Chapter 6
Capítulo 6: Secretos en la biblioteca prohibida
El eco sordo de sus pasos golpeaba la piedra fría del pasillo mientras Álvaro Cael se alejaba del lugar de la emboscada. Su respiración era una marea irregular, profundo rugido y cortos jadeos que se entrelazaban con el silencio pesado que le envolvía. El sabor metálico de la sangre aún anidaba en la comisura de sus labios, recuerdo de un corte en la ceja que no era más que un rasguño al lado de la herida interna más profunda: la traición.
El reino lo había abandonado, sí. Pero aún había algo que podría salvarlo. Algo enterrado en símbolos tan antiguos y prohibidos como la sombra misma del pecado que cargaba: la Biblioteca Prohibida.
Dos puertas de roble desvencijadas se alzaban ante él, envueltas en un aire de misterio intangible, casi como si el mismo tiempo se hubiera detenido para proteger aquel lugar. No era la primera vez que se aventuraba allí, pero nunca con un propósito tan urgente ni con las heridas frescas tallando su cuerpo y alma. Por un instante, la memoria afilada le recordó la conversación con la anciana bibliotecaria—susurros velados, advertencias que ahora palpitaban como un tambor de guerra.
Con una mano temblorosa pero decidida, tocó el hierro frío de la aldaba y empujó la puerta. El chirrido resonó como un grito condenado, despertando el polvo que danzaba sobre rayos de sol que se colaban entre las rendijas de las ventanas altas. Allí dentro, el aire era denso, cargado con el aroma de pergaminos añejos, de tinta desvanecida y de secretos que no deseaban ver la luz.
Sus pasos buscaron un refugio entre estanterías torrescas que parecían retarse a alcanzar las alturas del castillo mismo. Álvaro rozó con los dedos los lomos de libros cubiertos de polvo; cada uno era un eco de épocas olvidadas, de magias prohibidas y verdades censuradas.
“Debe haber algo…”, murmuró, su voz un hilo cortado por la gravedad del momento. La biblioteca se transformaba en un santuario silencioso, y sin embargo, cada sombra parecía observarle con ojos invisibles, juzgando su presencia.
Sus manos temblorosas se detuvieron sobre un estante escondido tras una escalera de mano. Allí, bajo una capa de polvo detenido en el tiempo, encontró un tomo encuadernado en cuero oscuro, con runas doradas que chispeaban débilmente bajo su tacto. El título casi ilegible decía: “Los Pecados Raíz y el Legado Arcano de Eldoria”.
Sintiendo un frío que no tenía que ver con la piedra, Álvaro abrió el libro con la delicadeza de quien sostiene un corazón al borde de la muerte.
Páginas enrolladas en ocres y sepias se desplegaron ante él. Textos arcanos, dibujos de bestias míticas, sellos mágicos y relatos de traiciones ancestrales se entrelazaban. La historia que él había vivido, la caída de su familia, parecía narrarse en esos manuscritos. La magia prohibida, reprimida por miedo, servía como hilo conductor de un pasado que alguien había querido borrar.
Mientras leía, el silencio se rompió con el leve susurro de una brisa que parecía surgir de ningún lado, levantando arrugas en las páginas como dedos invisibles inquietos.
De pronto, algo llamó su atención: un símbolo tallado en la pared, muy parecido a los sellos del libro, casi imperceptible tras capas de pintura y polvo. Sin pensarlo, acercó la palma y tocó el grabado.
Un calor súbito, como un latido vivo, recorrió su brazo y el relieve comenzó a emitir un fulgor azul intenso que iluminó la estancia. El suelo tembló hasta los cimientos, y la estantería delante de él comenzó a moverse lentamente, revelando un pasaje oculto que se abría a la oscuridad absoluta.
El corazón de Álvaro, cargado de mil historias y deseos quebrados, se aceleró hasta el límite de la razón.
Un murmullo contenido, profundo y cavernoso, brotó del umbral y una voz que parecía venir de otro tiempo susurró sin palabras, sólo con la fuerza de un juramento invisible.
Álvaro retrocedió un paso, miró la apertura que parecía tragarse toda la luz, y la tensión se cortó en el aire como una daga afilada.
Entonces, justo cuando sus dedos aún rozaban la piedra luminosa, una sombra proyectada por la velada puerta secreta se alzó detrás de él.
—No estás solo, Cael —dijo la voz, helada y cargada de peligro—. Y ahora todas las piezas del juego están por caer.
Su aliento se congeló en la garganta, mientras el brillo bastaba para revelar algo que, hasta ese instante, había permanecido escondido.
El pasado y el futuro se abalanzaban sobre él.
Y la noche apenas comenzaba.
---
Continuará...