Chapter 6
Capítulo 6 Un Secreto Letal Revelado
El eco del golpe seco resonó aún en el aire viciado de la habitación, suspendido como una amenaza no pronunciada, una sombra que se negaba a disiparse. Dante sintió cómo su cuerpo se erizaba bajo el peso invisible de aquel sonido, una señal cifrada que había perforado la gruesa cortina del silencio. La luz mortecina que entraba por la rendija de la ventana fracturaba su rostro en fragmentos erráticos, cada visión un destello fugaz de aquella revelación que acababa de anidar en su pecho.
Sus dedos temblaron levemente. Aferró la barra de hierro que había tomado en la confusión, el único contacto firme que le recordaba que todavía existía en ese lugar impregnado de niebla y memoria difusa. Pero ahora, algo había cambiado. Algo oculto —y mortal— rebosaba en el interior de su ser.
La habitación se volvió pesada, saturada de un aire que ya no pertenecía a este mundo; o mejor dicho, a esta versión de él mismo. Había comprendido, no sólo con la razón sino con la piel, la garganta y los latidos atropellados de su corazón: su olvido no era mera ausencia. Era un secreto letal que tejía el hilo invisible de su destino.
La magia verbal que tejía el poder en aquel reino estaba construida sobre la conexión sutil entre la palabra y la memoria. Un conjuro pronunciado con voz clara y recuerdos nítidos podía barrer montañas, traer lluvias o consumir ciudades en llamas de éter. Pero Dante, rodeado por la niebla gris de su olvido, era un enigma para esa magia. No existía en el léxico arcano, ni en los registros celosos de Lorian Vyx. Para el sistema de hechizos que oprimía el reino, Dante era un vacío que la magia no podía tocar, un susurro que el viento callaba.
El pecho le pesaba como si la niebla se anidara dentro de sus entrañas, pero también había una extraña claridad. La invisibilidad que lo aguardaba desde el fondo de su amnesia —esa ausencia que parecía su maldición— ahora se manifestaba como un arma secreta.
“¿Eres un secreto, Dante?” Murmuró con voz áspera, apenas un suspiro que contradecía la violencia contenida que vibraba en sus nudillos.
Desde la esquina oscura, un tenue resplandor plateado comenzó a danzar sobre las superficies, un remolino de partículas que la luz atrapaba y desprendía como corrosivos fragmentos de tiempo. Recordó entonces la advertencia muda que había recibido en sus sueños más confusos: las memorias no recuperadas podían ser trampas, y la ausencia de recuerdo, un disfraz mortal con múltiples capas.
La puerta crujió súbitamente. El sonido, leve pero afilado como una hoja, desgarró el silencio como si el propio tiempo estuviera alertando. Dante se congeló. Nunca había escuchado esa puerta abrirse sin llamar antes, sin dejar rastros de intención. El presentimiento de estar siendo seguido tomó la forma de una sombra que reptaba por la pared, estrechándose contra su espina dorsal.
“Espera”, dijo una voz ronca, filtrando la oscuridad con una claridad helada. “No te escondas, no puedes escapar de lo que eres.”
Dante giró lentamente hacia la figura que emergía en el umbral, sus ojos adaptándose a la silueta que la luz roída apenas definía. La sombra de Lorian Vyx. El hombre que buscaba expulsar cualquier rastro de recuerdo prohibido, que acechaba la ciudad en su tormenta de niebla para borrar identidades y moldear un nuevo orden.
Pero ahora, paradójicamente, su mayor secreto estaba a salvo. El vacío de Dante era una muralla inexpugnable para la magia que Lorian dominaba; una burbuja donde las palabras no podían llegar.
“¿Crees que tu amnesia es fuerza?”, espetó Lorian con una sonrisa torcida, sus ojos abrillantados por la oscuridad y la malicia. “Eres un borrador incompleto, un error que corregiré... aunque tenga que arrancarte el alma.”
Dante sintió el alba fracturarse contra su desesperación. ¿Podría aquel vacío protegerlo de un hombre que parecía controlar la misma esencia del recuerdo? O la invisibilidad, ese manto de olvido que lo envolvía, sería la prisión definitiva que lo condenara a la nada.
Un pulso extraño vibró dentro de su pecho. La decisión precisaba fuerza, y cada segundo contaba. La oportunidad de usar su secreto letal para sobrevivir, sepultar el pasado que le había sido robado y a la vez desnudar la mentira de Lorian, colgaba en la balanza.
La niebla seguía filtrándose por cada rendija, abrazando con frío de olvido las paredes y las palabras no dichas.
Dante apretó el hierro en su mano, preparándose para el instante en que la sombra y la palabra se enfrentaran, y el olvido dejara de ser un simple vacío.
Un silencio tenso.
Un suspiro cortado.
Y, de repente, la ausencia misma se hizo presente.
¿Podrá usar esta invisibilidad para sobrevivir o lo atrapará Lorian primero?