NoveliqaRenacido en las Sombras del Olvido / Sombras que Susurran Verdades :0%
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Chapter 12

Sombras que Susurran Verdades

Capítulo 12 Sombras que Susurran Verdades

El aire pesaba en sus pulmones como un hierro candente. Dante se aferró al frío mármol que sostenía su peso tambaleante, los dedos temblorosos dejando surcos temporales en la piedra ennegrecida. La niebla, ahora no solo una bruma entristecida, avanzaba con vida propia, susurrando entre las grietas de la ciudad, reclamando porciones de memoria como un hambriento sin fin.

Alzó la mirada hacia la luna, desmedida y dura, como un ojo severo que no perdonaba ni olvidaba. En el eco de su propia respiración, los fragmentos de recuerdos comenzaron a desplegarse: imágenes rotas de un pasado compartido con su verdugo, Lorian Vyx.

Una voz apagada, casi un lamento, se colaba entre las sombras de su mente, arrastrándolo involuntariamente hacia la conciencia. Palabras que no quería oír, pero que, sin embargo, necesitaba exhumar.

—"Protección..." —susurró, como trazando una línea entre la niebla y la verdad—. ¿Qué significaría aquello? ¿Qué vínculo antiguo taleaba sus vidas?

Con la voluntad clavada en el arduo presente, caminó sin rumbo fijo a través de corredores cada vez más angostos. La piedra bajo sus pies era un lienzo lleno de escrituras olvidadas, marcas que chispeaban por la magia, pero solo en momentos intermitentes, guiándolo.

Un puñado de memorias emergió con violencia repentina. Un joven Lorian, con el cabello caído sobre ojos absortos, y Dante, no muy distinto a él, hombro contra hombro, corrían entre las ruinas protegidas por un hechizo ancestral.

—"Debíamos cuidarnos... proteger este legado" —la voz era la suya, o quizá no, reverberando lejana—. Los recuerdos no eran simples palabras: eran nuestro poder, nuestro juramento.

Sintió un frío acerado atravesar la espalda, como si la verdad se hubiera convertido en un aguijón. La mano temblorosa se cerró en puño. ¿Cómo aquel protector había cambiado a enemigo? ¿Qué abismo invisible había partido su alianza?

El aire se cargó de un aroma metálico, mezcla de lluvia oxidada y desesperanza. En el eco resonó una carcajada hueca, algo que Dante reconoció antes de que la siguiente imagen golpeara su mente: un pacto roto, palabras trágalas, y rostros que se desvanecían debajo de la niebla.

La traición no era un acontecimiento único; era un susurro constante, una sombra que crecía lenta, devorando todo hasta dejar vacío. Ahora, cada recuerdo recuperado latía con fuerza, al borde del colapso.

Dante se detuvo, la oscuridad había espesado como un manto sobre los callejones que lo rodeaban. Quiso gritar, pero solo un hilo de aliento turbio escapó de sus labios. La voz dentro de su cabeza se tornó urgente, tenue como un latido.

—¿Qué miedo antiguo convirtió a un protector en enemigo mortal?

Los ojos de Dante se entrecerraron. En el fondo de la niebla, una figura apareció: menuda, envuelta en sombras, esperando.

La luna parecía contener la respiración.

Y entonces, la figura alzó la mano.

El pulgar brilló con una luz tenue, y el silencio se rompió.

La respuesta aguardaba.

—¿Estás listo?

El corazón de Dante se hundió en un abismo oscuro justo cuando un nuevo susurro comenzó a salir de la sombra.