NoveliqaPromesa entre Sombras: Matrimonio de Poder / Miradas que Matan :0%
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Chapter 7

Miradas que Matan

El salón se había congelado en una quietud opresiva, rota solo por el leve tintineo de las copas de cristal que alguien olvidó dejar con un poco de cuidado sobre la mesa. Sofía mantuvo la mirada fija en la figura que había interrumpido la fiesta con esa fuerza silenciosa, un aura de peligro envuelta en un vestido negro que absorbía la luz sin devolverla.

Alejandro, envuelto en su impecable traje oscuro, parecía una estatua de mármol a punto de quebrarse. Sus ojos estaban clavados en ella, en la mujer que había regresado del pasado como una sombra que se niega a desaparecer.

“Clara,” pronunció su nombre con una voz tensa, cargada de una mezcla venenosa de sorpresa y desdén.

Sofía notó cómo su propio cuerpo se tensaba. No era la primera vez que veía a esa mujer, pero aquella noche estaba diferente. Había algo en la manera en que Clara sonreía, lentamente, con una seguridad peligrosa, que hizo que una punzada de alerta se clavara en el estómago de Sofía.

Las miradas en la sala se desviaron hacia ellas, ojos que cuchicheaban fantasmas del pasado, especulaciones ácidas aguardando un desplome.

Clara dio un paso adelante, rompiendo el espacio comprimido entre ella y Alejandro. Su perfume, mezcla de gardenias marchitas y tabaco añejo, invadió el aire, flotando en la piel de Sofía como una amenaza velada.

—Alejandro —su tono era seductor, pero cargado de una ironía áspera—. Parece que has cambiado mucho… y sin embargo, nunca terminé de irme del todo.

Alejandro apretó la mandíbula, un gesto casi imperceptible para tantos, pero que Sofía captó en un destello. Algo en él se había quebrado, un muro que había construido con frialdad para proteger sus secretos.

Sofía no pudo contenerse más. La voz, firme aunque vibrando con una tensión insoslayable, la sacó del bordillo al que la habían empujado.

—¿Y tú quién eres para aparecer aquí y desestabilizar todo?

Clara giró la cabeza hacia ella, esa mirada mordaz que parecía deslizar cuchillas sobre la piel.

—¿Quién soy? —repitió con burla—. Soy la respuesta que debería preocupar a todos en esta sala, especialmente a ti, Sofía. Porque hay cosas de Alejandro que deberías conocer antes de seguir jugando a ser la perfecta esposa.

Las palabras cayeron como cuchillos invisibles. Sofía sintió cómo el suelo parecía desvanecerse bajo sus pies; una mezcla de miedo y rabia burbujeaba en su pecho, acompañada de un hambre insana por saber la verdad que Clara ocultaba.

—¿De qué hablas? —su voz se quebró, reveladora.

Clara se acercó, ahora intimidante, con una sonrisa torcida que no alcanzaba sus ojos.

—Hay secretos que pueden destruirlo todo. Este matrimonio, tu futuro, incluso tu pellejo. Y ese secreto está más cerca de ti de lo que imaginas.

Un silencio condescendiente se apoderó de la sala. Los murmullos comenzaron a crecer como olas, absorbiendo la incertidumbre y el miedo. Alejandro dio un paso al frente, dispuesto a intervenir, pero Clara lo detuvo con un simple gesto de la mano, como si jugara al ajedrez con su voluntad, anticipándose tres movimientos antes.

—No intentes callarme —susurró, venenosa—. Tú nunca quisiste que nadie supiera lo que guardo. Pero yo... vengo a hacer que toda la verdad salga a la luz. Y eso incluye a quién realmente le juraste tu “promesa”.

Sofía sintió que la sangre le palpitaba en las sienes. Todo en Clara era una advertencia escrita en fuego, una amenaza disfrazada de confesión. ¿Qué oscuridad vibraba en ese pasado de Alejandro? ¿Cuál era la pieza que alguien temía exponer?

Los ojos de Alejandro, sombríos y fríos, se clavaron en ella, pero Sofía se negó a bajarlos. Necesitaba respuestas. Aunque temiera lo que descubriera.

—Si tienes algo que decir, dilo —exigió con un filo de desafío.

Clara dio un paso atrás, como si estuviera tanteando la batalla próxima.

—El hombre que tomaste por aliado no es el único Alejandro que existe. Y la promesa que crees firmar esta noche... podría ser el contrato para enterrar tu dignidad y tu corazón.

Antes de que alguien pudiera reaccionar, el murmullo del grupo estalló en un tumulto confuso. Los invitados comenzaron a retroceder, sintiendo la tensión como una corriente eléctrica a punto de estallar.

Sofía se encontró rodeada por la multitud, pero su atención estaba fija en Clara, esa mujer que parecía el epicentro de una tormenta invisible.

Una mano se posó en su brazo. Era Alejandro, tembloroso, pero firme.

—Déjala —susurró a su oído, con una mezcla extraña entre advertencia y súplica.

Sofía giró la cabeza, buscando en sus ojos la verdad que desde hacía días se le escurría como agua entre los dedos.

Pero Clara, como una reina en su tablero, ya se estaba desvaneciendo entre la multitud, dejando tras de sí una estela de secretos que podían romper o unir para siempre ese matrimonio construido en la frontera del poder y la traición.

Y mientras la puerta principal se cerraba con un golpe seco, Sofía supo que la noche apenas comenzaba y que las sombras a su alrededor no perdonarían un solo paso en falso.

¿Qué era aquello que Clara guardaba? ¿Cuánto poder tenía para alterar el destino que Alejandro y ella habían pactado?

Un frío paralizante le recorrió la espalda. La promesa entre sombras había despertado más de un fantasma.

Y uno de ellos, claramente, estaba a punto de devorarla.