NoveliqaRenacido en las Sombras del Olvido / El Juego de las Memorias Robadas :0%
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Chapter 10

El Juego de las Memorias Robadas

Capítulo 10 El Juego de las Memorias Robadas

El calor del metal recorría su piel, frío y amenazante, justo antes de que el mundo se desplomara en silencio. El filo sobre su garganta, esa amenaza latente, era el último vestigio de realidad antes de que un vacío negro lo tragara sin piedad.

Pero Dante no murió. Ni siquiera quedó inconsciente. Estaba suspendido en ese limbo paralelo al terror: un eco atordoado donde las pulsaciones seguían fustigando su pecho y su respiración se batía en una lucha contra la niebla espesa que le invadía los pulmones.

Abrió los ojos de golpe.

La hoja había desaparecido. Alguien se había movido, había tomado una decisión que le arrebató la vida... o le concedió un retazo más de ella.

El aroma a humo rancio y al mínimo dulzor de una vela consumida lo devolvieron al presente.

Sus ojos se adaptaron a la poca luz, reflejada en un círculo de símbolos incandescentes pintados con sangre sobre el suelo. Un olor a óxido, a musgo corrupto y a barro recién removido lo envolvía, pegajoso y tangible. Estaba en un sótano, en algún lugar maldito de la ciudad, donde la memoria parecía pudrirse tan rápido como la piel entre sus dedos.

Sintió el temblor profundo en sus manos y un sudor helado que bajaba por su espalda, adherido a la raíz de un miedo antiguo, casi olvidado hasta el filo de la hoja.

—Dante —susurró una voz seca, quebrada por la impaciencia, desde la penumbra.

Él volteó, y allí estaba ella, Ashara, sus ojos ardientes clavados en los suyos con la urgencia de una condenada. En sus manos llevaba un frasco pequeño, lleno hasta el borde con un líquido fluorescente.

—¿Estás bien? —preguntó, pero sabía que no esperaba una respuesta clara.

Dante tragó con esfuerzo. La garganta le dolía. —Lo intentaré.

Sabía que no podía confiar en nadie, que el mundo que envolvía esta ciudad era una red tendida de sombras y cuchillos. Pero Ashara era la única pista entre el derrumbe de su memoria y la verdad que acechaba en las grietas de su mente.

El ritual comenzaría.

Los símbolos en el suelo pulsaban con una luz inquieta, comiendo el aire con su oscuridad. Las palabras prohibidas que Ashara entonaba eran como cuchillas que cortaban el velo de su olvido, arrancando fragmentos ocultos en la niebla.

Dante pudo ver entonces, flashes abruptos: un rostro. Una mano que acariciaba un amuleto. El tormento dulzón de una canción olvidada. Un nombre: “Elías”.

Pero no hubo tiempo para agradecer la claridad.

El líquido brillante, que Ashara le ofrecía con una mezcla de temor y desafío, contenía el veneno del fuego y el frío, el precio para reclamar aquel retazo de identidad. Cada gota que tocaba sus labios era una herida y una salvación.

—¿Qué precio... debo pagar? —las palabras se ahogaban en su boca, punzando el aire con la incertidumbre de un condenado.

Ashara lo miró con dureza, sin titubear.

—La memoria que recuperes tiene un dueño. Y ese dueño nunca devuelve lo que toma sin exigir un sacrificio.

El sótano se cerraba a su alrededor, la respiración quedaba atrapada en un laberinto de ecos y advertencias.

Dante mordió los labios mientras el líquido ardía su lengua. De repente, un grito le arrancó un nuevo recuerdo, uno profundo, enterrado entre espinas de dolor y promesas rotas.

Y comprendió, sin palabras, que la cacería por su pasado apenas comenzaba.

Un golpe seco contra la puerta lo paralizó: alguien venía, y llevaba la sombra de Lorian Vyx en su mirada.

¿Era la última apuesta o su final?

La vela se extinguió, y la niebla tragó cada sonido.

Al borde del abismo, la pregunta retumbaba con fuerza mortal:

—¿Qué precio estás dispuesto a pagar por un fragmento más de tu identidad?

La respuesta aún latía en silencio.

Fin del Capítulo 10.