NoveliqaReencarné en el Último Pecado del Reino y No Pienso Morir Sin Venganza / El rostro de una traición :0%
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Chapter 7

El rostro de una traición

Capítulo 7 El rostro de una traición

El eco del metal contra el suelo resonó con un estridente pulso en la cámara oscura. La luz del crepúsculo que aleteaba tras las pesadas cortinas apenas alcanzaba a iluminar el rostro pálido de Álvaro Cael, cuyos ojos ardían con una mezcla de horror y revelación. Su respiración, entrecortada y húmeda, formaba nubes que se desvanecían como fantasmas en el ambiente gélido.

Habían sido unas palabras, un gesto apenas perceptible, tan sutil que su mente luchaba por aceptarlo. Pero ahora, la pesada certeza se aferraba a él con uñas de acero: la traición no venía desde fuera, no de sus enemigos declarados, sino desde alguien que llevaba su nombre en la misma sangre.

Álvaro apretó los puños. La madera sólida bajo sus nudillos comenzó a astillarse, pero el dolor físico no alcanzaba a calmar el volcán de dudas que rugía en su interior. “¿Por qué?” La pregunta reverberaba en la habitación. “¿Quién te ha vendido a la oscuridad? ¿Quién juega con mis secretos como si fueran simples fichas de un tablero?”

Una sombra se deslizó a través de la entrada, silente y calculada. Fue un movimiento tan efímero que podría haber sido parte de la misma noche. Pero el príncipe no necesitó girarse para saber que no estaba solo.

—No eres el único con cartas escondidas —susurró una voz temblorosa, tan cercana que el aliento del interlocutor rozó su nuca.

El cuerpo de Álvaro se tensó, un hilo de alerta recorriéndole la columna. La espalda le quemaba bajo el peso de la verdad que había empezado a desentrañar. Finalmente, giró lentamente.

Fue entonces cuando la reconoció. No la figura, ni la sombra esquiva, sino los ojos que lo miraban con una mezcla devastadora de miedo y resignación. Los ojos de Liora.

—Siempre supe que esta noche llegaría —dijo ella, su voz quebrada como cristal bajo presión—. Pero jamás pensé que tendría que traicionarte, Álvaro.

Un frío sacudió el corazón de Álvaro. La noble Liora, la amiga de la infancia, su confidente más cercana, la única alma en la oscura corte en quien él creía poder confiar. Allí estaba, temblando, atrapada en la red de una lealtad dividida.

—¿Traición? —la pregunta fue una sombra de incredulidad—. ¿De verdad lo crees, Liora?

Ella bajó la mirada, el brillo de sus lágrimas apenas visible bajo la pálida luz. Pero la verdad escapó de sus labios con tajante claridad.

—No lo hago por odio. Lo hago para salvarte, aunque no lo entiendas aún... Para salvarte de los errores que otros no quieren que descubras.

Álvaro retrocedió un paso, el dolor surcando su voz.

—¿Qué errores? ¿Y a qué precio?

Un silencio denso los envolvió, pesado como una tormenta lista para estallar. Ambas almas atrapadas en un duelo invisible, marcado por promesas rotas y secretos sellados con sombras.

Entonces, la puerta chirrió con un golpe seco. Ambos giraron hacia la entrada.

Un mensajero, pálido y jadeante, entregó un pergamino sellado. Sin mediar palabra, sus ojos temblorosos buscaron los de Álvaro, sugiriendo que el contenido era peor que cualquier traición confesada.

—Esto... acaba de llegar —dijo el joven, con voz estrangulada—. De parte de Lord Mairon Vell.

Lenta y cuidadosamente, Álvaro rompió el sello. Su corazón palpitaba con la furia y la ansiedad de mil tempestades. El pergamino desplegado mostraba un mensaje escrito con tinta negra y siniestra:

“El amanecer revelará quién ha traicionado primero; la daga del amigo será más cruel que la del enemigo.”

Liora inhaló con violencia, y sus manos se alzaron como para contar mentiras y verdades a la vez. Álvaro sintió cómo el mundo a su alrededor se deshacía en fragmentos irreparables.

¿Quién traicionaría antes: amigo o enemigo?

El silencio se hizo grito.

Y la noche moría todavía más oscura.

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Continuará...