Chapter 11
Capítulo 11 La Trampa del Pasado
La oscuridad se anidó en sus párpados como una pesada cortina, etérea pero implacable, mientras el eco sordo del golpe resonaba en su cabeza. El sabor metálico de la sangre, fresca y amarga, invadió su boca al intentar incorporarse. Sus manos, temblorosas, recorrieron el suelo frío, buscándolo, buscando apoyo. La humedad de la sombra le abrazaba con dedos invisibles, asfixiantes.
“¿Dónde estoy...?” Murmuró Lucas, con la voz quebrada y ahogada, apenas un hilo resonando en el vacío.
Se arrastró con esfuerzo, cada músculo un grito de protesta; el mundo a su alrededor se desdibujaba en una penumbra grisácea, intermitente. Bajo la luz mortecina que se filtraba por un ventanal roto, una figura emerge del umbral, deslizando sus pasos como un susurro letal contra el mármol viejo.
Una voz. Sutil, justa donde el ruido calla.
—Lucas.
El sonido de su nombre golpeó el pecho con un peso insoportable. La reconocería en cualquier lugar: Alicia.
Sus ojos bajaron para encontrar sus manos... sangre. No la suya, no todavía, pero el rojo ya manchaba sus días. Y en ese instante, una verdad helada le mordió la espalda del cuello.
—No confíes en él —dijo Alicia, con un susurro envuelto en un temblor que no era solo frío —. La persona que más amas... no es quien crees.
Lucas se quedó paralizado. La luz atenuada se reflejaba en sus ojos abiertos, incrédulos.
—¿De qué hablas? —la voz se le quebró, cómo si el simple pronunciar esas palabras rasgara la débil red de seguridad que sostenía su mente—. ¿Quién? —rogó, con un nudo estrangulando la garganta.
—Dorian —pronunció Alicia con ese aire que contenía una mezcla imposible entre miedo y furia contenida.
La palabra cayó como un martillo. Había oído ese nombre antes, fragmentos dispersos y un retazo de una foto borrosa engarzada en sus sueños truncados.
—¿Qué sabe Dorian? —Lucas bramó, sintiendo el pánico anidarse en sus entrañas—. ¿Por qué me dirías algo así? ¿Cuál es tu papel en todo esto?
Las pupilas de Alicia vacilaron, su mandíbula se tensó, el brillo de sus ojos oscilaba entre la ternura y una amenaza que parecía llenar toda la habitación.
—Te juro que intento protegerte —replicó, acercándose —. Pero ya no puedo ocultártelo más. Él controla todo. Te vigila... y cuando menos lo esperes, estará listo para hundirte en el abismo.
En ese instante, un ruido sordo vibró detrás de una columna cercana. Ambos giraron esperando lo peor. Pero no hubo más que el silencio aplastante de la ruina en la que se hallaban.
—¿Es una trampa? —preguntó Lucas, como si temiera una respuesta que pudiese destrozarlo.
Alicia lo miró, los labios entreabiertos en un hilo de duda, y luego extendió lentamente una mano, temblando, apuntándose al corazón.
—El dolor de la traición no viene de fuera... —susurró —sino de quien amamos. Cuídate de las sombras dentro de tu propia alma.
La habitación pareció encogerse. Cada palabra clavaba una daga invisible, desgarrando la frágil burbuja donde Lucas había mantenido su esperanza.
El frío reapareció, esta vez más cortante. La sombra del amor amasaba silencio y mentira en un mismo tejido oscuro e inextricable.
Lucas dio un paso atrás, murmurando entre dientes: —¿Quién traiciona entonces? ¿Dónde está la trampa?
Alicia titubeó, luchando contra un torrente de miedo. Pero la realidad no espera por respuestas fáciles.
—No lo sé —confesó al final —. Solo sé que no puedes confiar en nadie. Ni siquiera en mí.
El corazón de Lucas palpitaba con furia desbocada, atrapado en un laberinto sin salida. La neblina de su mente ya no le ofrecía refugio: el enemigo era invisible, acechante, y podía estar donde menos lo imaginaba.
De pronto, la puerta se cerró de un portazo, resonando como un disparo seco. Un latir en el pecho. Un segundo para decidir.
—Quiero creer en ti —dijo al fin Lucas, apretando los puños —, pero ahora... ahora todo se ha convertido en un abismo sin fondo.
Y, justo cuando sus palabras flotaban en el aire cargado, un susurro áspero se filtró por las rendijas de la ventana rota, como una caricia envenenada que escalaba el espinazo.
—¿Podrás descubrir quién realmente traiciona tu confianza...? —la voz se desvaneció, dejando un silencio que golpeó con la fuerza de un puñetazo.
Lucas apretó los dientes, sintió la sangre fluir como lava en sus venas, y supo que la trampa estaba tendida. Y él había caído de lleno en el juego.
El eco del olvido resonaba, voraz y despiadado, como un reloj de cuenta regresiva hacia un destino que aún no alcanzaba a comprender.
¿Quién susurraba entre las sombras? ¿Y qué precio pagaría Lucas por abrir la puerta al pasado que se negaba a recordar?
Todo estaba por revelarse, o perderse para siempre.