NoveliqaReencarné en el Último Pecado del Reino y No Pienso Morir Sin Venganza / El encuentro con Lord Mairon :0%
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Chapter 10

El encuentro con Lord Mairon

### Capítulo 10: El encuentro con Lord Mairon

El silencio que siguió al latido sombrío se deshizo en un susurro crepitante, tan frío y denso que el aire pareció cristalizar a su alrededor. Los destellos de energía arcana pendían suspendidos, zigzagueando como relámpagos atrapados en una red invisible. Álvaro sintió que el suelo bajo sus pies vibraba con fuerza implacable, el suelo del antiguo templo olvidado, ahora teatro de un encuentro que desgarraría el destino del reino.

—¿Crees que puedes desafiar mi designio? —la voz de Lord Mairon surgió de las sombras como un alarido contenido, cada palabra un filo helado que cortaba el aire.

El príncipe giró, su capa arrastrando polvo y cenizas mientras el fulgor crepuscular danzaba frenético entre los muros corroídos. Allí, emergiendo de las tinieblas, estaba Mairon; su figura imponente dominaba la estancia, y un resplandor rojo, inquietante, bailaba en sus ojos como brasas vivas.

—No estoy aquí para tus consignas —tosió Álvaro, su voz rasgada por la mezcla de rabia y agotamiento—. Señor de las mentiras, sé más de ti que lo que imaginas. No me temes, porque ninguna de tus amenazas cambiará el pasado condenado.

Mairon esbozó una sonrisa torcida, casi burlona, que hizo que un escalofrío ascendiera por la columna vertebral del príncipe. Su mano se alzó, y un cristal oscuro flotó desde las sombras, girando y pulsando con un ritmo propio.

—¿Negación? Interesante. Pero yo, Cael, controlo no solo este reino... sino las hebras oscuras del destino, los lazos de la reencarnación misma.

La habitación pareció encogerse, como si la gravedad misma se doblara a voluntad del señor oscuro. Las paredes susurraban antiguas cánticos prohibidos, desterrados del recuerdo, pero que ahora vibraban con ominosa claridad.

—¿Cómo? —la pregunta escapó de los labios de Álvaro, su cuerpo tensándose para percibir cada matiz del poder que le envolvía.

Mairon dio un paso adelante, la sombra de su capa ondulando como un mar tempestuoso.

—Este cristal —extendió el objeto ante los ojos de Álvaro— alberga un fragmento de la esencia primordial, la fuente de toda vida y muerte en Eldoria. No es solo un prisma, sino la llave para reescribir tu historia, desterrar el pasado y moldear futuros.

Álvaro sintió un frío brutal cortar el aire. El eco de sus ancestros resonó en su mente, voces silenciadas por traiciones, juramentos rotos, y cargas impuestas por un pecado que él nunca cometió. El príncipe cerró los ojos por un segundo, respirando con fuerza. Cuando los abrió, había una determinación abrasadora.

—Nunca permitiré que tu oscuridad borre la verdad —prometió con voz firme.

De repente, un estruendo sacudió el suelo, como si la misma tierra implorara clemencia. La energía que Mairon emanaba se extendió en oleadas, una tormenta de luz y sombra entrelazadas que parecía desgarrar el tiempo.

—Mira —dijo Mairon con una lentitud calculada— cómo el destino se pliega ante mi voluntad.

Álvaro alzó la vista justo a tiempo para ver el aire fragmentarse, como si la realidad ondulara ante sus ojos. En el centro del templo, una figura lancinante, envuelta en llamas azules, comenzó a materializarse. El espectro tenía rasgos vagamente familiares, un reflejo distorsionado de alguien que debería estar muerto.

—¿Quién...? —la palabra quedó trunca, un nudo de emociones lo bloqueaba.

Mairon alzó una ceja, disfrutando el desconcierto del príncipe.

—Tu reencarnación no fue un error, Álvaro. Fueron mis manos las que tejieron tu hilo vital, y serán las mismas las que decidirán si sobrevives o pereces.

Un instante congelado, la línea difusa entre lo posible y lo imposible se tensaba hasta el quiebre.

El príncipe apretó los puños, la electricidad de la arcana reprimida palpitando bajo su piel.

—Entonces dime —exigió—, ¿cómo puedes manipular el destino y controlar la reencarnación?

Mairon sonrió, un gesto que prometía tormento y revelaciones.

Susurró, como dando una última instrucción antes de hundirse en la oscuridad:

—Porque en Eldoria, el verdadero pecado no es morir, sino olvidarse de quién eres. Y yo... controlo ese olvido.

Un golpe seco resonó en la puerta del templo. Las miradas se cruzaron en un instante lleno de amenaza y desafío.

El aire se volvió pesado, cargado de presagios.

El destino, por fin, había decidido.

Y la verdad, cruel y dentada, comenzaba a emerger entre las sombras.

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¿Quién estaba al otro lado de aquella puerta? ¿Podría Mairon doblegar la voluntad de Álvaro, o acaso esta sería la chispa que encendiese la rebelión definitiva?

El viento nocturno aulló, y la reencarnación aguardaba, temblorosa y despiadada.