NoveliqaPromesa entre Sombras: Matrimonio de Poder / Sombras del Pasado :0%
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Chapter 2

Sombras del Pasado

La puerta quedó entreabierta, emitiendo un chirrido sutil que parecía amplificar el salto desbocado del corazón de Sofía.

El aire se enfrió al otro lado, un perfume penetrante a madera y cuero quemado se coló en la habitación, rozando sus fosas nasales con la delicadeza de una amenaza.

Sofía no respiraba, no pestañeaba.

Sus ojos negros buscaron en la penumbra una figura—o dos—ocultas tras el ungüento invisible de la sombra.

Pero solo halló un silencio tenso, vibrante, casi punzante.

—¿Quién está ahí? —su voz salió rasposa, como si el eco de aquel contrato pactado en frío aún se enterrara en su garganta.

Un leve roce arrastrado por las baldosas ni siquiera fue el aviso que esperaba.

De repente, la penumbra tomó forma: una carpeta de cuero oscuro, tan pesada que parecía contener un mundo entero, aterrizó sobre la mesa frente a ella.

Sofía la observó, casi como si la carpeta misma fuera un ente viviente, latiendo con la misma intensidad que su pulso acelerado.

Instintivamente alargó la mano con dedos temblorosos, las uñas mordidas hasta el dolor.

Al abrir la carpeta, la primera hoja la privó del aliento: un documento, sellado, con el membrete de la firma donde había trabajado hasta hace apenas semanas.

Sus ojos se clavaron en esas líneas que no necesitaban explicación para dejar escapar un grito contenido.

Letras frías, implacables, le recordaban que su carrera como diseñadora gráfica había sido destruida no por falta de talento o esfuerzo, sino por traición.

Firmas falsificadas, malos entendidos sembrados con astucia, proyectos robados y reescritos para dejarla en la ruina.

Sus manos se apretaron con tanta fuerza que los nudillos adquirieron un blanco doloroso.

Un golpe seco en la puerta la sacudió de ese trance.

—Sofía —una voz quebrada, grave, que reconoció al instante—. ¿Estás bien?

La imagen de Alejandro Santoro apareció, imponente y al mismo tiempo tensa, con una mezcla de reproche y urgencia que rara vez mostraba.

Ella levantó la mirada, los ojos brillaban con rabia contenida y una chispa desconocida: la necesidad de conocer toda la verdad.

— ¿Por qué? —escupió la palabra como si fuera un estilete—. ¿Quién estuvo detrás? ¿Quién me enterró viva en ese infierno que llamaron mi carrera?

Él dudó, un parpadeo minúsculo pero fugaz. Luego, con su habitual seguridad, tomó asiento frente a ella.

—No creerías que vine solo a unirte en un contrato de conveniencia, ¿verdad? —dijo, y en su voz sonaba un tinte amargo, casi una confesión—. Hay cosas que no sabes. Cosas que podrían cambiarlo todo.

Sofía tragó un nudo seco y el aire pareció escasear en la habitación.

—Habla —ordenó, desafiándolo a quebrar el silencio con verdades que podrían quemar.

Alejandro deslizó otra hoja hacia ella, esta más gruesa, con grafías desconocidas, pero inconfundibles en su estilo corporativo.

—El nombre que más temías encontrar aquí—murmuró, observándola fijamente—. No fue solo un error ni mala suerte. Fue una traición calculada.

Se hizo un breve silencio, el ruido de la ciudad afuera colándose detrás de las paredes como un sordo recordatorio de que el mundo seguía sin importar sus dramas.

Sofía rozó la firma con la yema de los dedos, un nombre que no dejó lugar a dudas.

Su propia sangre.

El peso de la traición sangraba una herida profunda, y la palabra “familia” se desvanecía en un eco vacío.

—¿Y tú? —preguntó con la voz cargada de desconcierto y desdén—. ¿Qué quieres tú con esto? ¿Por qué me entregas un puñal cuando deberías ser mi aliado?

Alejandro se levantó, la luz de la lámpara sobre su rostro reveló una mezcla rara de dureza y vulnerabilidad.

—Porque ese secreto no solo amenaza tu futuro. Amenaza todo lo que intento proteger. Pero también porque necesito que entiendas que en esta partida no hay inocentes.

Sus ojos entraron en los de ella, buscando que el mensaje llegara sin máscaras ni juegos.

—Si juntos no desenmascaramos a quien está detrás de esto, ninguno de los dos sobrevivirá a las sombras que acechan.

Un golpe fuerte resonó nuevamente en la puerta, esta vez seguido de un susurro urgente.

Ambos se giraron al unísono.

El corazón de Sofía se aceleró mientras una pregunta mortal se clavaba en su mente como una daga helada.

¿Quién había sido realmente responsable de su caída... y qué buscaba Alejandro con el secreto enterrado entre esas heridas?