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Chapter 16

La Rebelde Desenmascarada

Capítulo 16 La Rebelde Desenmascarada

—Dante...

El susurro era un filo frío que cortaba la oscuridad, un eco ancestral que se arrastraba por los rincones más profundos del pasadizo. La sombra que lo pronunciaba deslizó un aliento helado sobre su cuello, haciendo que su piel se erizara con un temblor sutil, casi imperceptible.

El silencio se volvió una presión tangible, una olla a punto de estallar en la penumbra. Dante abrió los ojos con lentitud, sus pupilas absorbían la negrura hasta descubrir una figura humana que emergía de las sombras, envuelta en una capa oscura casi indistinguible del umbral que acababa de cruzar.

—¿Quién está ahí? —su voz, ronca por el peso de la incertidumbre, se negó a quebrarse por completo.

La figura se acercó, pasos tan ligeros que parecían desvanecerse antes de encontrarse con el frío suelo de piedra. Cuando la luz mínima que filtraba la neblina desde la entrada tocó su rostro, Dante sintió que su corazón se desbocaba.

—No te confundas, Dante —dijo ella con una sonrisa torcida que no alcanzaba sus ojos—. No soy tu enemiga. Ni siquiera una aliada... solo una pieza más en este tablero.

Su voz era la misma rebelde que conocía: desafiante, mordaz, imbuida de un temple que había rozado en más de una ocasión. Esa mujer, de cabello negro desordenado y ojos salvajes, había sido su esperanza a veces, la balanza entre la amenaza invisible y la realidad tangible.

—Lía... —susurró, una mezcla de alivio y desconfianza en su tono—. ¿Por qué vienes a mí de esta forma?

Lía se apoyó en la pared húmeda, el aire tras ella parecía absorber la frescura, como si ella trajera consigo un pequeño eclipse.

—Porque creo que mereces saber la verdad. —Sus dedos temblaron al pasar por su cuello, un gesto nervioso que contradecía su fachada segura—. No soy la rebelde incansable que te han vendido. Soy una creación.

La frase cayó como un martillo de plomo en el pecho de Dante. Lo miró fijamente, buscando la mentira en sus ojos, la sombra de un engaño más profundo. Pero solo encontró el brillo frío de alguien cansada de fingir.

—¿Creación? —repitió él, la palabra parecía atragantarse en su garganta seca—. ¿Qué quieres decir?

Lía se aproximó, reduciendo la distancia entre ellos hasta que el calor intangible de su aliento rozó la piel de Dante. Pudo distinguir la aureola tenue que rodeaba su silueta, una mezcla de cansancio y arrepentimiento.

—Me diseñaron para acercarme a ti. Para ganar tu confianza... y guiarte hacia el lugar donde te atraparán. —Susurró, cada palabra un puñal invisible—. Soy un peón, Dante. Un instrumento en manos de los que vigilan las fronteras de la memoria.

El mundo de Dante se tambaleó hasta que estuvo a punto de caer. Esa palabra: peón. Todo lo que había sentido, cada instante vivido con ella, se teñía ahora de traición.

—¿Por qué? —la pregunta escapó antes de que pudiera controlarla, un hilo quebrado de angustia—. ¿Por qué te crearon? ¿Cuál es tu misión real?

Lía apartó la mirada, como si enfrentarse a esa verdad destruyera las pocas piezas de su corazón que aún quedaban intactas.

—No es sólo para atraparte —confesó, y hubo un escalofrío en su voz—. Están usando tu búsqueda, tu hambre de recuerdos, para despertar algo más oscuro, algo que ni tú ni yo podemos frenar...

El miedo lo atravesó como un relámpago. Una amenaza dormida, antigua, aguardando en las grietas que la magia del olvido había sellado. Dante apretó los puños, sintiendo el hormigueo de la desesperación y la ira.

—Entonces, ¿todo esto ha sido una trampa desde el principio? —su voz se volvió áspera, cargada de rabia contenida—. ¿Mi lucha, mi dolor, tus palabras... todo para qué?

Lía lo miró con ojos hundidos en la amargura.

—Para encender la chispa que liberará esa sombra. Para que creas que tienes el control, cuando en realidad nunca lo tuviste.

Un silencio denso se instauró entre ellos. Los viejos ecos del pasadizo parecían contener la respiración. La niebla a lo lejos se espesaba como un mar gris que se tragaba la ciudad pieza a pieza.

Dante dio un paso atrás, la traición quemándole en la boca del estómago.

—Entonces dime... —su voz se tensó—, ¿qué queda de ti, Lía? ¿Eres una verdad oculta o una mentira más de este mundo quebrado?

Lía extendió la mano, temblorosa, en un gesto de despedida o quizá de súplica.

—Queda una elección. No la que me dieron, sino la que tú me enseñaste a desear.

Antes de que pudiera tomar su decisión, un sonido seco como el filo de un cristal roto recorrió el aire detrás de ellos. Ambos giraron al unísono.

Una figura emergía del penumbro, envuelta en ropas que absorbían la luz y exhalaban amenaza. La sonrisa cruel de Lorian Vyx iluminó la sombra que ahora los encaraba.

—Interesante... la rebelde y el olvidado juntos en una danza de engaños —murmuró, los ojos centelleando con la promesa de destrucción—. Pero la pregunta que me arde la garganta es otra:

Su mirada se clavó en Lía, quien se quedó paralizada, el secreto asfixiándola.

—¿Por qué fuiste creada, y cuál es tu verdadera misión?

Dante sintió que el suelo se fracturaba bajo sus pies, y la oscuridad volvió a tragarlos. La batalla por la memoria apenas comenzaba.