NoveliqaRenacer del Siniestro: El Imperio del Submundo / La alianza peligrosa :0%
Log in

Chapter 11

La alianza peligrosa

Capítulo 11 La alianza peligrosa

El estruendo del disparo retumbó como un eco de acero en la oscura bóveda del callejón. El aire se volvió denso, frío, y un silencio cortante cayó como una losa sobre todo. Alejandro sintió la quemadura en su hombro, un fuego voraz que explotó bajo la piel, extendiéndose como veneno. El mundo se ralentizó: sus pupilas se clavaron en la sombra que desaparecía acelerada entre los contenedores oxidados.

Soltó un jadeo seco, el sabor de la muerte rozando su lengua. Los dedos buscaban desesperados debajo de la chaqueta, palpan sin tregua la mancha caliente que crecía. Sin pensarlo, se apoyó en la fría pared de ladrillos sucios, la espalda pegada a la humedad, intentando contener el mareo que amenazaba con hacerlo caer.

“Maldito bastardo...” masculló, con la voz áspera, entre cortada por el dolor y la rabia.

Pero no había tiempo para lamentaciones. El eco de pasos rápidos truncó su caos interno. El corazón le golpeaba el pecho con fuerza brutal, sintiendo la amenaza acechar en cada sombra.

—¿Alejandro? —la voz rasposa pero urgente emergió desde la penumbra. Un hombre apareció, cuyos ojos ardían con una mezcla de interés y cautela.

Era Víctor “El Halcón”, antiguo rival de Alejandro. El enemigo de tantos enfrentamientos de poder, aquel que había ayudado en ocasiones a Luciano de la Cruz y que, a la vez, siempre había tenido cuentas pendientes con ‘El Sombra’.

Alejandro enderezó el torso con esfuerzo, sosteniendo la mirada. El dolor electrizante del disparo no era rival para su voluntad férrea.

—Tanto tiempo, Víctor. ¿Vienes a matarme o a rematar la faena?

Víctor sonrió con una mueca que no alcanzaba sus ojos. Avanzó con pasos medidos, sin mostrar arma, pero sin bajar la guardia.

—Ni una ni otra. Vengo a ofrecerte algo que ninguno de los dos esperaba.

Alejandro entrecerró los ojos, cada músculo en alerta máxima. Sabía que ningún gesto suyo podía permitirse el lujo del error. Había sangre sobre la mesa. Y la única moneda válida entre ellos era la traición.

—Habla rápido, que el tiempo no perdona a ninguno.

—Luciano está jugando una partida más peligrosa de lo que imaginas. Ha movido fichas que ni tú ni yo habíamos anticipado. Tiene policías, mercenarios, aliados en las alturas que están encendiendo la ciudad como una pólvora en manos de niños.

El tono de Víctor era sombrío, cargado de un respeto forzado e incómodo. Alejandro sintió cómo un frío indecible le recorría la espalda. El enemigo que se le presentaba ya no era solo un hombre: era un monstruo con tentáculos por todas partes.

—Estoy herido, maldito traidor —resopló Alejandro—. ¿Y qué crees? ¿Que puedo bailar a tu ritmo ahora?

—No hay baile, solo supervivencia. Te necesito, y tú necesitas sobrevivir. —¿Por qué te creo? —La pregunta quemaba, gruesa, llena de escepticismo.

Víctor deslizó un pequeño sobre negro hacia él. Alejandro palideció ante el peso del mensaje implícito. Dentro había información codificada sobre los movimientos de Luciano, sus cambios de base, y, lo peor: una lista con nombres que significaban muerte segura si no se actuaba rápido.

Los ojos de Alejandro recorrieron esa verdad a punto de estallar. Cada nombre, un enemigo potencial. Cada movimiento en falso, una condena segura.

—Esta es la única jugada que queda —continuó Víctor—. Unidos contra Luciano. Porque si no, ninguno de los dos verá el amanecer.

Un momento eterno se apoderó de la escena. El zumbido lejano de sirenas rompía la quietud, mientras la herida comenzaba a arder más con cada latido. Alejandro apretó los dientes. Su mirada afilada se cruzó con la calculadora de Víctor, que escondía tras su sombra la misma incertidumbre.

—¿Te gustaría ser rey de este imperio? —La pregunta rompió el hielo. Él sabía la respuesta. No buscaba coronas prestadas ni pactos débiles. Pero el orgullo no siempre podía guarweaponed con la vida misma.

Alejandro vaciló, sus dedos cerrándose alrededor del sobre.

—Si esto funciona... —la voz apenas un susurro—, sólo por esta vez, lucharemos juntos.

Víctor asintió con una pequeña sonrisa que no alcanzó a disipar sus cicatrices.

—Pero las armas y las espaldas listas: uno de los dos morirá traicionado.

El callejón parecía estrecharse, como si la noche misma lo observase, expectante y cargada de presagios.

Un ruido sutil detrás de ellos hizo que ambos giraran al unísono. La neblina regalaba una sombra más. Algo se movía en el límite de sus sentidos, oculto.

Alejandro nuca bajaba la guardia. El pulso disparado y la piel erizada temblaban con la certeza de que esta alianza era tan mortal como el disparo que le quemaba el hombro.

—¿Me seguirás hasta el fin, o sólo quieres usarme para tu beneficio? —preguntó Alejandro, la voz quebrada, entre ira y cansancio.

Víctor no respondió. Sólo extendió su brazo con un gesto firme, una señal silenciosa que era tanto una promesa como una amenaza.

—De este lado, al menos, mantendrás mi espalda. Alejandro apretó la mano de Víctor, notando el frío de los huesos bajo la carne.

En la penumbra, la pregunta se hacía insoportable: ¿Podría confiar en él? ¿O simplemente era otro juego de sombras, otro cuchillo listo para hundirse en la espalda?

Una ráfaga de viento levantó un papel viejo de la calle, arrastrándolo hasta sus pies como un presagio funesto.

El destino de ‘El Sombra’ pendía de un hilo más tenue que nunca.

Y afuera, la ciudad seguía ardiendo, indiferente.

El reloj marcaba el inicio de una alianza que podía salvarlos.

O destruirlos para siempre.

---

¿Conseguirán sobrevivir juntos a la tormenta que se avecina... o será el pacto la trampa definitiva?