Chapter 10
Capítulo 10 Fragmentos de verdad
El eco sordo de aquella pregunta no lo abandonaba. Alejandro ‘El Sombra’ Vargas respiraba con dificultad, como si el aire mismo se hubiera vuelto una sustancia viscosa, pegajosa, que le impidiera exhalar la idea más mínima sin asfixiarse. Sus ojos, acostumbrados a la penumbra y a la violencia, ahora navegaban sin rumbo en la habitación oscura del piso 13, donde una lámpara de neón parpadeante desdibujaba las paredes agrietadas y el olor a humedad mezclado con sudor rancio impregnaba su piel.
Se sentó sobre la madera crujiente de la vieja mesa frente al único ordenador encendido, cuyo brillo cadavérico reflejaba una red de nombres y conexiones en la pantalla. Un mapa digital del submundo; pero no una cualquiera, era un tejido de puntos y líneas tan complejo que parecía un monstruo hendiendo el alma de la ciudad. Allí estaban los traficantes, policías corruptos, asesinos y, ocultos entre sombras, los verdaderos titiriteros.
Alejandro apretó el puño hasta que los nudillos se le blanquearon. "¿Quién… quién ha sembrado esta sombra entre sombras para atraparme?" murmuró al aire, sin esperanza de respuesta.
Un ruido seco lo hizo sobresaltarse. La puerta se entreabrió sin un sonido fuerte pero con suficiente presencia para que sus sentidos se activaran al instante. La figura que se deslizó en la habitación llevaba un abrigo largo, oscuro, y una capucha que ocultaba la mitad de una mandíbula marcada, una cicatriz apenas visible cuando la luz se detuvo un instante en su rostro.
—No estás tan solo, Alejandro —dijo la voz, grave, cargada de un peso que cortaba el aire—. Pero las piezas que mueves, no son tuyas.
El ‘Sombra’ frunció el ceño, estudiando aquella silueta, el intruso. El misterio lo envolvía, una vez más, desafiándolo a un juego que parecía demasiado grande para él.
—¿Quién eres? —exigió, mientras se ponía de pie con la rapidez que le daba la costumbre de la calle.
—Soy alguien que sabe lo que tú todavía no quieres ver —respondió la figura, y a esas palabras Alejandro le recorrió un escalofrío frío, como la caricia helada de la muerte misma.
—Entonces, hablas en acertijos para llevarme directo a la trampa —susurró, una mezcla de rabia y desconfianza cerniéndose sobre su voz.
La figura soltó una risita seca, irónica.
—No. Hablo de la verdad. De algo que ni siquiera Luciano conoce, aunque él se esfuerce por mantenerlo oculto.
El nombre del enemigo, Luciano De la Cruz, hizo arder la mirada de Alejandro. Aquella reunión era un campo minado, y cada palabra una explosión potencial.
—Habla —ordenó, endureciendo su postura.
La figura se acercó y, con un movimiento rápido, retiró la capucha. Reveló a una mujer, su cabello negro caía en cascada desordenada y sus ojos ardían con una inteligencia salvaje.
—Me llamo Lorena. Trabajo en las sombras hace años —continuó—. No por poder o dinero, sino porque esta ciudad está siendo movida por hilos mucho más oscuros de lo que imaginas. No sólo Luciano juega a ser rey… hay una sociedad secreta. Una hermandad que controla todo desde detrás del telón. Son quienes realmente deciden quién vive, quién muere, quién domina.
Alejandro apoyó los codos en la mesa, mascullando para sí la información como si protegiera un secreto aterciopelado pero letal.
—Una hermandad… ¿Qué prueba tienes? —preguntó, sin perder la guardia.
Lorena sacó un dispositivo USB y lo deslizó con cuidado sobre el tablero.
—Esto contiene datos, correos, grabaciones. Todo lo que pude extraer antes de que intentaran eliminarme. En ellas verás que Luciano no es el cerebro, sino sólo un peón, igual que tú.
El ‘Sombra’ tomó el pendrive con dedos temblorosos. La idea de ser una pieza en un juego mayor le arrancaba el orgullo como un puñal silencioso, pero había que enfrentar la verdad para sobrevivir.
—¿Por qué debería creer en ti? —preguntó.
Lorena se encogió de hombros, y un tinte triste comenzó a teñir su rostro.
—Porque en este mundo, todos están jugando a una perfección ilusoria. Y porque no hay nada más peligroso que el que despierta y ve que todo es manipulación. Eso, Alejandro, es la única verdad que me queda.
A un costado, el teléfono vibró. Una notificación simple, un mensaje cifrado. Alejandro lo abrió y sus dedos palidecieron.
- "No confíes en nadie. El fin está más cerca de lo que imaginas."
Su mirada se clavó en Lorena.
—¿Quién lo envió? —inquirió.
La mujer no respondió. En cambio, su rostro mutó, un rastro de miedo atravesando sus pupilas.
—Lo que viene no es solo una guerra de poder. Es la batalla por el alma de esta ciudad. Y creo que tú ya estás más involucrado de lo que crees.
Un golpe seco resonó en la puerta del apartamento. Los músculos de Alejandro se tensaron al instante, el instinto de supervivencia gritando en cada fibra. La sombra creció en la habitación.
—¿Quién anda ahí? —rugió, acercándose al umbral.
Nadie respondió, pero la puerta comenzó a abrirse, lentamente, como una boca infernal dispuesta a devorarlos.
Y en ese instante, como un relámpago que partía la noche en dos, una voz fría y familiar se deslizó entre la penumbra, susurrando:
—El juego apenas comienza, Sombra. ¿Sabes realmente en qué te has metido?
Alejandro apretó los puños. El mundo a su alrededor se desmoronaba, y la batalla por su alma apenas había empezado.
La puerta se abrió de golpe.
Y un disparo retumbó, congelando el aire en mil astillas.
...