NoveliqaRecuerdos Sombríos: El Eco del Olvido / Ecos del Pasado :0%
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Chapter 2

Ecos del Pasado

Capítulo 2: Ecos del Pasado

El eco de los pasos se esfumó tras la puerta cerrada, pero su sombra persistía en el aire viciado de la habitación.

Lucas cayó lentamente contra el respaldo desvencijado del sillón, la nota arrugada aún aferrada entre sus dedos temblorosos. El pulso le martillaba en las sienes, un tambor parcial y desbocado que parecía apuntar hacia todo y nada a la vez.

El papel le quemaba. No por el frío de la tinta ni por la humedad que se condensaba en el salón mal iluminado, sino por la carga invisible que esa letra contenía. La verdad que amenazaba con desgarrar los muros invisibles que mantenían su mente en jaula.

El silencio, entonces, fue un puñal frío que le trajo un torbellino de imágenes que no estaba seguro de reconocer como propias.

— No... —murmuró con un suspiro rasposo, más para él que para el aire áspero que lo rodeaba—. No puedo recordar...

Sus ojos se clavaron en el marco polvoriento que colgaba torcido sobre la chimenea apagada. Allí, sobre la mesa desvencijada, había algo que había encontrado minutos antes, un objeto pequeño pero extraño entre la maraña de papeles y cables rotos: una fotografía con los bordes quemados, extrañamente incompleta.

Se acercó vacilante.

La imagen era borrosa, apenas un molesto susurro de gris y sombras, pero Lucas distinguió dos figuras. Un hombre, y… una mujer. Sus rostros estaban parcialmente rasgados, como si alguien hubiera arrancado el pasado de un solo tirón.

El corazón le brincó.

Intentó frotar con el pulgar la superficie arrugada, pero en vez de revelar más, las sombras se oscurecieron, como mordidas por una boca invisible que reclamaba silencio.

Caía un silencio denso y casi tangible, pesado como el oxígeno podrido de un sótano olvidado.

Un escalofrío le recorrió la espalda, alzándose en una cadena helada que caló hasta en sus huesos.

Era una sensación conocida, aunque su mente la rechazaba con violencia —un torbellino de miedo, culpa y una tristeza viscosa.

La imagen lo llamaba.

Pero, ¿de dónde venía ese llamamiento? ¿Qué demonios había entre aquellas sombras mutiladas?

Lucas apretó la foto contra el pecho y apoyó la cabeza en la pared cubierta de polvo. Cerró los ojos con fuerza, intentando encontrar un refugio en aquella oscuridad que parecía extenderse tanto dentro de su mente como fuera.

Un golpe seco lo sobresaltó. Volvió a abrir los ojos con brusquedad.

La puerta del cuarto estaba entreabierta.

Por debajo se colaba un rayo de luz de neón parpadeante de la calle. Alguien había estado allí. O tal vez seguía estando.

El sonido de un suspiro sutil, casi imperceptible, le heló la sangre.

Se arrastró hasta la puerta, con movimientos medidos y lentos, la foto aún oculta en la palma del puño.

— ¿Lucas? —una voz ronca pero suave, cargada de una tensión que rasgaba el aire—. No deberías estar aquí.

El nombre golpeó sus oídos. Era extraño y familiar a la vez. Casi lo desgarraba.

— ¿Quién eres? —balbuceó más por temblor que por voluntad.

— Alguien que está cansado de que olvides quién eres —respondió la voz, y una sombra se deslizó más allá del marco—. De que juegues con la verdad. De que pretendas no ver el desastre que dejaste detrás.

La sombra se acercó, y la luz reveló un rostro anguloso, marcado por una sonrisa torcida y unos ojos oscuros que parecían contener tormentas.

Sin pensar, Lucas retrocedió, tropezando contra la mesa.

En ese instante, la fotografía se deslizó de sus manos, cayendo al suelo con un golpe sordo.

El aire vibró con una tensión insoportable.

El hombre alzó la mirada hacia la foto arrugada, ahora iluminada por el resplandor azul de la calle.

Sus dedos se tensaron, y algo en su expresión cambió.

La respiración de Lucas empezó a acelerarse y sus manos temblaron como si la memoria misma se estuviera filtrando a través de su piel.

La sombra se detuvo. Un brillo cruel iluminó sus pupilas.

— Esa foto... —pronunció con voz áspera, una mezcla de advertencia y desafío—. ¿Sabes lo que contiene?

Lucas se agachó para recogerla.

Mientras sus dedos rozaban el papel, un recuerdo fragmentado irrumpió en su mente: un grito ahogado, un estruendo en la oscuridad, la sensación de caer, y ese rostro… esa sonrisa que ahora estaba frente a él.

Un nudo infeccioso se formó en el estómago.

Temblando, levantó la mirada y encaró la sonrisa oscura.

— ¿Qué quieres decir? —logró articular con un hilo de voz—. ¿Por qué me hace temblar esta foto?

El hombre avanzó un paso, y la puerta se cerró de golpe detrás de él.

Con un destello en sus ojos que prometía tormenta, dijo:

— Porque detrás de esa imagen está enterrado todo lo que estás intentando olvidar. Y esa verdad puede destruirnos a los dos.

Lucas sintió que el mundo se desmoronaba una vez más.

Su visión se nubló, la habitación giró, y la fotografía incompleta parecía arder en sus manos.

El eco del pasado rugía con fuerza.

Y él, atrapado en medio, sólo podía temblar.

La puerta siguió cerrándose con un portazo seco.

Entonces, la luz se apagó.

— ¿Quién eres realmente, Lucas? —susurró la oscuridad, engulléndolo.

Y en el absoluto silencio, sólo quedó el latido de un miedo antiguo, esperando despertar.