NoveliqaPromesa entre Sombras: Matrimonio de Poder / Ecos de la Venganza :0%
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Chapter 5

Ecos de la Venganza

El silencio que siguió al golpe seco en la puerta fue más espeso que la más densa neblina. Sofía y Alejandro se miraron, esos ojos que acababan de intercambiar tantos silencios —acuerdos a medias, advertencias veladas, promesas no dichas— se clavaron ahora con la tensión de una batalla a punto de estallar.

Ella se llevó una mano al pecho, sintiendo cómo el corazón le latía con fuerza, como si quisiera romper sus costillas de solo anticipar lo que vendría. Alejandro, a su lado, permanecía tan impasible como la estatua de mármol en el vestíbulo, pero sus dedos blancos se cerraban en un puño seco, casi inconsciente.

―¿Esperas a alguien? ―murmuró Sofía, su voz temblorosa apenas un susurro.

Él negó con la cabeza, la mandíbula tensada. Pero no se movió hacia la puerta.

Otro golpe, esta vez más insistente, como si la persona al otro lado supiera que abrir no sería tan fácil.

Sofía sintió que un escalofrío le recorría la espalda. La luz tenue del salón parecía apagarse de repente, las sombras se distorsionaban y se alargaban como dedos ansiosos.

―Déjame abrir ―dijo, tratando de recuperar el control de la situación.

Alejandro se apartó sin protestar, pero mantuvo la mirada fija en ella, como si leyera cada músculo que se tensaba, cada pensamiento que ella apenas contenía.

Cuando Sofía giró el pomo y abrió la puerta, una ráfaga fría la golpeó, mezclada con un aroma a humo y tierra mojada.

Desde el umbral, un hombre joven, con la mirada dura y una cicatriz fina cruzándole el pómulo derecho, sostenía un sobre grueso, amarillento, que parecía haber sido doblado demasiadas veces.

—Esto es para usted —dijo sin un gesto, con voz seca, implacable—. No es solo un aviso. Es una advertencia.

Sofía sintió que la sangre se congelaba en sus venas. Alejandro avanzó un paso y cerró la puerta tras el desconocido, pero no pudo evitar que el hombre dejara caer el sobre en sus manos.

—¿Quién es? —preguntó Alejandro, sus ojos centelleando con una luz peligrosa.

—Alguien que escucha en el lugar correcto. Que sabe más de lo que cualquiera quisiera. Vayan con cuidado.

El extraño desapareció igual que apareció, dejando atrás un silencio aún más pesado.

Sofía deslizó los dedos sobre el sobre, sus uñas rozando el papel áspero. Sin mediar palabra, Alejandro agarró el sobre y con una precisión casi clínica lo abrió. Sacó una hoja dentro, con letra prolija y firme.

"Las sombras guardan más que secretos. Sabemos quién eres realmente, Sofía Lara Ruiz. No dejes que te sigan usando. O el precio será tu alma."

El papel tembló entre sus manos. Sofía tragó saliva, sintiendo que cada palabra era como una daga venenosa.

Alejandro clavó la mirada en ella, pero esta vez hubo algo nuevo: un brillo de incertidumbre.

―¿Tú...? ―empezó a preguntar, pero ella alzó una mano.

―Sí, acepté este matrimonio no solo por un contrato vacío. Porque necesito algo más. Venganza.

Su voz era baja, tensa, pero conservaba una determinación afilada como el filo de un bisturí.

―¿Venganza? ―repitió él, con el ceño fruncido, incapaz de disimular el golpe emocional que ese concepto le causaba.

―Mi familia... me usaron, me humillaron, me sacrificaron para proteger sus propios intereses. Y ahora estoy aquí, en tu mundo, en tu casa, para cobrar esa deuda.

Alejandro la observó con una mezcla de admiración y amenaza.

―Estás jugando un juego peligroso, Sofía.

Ella le lanzó una sonrisa amarga, apenas un destello que ocultaba tempestades internas.

―Siempre lo juego. Pero esta vez, las reglas las escribo yo.

La tensión explotó en el aire. Alejandro dio un paso hacia ella, acortando la distancia sin romper la formalidad.

―¿Y qué es exactamente lo que quieres? ―susurró, la voz cambiando, mostrando un atisbo de vulnerabilidad.

―Que paguen. Que se arrepientan. Que tú, Alejandro Santoro, no seas invencible.

Un silencio profundo se formó entre ellos. Pero ella sabía que en ese instante compartían un secreto que podía acabar con todo.

―Hay algo que no me has dicho —reclamó Alejandro con dureza—. Algo que escondes y que, si sale a la luz, puede derribar mucho más que tu orgullo.

Sofía sintió el pulso acelerado, el fuego en su interior reflejado en sus ojos que ahora brillaban con una mezcla peligrosa de rabia y miedo.

―¿Quieres saberlo?

―Dímelo —ordenó él, con la voz grave, casi exigente—. O te arrepentirás.

Ella bajó la mirada al papel arrugado, se mordió el labio inferior y con voz firme, pero trémula, confesó:

―Hay una verdad en mí que podría destruirte desde dentro. Y te prometo que, cuando sepas lo que es, la alianza falsa que tenemos será solo una trampa. Para ti y para mí.

Un último golpe se dejó oír en la puerta. Esta vez, mucho más fuerte y prolongado.

Ambos se paralizaron, sin voltear, sintiendo que, afuera, el destino había comenzado a mostrar su rostro más oscuro.

Sofía apretó el sobre contra su pecho, consciente de que su promesa era más que palabras.

Era una sentencia que sellaría su futuro, su venganza, y el peligroso juego del poder al que ahora pertenecían sin escapatoria.