NoveliqaReencarné en el Último Pecado del Reino y No Pienso Morir Sin Venganza / La magia prohibida y su precio :0%
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Chapter 14

La magia prohibida y su precio

Capítulo 14 La magia prohibida y su precio

El eco del golpecito contra la madera reverberaba aún en sus oídos, quebrando el silencio que lo envolvía. Álvaro sintió cómo un frío seco le arañaba la nuca, una alerta que se extendía como veneno hacia las puntas de sus dedos.

La habitación despintada que le había servido de refugio durante la última semana parecía encogerse, sus sombras cobraban vida y bailaban al ritmo irregular que le dictaba un pulso acelerado.

—No estás solo —susurró él, sin voltear.

La voz no era ni un susurro ni un grito, sino un murmullo áspero que parecía salir de la penumbra misma. Su respiración, contenida y afilada, rozó contra sus labios secos cuando el brillo de algo frío apareció: la punta aguda de una daga reflejaba la tímida luz del fuego que apenas agonizaba en la esquina.

Se impulsó hacia adelante, sacando una runa de ébano que llevaba oculta en la manga. El símbolo, tallado con esmero y cargado con la esencia efímera de un conjuro ancestral, comenzó a titilar con un fulgor azul eléctrico.

Álvaro apretó los dientes, consciente del riesgo que corría. La magia antigua, aquella que la Corona había prohibido profanamente tras la Gran Purga, era un arma de doble filo: otorgaba poder, sí, pero a un costo que pocos estaban dispuestos a pagar. O que no podían siquiera imaginar.

Con un suspiro tembloroso, palabras salieron de sus labios, arrastrando sílabas olvidadas en lenguas que agrietaban el alma. Un viento oscuro se levantó en la habitación, enroscándose entre sus huesos con un frío escarchado.

—Por el fuego que quema sin consumir y el hielo que no deja respirar —murmuró—, que en este instante el velo se parta.

Una explosión de energía lo envolvió. Sus ojos, antes opacos por la fatiga, ahora brillaban con una intensidad punzante, como si un relámpago arcano latiera dentro de ellos. El aire vibró con potencia, la presión aumentó, y la daga que había tantas veces cruzado su camino quedó suspendida, inmóvil, atrapada en un campo invisible.

Pero entonces, el agonizante calor en su pecho se convirtió en un torbellino de dolor. Sus rodillas se doblaron y un sabor amargo y metálico inundó su boca. No era solo el esfuerzo físico: algo dentro de él se fracturaba, una parte oscura que nunca antes había permitido despertar.

Fuera, los murmullos se hicieron más cleares. Voces graves, retorcidas por el odio y la desesperación, se acercaban. ¡Ya no había tiempo!

Álvaro reunió el último vestigio de voluntad. Dejó que la magia prohibida se filtrara, no solo para protegerlo de sus enemigos inmediatos, sino para abrir un camino —un atajo oscuro entre las sombras— desde el que pudiera observar sin ser visto.

Sus sentidos se agudizaron al máximo. Sintió acercarse el aliento de quienes lo acechaban, voces que discutían la estrategia para cazarlo vivo, para callar para siempre al último Pecado del reino.

Pero la magia no era gratuita. Como un espejo empañado, el rostro del príncipe se distorsionó dentro de la negrura que abrazaba su ser. Sus manos temblaban con una fuerza extraña, y su corazón palpitaba acelerado, pero no solo por el miedo o el esfuerzo: una parte de él se apagaba con cada pulso, como si este conjuro arrancara más que energía del cuerpo.

“¿Qué estás dispuesto a pagar por sobrevivir?” Esa pregunta resonaba ahora tan vívida como el filo congelado de la daga.

Un brillo feral apareció en sus ojos, y una risa áspera, casi inhumana, escapó de sus labios entrecerrados. No podía permitirse detenerse. No ahora que la verdad comenzaba a asomarse, no cuando la caída de su familia aún ardía fresca en sus entrañas.

De pronto, una sombra emergió de la entrada, alta, envuelta en un manto rojo oscuro, su presencia suficiente para hacer temblar incluso la energía que flotaba en torno a él.

—¿Creías que la magia prohibida sería solo un recurso? —la voz cascada de Mairon Vell alcanzó el umbral, dibujando una sonrisa cruel—. Toda deuda termina cobrándose, príncipe. Y pronto comprenderás qué precio pagas realmente por romper estas reglas.

El aire se cargó, denso y pesado, como antesala de una tormenta catastrófica. Álvaro, aún arrodillado, sintió cómo la oscuridad recorría su sangre. La daga no era la única amenaza: la verdadera batalla estaba dentro, en ese espacio donde los límites del poder y el sacrificio se confundían.

El murmullo de un viento helado levantó una cortina de polvo. Bajo ese manto apenas visible, el Príncipe exiliado comprendió que, más allá de la supervivencia física, el costo de invocar la magia prohibida podría devorar mucho más que su carne.

Las sombras se cerraron en torno a ellos mientras las luces crepusculares cedían ante el avance inexorable de la noche, y una sola pregunta punzaba en su mente:

¿A qué abismo habrá abierto la puerta con este conjuro?

En el silencio roto solo por el latido acelerado de su corazón, Álvaro se preparó para lo que vendría, sintiendo el dolor y la transgresión arder a cada respiración... justo antes de que la primera palabra de la sentencia silenciosa, aquella que determinaría su destino, se pronunciara.

—El precio… acaba de comenzar.

Y entonces, todo quedó en sombras.

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[CONTINUARÁ]