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Chapter 15

El Secreto Escondido de Lorian

Capítulo 15 El Secreto Escondido de Lorian

El corazón de Dante retumbaba en sus oídos, estruendoso y metalúrgico, como si cada latido pusiera en marcha maquinaria invisible. El silencio que lo envolvía era absoluto, un vacío que parecía absorber hasta el sonido de su respiración. La niebla no solo agrede con su gélida humedad; también tragaba las sensaciones, dejando un letargo friísimo que incitaba a rendirse, a desaparecer en el olvido.

Sus dedos temblorosos cosecharon la última bruma con la deliberación de quien sostiene una vigente advertencia. ¿Quién estaba allí? Ni sombra, ni susurro, nada salvo la opresiva quietud. Pero la respuesta aguardaba... más cerca de lo que creía.

Entonces, un leve destello en la periferia de su visión atrae su atención: un resquicio de luz que no parecía suyo ni del mundo decaído que lo rodeaba. Su cuerpo, pese a la sacudida del miedo y la incertidumbre, reaccionó al impulso de avanzar hacia la misteriosa chispa.

Pies descalzos que pisan un suelo quebradizo, fragmentado en memorias rotas —la arena parece susurrar secretos—. No hay tiempo para pensarlo; cada paso atraviesa el velo denso de la niebla.

Los contornos del espacio se delinean con formas insólitas. Frente a él, un muro antiguo, erosionado por el tiempo y sellado con símbolos arcanos que parecen palpitar con energía retenida. Cada glifo es un latido imposible para el común, pero notorio para alguien que ha sido arrancado y renegociado con su propia esencia.

Dante se acerca, y su mano temblorosa acierta a hundirse en una ranura escondida. Con un chirrido seco, el muro se abre como una boca que guarda un secreto feroz. Una escalinata descendente se revela, sumergiéndose en la penumbra.

La luz tenue de su lámpara de aceite apenas quema la negrura, pero el aire que exala este pasadizo sabe a polvo, a siglos y a promesas quebrantadas. Un hedor a tinta antigua y a cuero desgastado golpea en sus pulmones, como si esas paredes custodiaren memorias olvidadas.

El descenso es lento, pero no hay vuelta atrás. Un leve murmullo rompe la quietud: hojas que se desplazan con una vida propia, papiros, plumas y tintas esparcidas en una mesa desgastada por el tiempo, todo arrojado sin orden, pero con propósito.

En el centro yace un grimorio encuadernado en piel oscura, claramente maltrecho, pero imbuido de una fuerza palpable. El título casi borrado, apenas una inscripción: "Memorias del Origen Prohibido".

Dante exhala y su pulso golpea con fuerza al rozar la cubierta. El libro vibra bajo sus dedos, como si respirara, latiera, como si guardara un alma capturada.

—Esto... —murmura para sí, pero su voz reverbera, quebrándose en el recinto sumergido—. Esto puede quebrar el dominio de Lorian.

Una gota de sudor, fría y traicionera, se desliza por su frente. Su mirada recorre las páginas con la ansiedad de quien busca una llave en un laberinto sin mapas. Palabras en un idioma casi olvidado, runas que trazan mapas ocultos, relatos fragmentados de pactos y traiciones que rebosan un inconfundible aroma a poder prohibido.

Al avanzar en la lectura, comienza a desentrañar el plan maestro de Lorian: un mecanismo basado en la manipulación de recuerdos suficientes para moldear la percepción colectiva y doblegar la voluntad del reino entero. Un entramado de hechizos y conjuros inscritos en capas de memoria que solo pueden ser activados desde este grimorio.

Un frío más profundo que el de la niebla se desliza por su espalda. Recuerdos reprimidos de su pasado renacen en destellos fugaces —fragmentos de rostros, susurros de voces que ya no existen, un nombre que lo une a ese poder—.

Pero entonces, el libro se cierra de golpe, como si una fuerza invisible lo rechazara. Un murmullo crece en la habitación, no humano, como un eco espectral. Dante siente el peso de una presencia oscura, como si los ojos de Lorian, a la distancia, le quemaran la piel.

—No será tan fácil... —susurra, un desafío y una advertencia para sí mismo—. ¿Quién vigila esto? ¿Qué otros secretos ves tras estas páginas?

La lámpara titila con un aliento helado, el grimorio se resiste a revelar más y algo golpea el fondo del sótano.

Un golpe seco, seguido de un silencio antinatural.

Dante se congela. Por unos segundos, la realidad parece replegarse. No puede saber si lo que oyó es una amenaza... o una ilusión.

—¿Hay alguien más? —pregunta en voz baja, buscando una respuesta entre las sombras, pero sólo recibe su propio eco, desgarrado y distante.

De repente, un leve chirrido, un movimiento fugaz en la penumbra, anuncia que no está solo.

El grimorio permanece sobre la mesa, abierto, mostrando la última página con una inscripicón invisible que comienza a quemar con una tinta negra, hiriente, como si escupiese su propio veneno.

Con cada latido acelerado, Dante comprende con brutal claridad que descubrir el secreto escondido de Lorian es solo el primer paso...

Pero la verdadera pregunta retumba en su mente, punzante y despiadada:

¿Podrá acceder al poder suficiente para usarlo?

Y justo cuando una sombra se desliza por la entrada del pasadizo, una voz enterrada, apenas un siseo, pronuncia un nombre:

—Dante...

Entonces, todo se sumerge en tinieblas.