Chapter 6
El ascensor se detuvo con un siseo sutil y las puertas de acero pulido se abrieron como una boca hambrienta, revelando el vestíbulo del hotel más exclusivo de la ciudad. Sofía inhaló hondo, su pecho apretado por una mezcla iridiscente de nervios y determinación. A lo lejos, la murmullo elegante de la fiesta la invitaba a adentrarse en ese mundo de luces, risas forzadas y miradas calculadoras.
Alejandro la esperó a la salida, impecable en un traje oscuro que parecía absorber la luz. Su expresión era la máscara perfecta de la calma, pero ella detectó la tensión en la línea de su mandíbula, en el destello fugaz de sus ojos.
—Listos para enfrentar a la alta sociedad —murmuró él, ofreciendo su brazo, un gesto tan formal como frío.
Sofía deslizó su mano sobre la piel tersa de su antebrazo, absorbiendo la energía contenida en ese contacto. Su vestido negro ceñido, con un escote discreto que dejaba entrever el collar de perlas que le había regalado su madre hace años, la hacía sentir como una pieza de ajedrez perfectamente colocada en un tablero donde el peligro acechaba en cada esquina.
La multitud los recibió con un murmullo creciente, voces cargadas de sutiles exclamaciones, miradas que se palpaban más que se veían. Sofía no podía evitar sentir que cada paso que daban era un movimiento estratégico, un acto exhibicionista de poder y control.
Una camarera elegante se acercó con una bandeja de copas de champagne que reflejaba las luces de araña. Sofía tomó una, notando el frío espumoso que bajaba por su garganta, intentando calmar el nudo invisible en su estómago.
Alejandro la guió hacia un grupo que ya los esperaba. Risas contenidas, tensiones que se deslizaban bajo palabras cuidadosamente elegidas. Sofía escuchaba, analizaba. Cada conversación parecía un tablero para alianzas tácitas y traiciones silenciadas.
“¿Y qué tal está el negocio del sector tecnológico, Alejandro?” preguntó un hombre alto y robusto, con sonrisa afilada. Su voz tenía un tono de desafío encubierto.
Él respondió sin perder la compostura:
—Avanzando, aunque no sin rivales que intentan socavar nuestros avances. Pero estamos preparados para defender nuestro territorio.
Sofía captó la sombra que cruzó rápidamente el rostro de Alejandro, un destello que no había visto antes: el peso de una guerra invisible.
—La competencia nunca duerme —acotó ella, sorprendiendo a todos con su voz firme y segura—. Y solo los que dominan el juego sobreviven.
Una señora de cabello plateado la miró con una mezcla de curiosidad y ligera desconfianza:
—Eres la nueva señora Santoro, ¿no es cierto? Debe ser difícil entrar en este mundo a estas alturas.
Sofía le devolvió la mirada sin parpadear:
—Cada mundo tiene sus reglas. Solo hay que aprenderlas rápido.
La conversación se rompió abruptamente cuando una figura apareció al otro lado del salón. Un hombre envuelto en un aura de seguridad y elegante arrogancia, que caminaba hacia ellos con paso firme y una sonrisa que ocultaba demasiados secretos.
Alejandro frunció el ceño al reconocerlo. La línea de su boca se tensó, y por un instante, algo oscuro y antiguo eclipsó su mirada.
Sofía siguió su mirada hacia ese hombre, que ahora estaba a tan solo unos metros.
Los años parecían haberse detenido en el tiempo. Ese hombre no solo era un fantasma del pasado de Alejandro, sino también una amenaza latente. Su sola presencia en el evento lanzó una sombra sobre ella.
El hombre pronunció su nombre con un tono que desató una marea de emociones difíciles de contener:
—Alejandro.
Sofía sintió cómo el aire se espesaba, cómo su corazón golpeaba con fuerza contra sus costillas.
La fiesta, las luces, las risas amargas, todo parecía desvanecerse mientras el pasado de Alejandro emergía de las sombras, listo para confrontar el presente.
Un silencio pesado se instaló en el aire. La alta sociedad observaba expectante.
Y en ese instante, Sofía supo que nada volvería a ser igual.