NoveliqaRecuerdos Sombríos: El Eco del Olvido / Fragmentos de una Vida Robada :0%
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Chapter 12

Fragmentos de una Vida Robada

Capítulo 12 Fragmentos de una Vida Robada

El reloj seguía su descenso implacable, sus segundos cayendo como gotas gélidas en un vaso ya agitado. El silencio que emergió tras aquella frase no fue tranquilidad, sino un vacío pesado, un hueco que apretaba las sienes de Lucas con una fuerza invisible.

Sus pulmones tiraban del aire con urgencia contenida, cada inspiración un rastro de tensión que quemaba su pecho. La sala, bañada en un gris apagado por la luz mortecina que se colaba bajo la puerta entreabierta, parecía retener la respiración junto a él.

Los ecos del susurro seguían reptando entre las paredes. Algo no estaba dicho; algo se negaba a callar.

Lucas se levantó del suelo con torpeza, su cuerpo aún vibrando con el eco de esos secretos apenas susurrados. Su mirada escrutó cada rincón, cada sombra que murmuraba promesas y amenazas.

Allí, escondido en un doble fondo de una vieja mesa de caoba que crujía bajo el peso de décadas, encontró un objeto que parecía abandonado por el tiempo: un diario, de tapas gastadas y páginas amarillentas, cerraduras oxidadas que guardaban con celo sus secretos.

El aire cambió en la habitación. Como si ese cuaderno encerrara no solo tinta y papel, sino el mismo aliento de una vida que Lucas no recordaba.

Con dedos temblorosos, apartó una capa de polvo y rompió el sello. La primera página reveló garabatos en tinta negra, letras apresuradas que parecían palpitar bajo la vista.

Cada palabra parecía un latido, un pedazo de un rompecabezas cargado de enigmas.

Las anotaciones estaban codificadas, una mezcla de símbolos y frases que chalearon su cerebro como un imán desconcertante.

Pero al avanzar lentamente, una frase desató un torrente en su mente:

“...Y si el espejo no refleja la verdad, ¿qué queda de aquel que siempre fue?”.

El corazón le agarró la garganta. El peso de esa línea fue una daga invisible, punzando recuerdos fragmentados como vidrios rotos.

Los párrafos siguientes se tornaron un laberinto de emociones y pistas: nombres que no eran suyos, fechas que no cuadraban con su realidad presente, rostros descritos en tinta que flotaban en la memoria sin rostro.

Pero entonces, una página desplegada desafiante brilló bajo la tenue luz. Un pasaje garabateado con mayor urgencia:

“Dorian... no debes volver. El pasado es un abismo que consume. La verdad que busco es una sombra que se arrastra, una cárcel sin paredes que me aprisiona cada vez que intento respirar.”

Lucas sintió un escalofrío: aquel nombre resonaba en su mente como un latido oscuro, el eco del enemigo que había estado rondando cada sombra de su noche.

El diario tembló en sus manos, la tinta parecía sangrar bajo su toque.

Sus ojos barreaban rápidamente el resto de la página hasta que una frase, escrita con pulso quebrado y casi ilegible, lo detuvo en seco:

“Si abro esta puerta, será el fin de mi control... y el principio de mi condena.”

Las palabras explotaron en su mente con la fuerza de un grito silenciado durante años.

El silencio de la habitación era ahora un peso insoportable, cargado de presagios. ¿Qué había en ese diario que podía trastocar su mundo hasta los cimientos? ¿Qué pasaje encerraba la verdad detrás de la amnesia que le había robado su identidad?

Un golpe seco en la ventana hizo que Lucas saltara, y su mirada se fijó en la calle oscurecida por la niebla y la lluvia fina.

A lo lejos, una figura desapareció entre las sombras.

Pero su atención volvía al diario, a esa última frase que pulsaba con la urgencia de un secreto que exigía ser desvelado.

Como si el tiempo se detuviera, Lucas alzó la vista lentamente, el pulso acelerado, la mente atrapada entre la duda y la necesidad.

¿Estaba preparado para abrir la puerta al pasado que le esperaba tras esas páginas? ¿O sería él ahora quien quedara sepultado bajo el peso de esos recuerdos olvidados?

Las palabras, retenidas entre el papel y su conciencia, llamaban con voz urgente e implacable.

El eco del olvido estaba a punto de romperse.

Pero el diario no revelaría su secreto sin un precio.

Y en ese instante, la oscuridad no parecía tan vacía.

Una nueva sombra se acercaba.