatados con un brillo feroz mientras sus palabras golpeaban el aire con un peso siniestro.

—Corre. Nosotros no tenemos tiempo. Lorian sabe que estamos aquí.

Pero Dante no se movió. Su corazón, un tambor que marcaba la batalla, decidió suspender la prisa.

—¿Por qué debería confiar en ti? —preguntó, clavando su mirada en esa sombra que oscilaba entre la verdad y la mentira.

Lena lo observó como si leyera en su alma una historia que ella misma había olvidado.

Luego, con un susurro firme y quebrado, confesó la nota más oscura de su secreto:

—Porque también escondo fragmentos de tu pasado en un rincón que juré olvidar. Y eso… eso podría costarte más que la muerte.

Un escalofrío invisible se deslizó por la columna vertebral de Dante, mientras la figura encapuchada arrancaba hacia ellos, la hoja centelleando bajo la luna velada.

En ese instante, la rebelde Lena giró, tomando una decisión tan rápida como mortal.

Y el secreto que guardaba se desprendió en su pestañeo.

¿Aliada o peón? La línea entre la luz y la sombra se desdibujaba, una vez más, en el reino donde los recuerdos eran la única moneda de poder.

El filo de la hoja rozó su garganta.

Y entonces, todo se cortó.

Un golpe sordo, un grito ahogado y una pregunta que ardía en la niebla: ¿En quién confiar cuando el pasado es una cárcel y el presente, una emboscada viviente?