Chapter 16
Capítulo 16: El exilio reconocido
---
El sol agonizaba detrás de la montaña, pero en la sala del consejo la luz no menguaba, sino que se tornaba aún más amarga.
El eco de aquellas palabras, pesadas como cadenas, seguía vibrando en el aire. La puerta, aún temblando de los fuertes golpes, parecía un muro infranqueable de verdad y mentiras.
Álvaro permanecía reclinado contra el respaldo de la silla, su respiración cincelando su rostro pálido. Los dedos le temblaban, pero no por miedo. Era la mezcla cruda entre esperanza y furia que se incubaba en su pecho.
—¿Quién... quién dijo eso? —su voz apenas era un susurro cortado—. ¿Hay otro heredero? ¿Un legítimo? ¿En serio?
Los ojos de los consejeros no se atrevieron a encontrarse con él. Mairon Vell, a un lado, mantenía la misma sonrisa helada, pero sus manos apretaban el puño bajo la mesa.
Empezó a palpitar en Álvaro la tormenta silenciosa de respuestas que llevaba años buscando; el polvo acumulado y las sombras ocultas de su propia historia.
—¡Alto! —exigió el anciano Maestre Helgrim, la voz cargada de un autoritarismo venido de décadas de estar cerca del trono—. No seamos presas de fantasías ni herejías.
Un suspiro afilado se deslizó desde la puerta abierta, y una figura apareció en el umbral. Era Mara, la guardiana de la biblioteca real, con la túnica arrugada y el rostro curtido por noches sin descanso.
En sus manos llevaba un pergamino enrollado, siglos viejo, cubierto de escribanía olvidada y hierbas secas aún olorosas a musgo.
—Encontré esto... —dijo, la voz entrecortada, pero firme—. Está en el archivo prohibido. Parece un decreto oculto, firmado por el rey anterior, que habla de un heredero desterrado.
El silencio se hizo tan espeso que cada respiración parecía un susurro.
—¿Un heredero desterrado? —preguntó Álvaro, acercándose lentamente—. ¿De quién habla?
Mara desenrolló el pergamino con cuidado y leyó con voz grave, cada palabra calando profundo.
«Por decreto real, en nombre del reino de Eldoria, se destierra del linaje al príncipe Thalen, primogénito y legítimo sucesor. Por actos que manchan el honor de la corona, queda confinado en tierras lejanas, bajo la vigilancia eterna de la Orden Esmeralda.»
La sala se deshizo en murmullos y miradas desconfiadas. Álvaro apenas podía creer lo que escuchaba: un heredero legítimo desterrado, ocultado de la historia oficial.
—Esto explica tantas cosas —soltó al fin, como si la verdad quebrase el aire en mil pedazos—. Mi caída no fue azar. Alguien reescribió las reglas mientras yo dormía en prisión.
Lord Mairon, ya sin poder ocultar su irritación, se puso de pie con violencia.
—Esos documentos son falsos. Intentan sembrar dudas para que los enemigos del reino dividan desde dentro.
Álvaro alzó la mirada, su alma encendida por la posibilidad de una venganza que iba más allá de su propia injusticia.
—¿Y si es cierto? —replicó—. ¿Si existe ese heredero y aún está vivo? No puedo permitir que esta mentira nos destruya, pero tampoco que el exilio de esa sangre se mantenga en la oscuridad.
Un silencio denso cubrió la habitación.
Mara fue la primera en romperlo, mirando fijamente a Álvaro.
—Debe existir una manera de traerlo de vuelta sin que todo Eldoria arda en guerra.
—¿Será posible? —preguntó el joven príncipe, con la voz cargada de una mezcla de temor y esperanza—. ¿Puedo encontrar al verdadero heredero sin desatar el caos que tanto tememos?
Una sombra cruzó la ventana. El crepúsculo se volvió un escenario incierto, y las palabras dejaron de fluir.
El sonido de un leve crujido detrás de ellos los alertó, y la puerta se cerró de golpe.
La oscuridad envolvió la sala y, con ella, la promesa de que las respuestas serían más peligrosas que las preguntas.
---
[CONTINUARÁ]