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Chapter 1

Un Acuerdo Inesperado

El aire en el despacho de Alejandro Santoro era denso, cargado de un aroma entre madera pulida y un perfume amaderado que se pegaba a la piel, como un presagio inevitable. Isabela Moreno miraba fijamente el escritorio de caoba donde reposaba el documento; las sombras proyectadas por la lámpara moderna caían como cuchillas sobre el papel que podría definir su destino.

—¿Cómo está tan seguro de que aceptaré? —la voz de Isabela era un susurro cargado de incredulidad, con el filo escondido apenas en su temblor.

Alejandro no apartó la mirada. Los rasgos perfectamente cincelados de su rostro no mostraban ni una mueca de duda, solo esa fría determinación que lo había convertido en el heredero indiscutible del imperio Santoro.

—Porque sabes que no te queda opción, Isabela. Tu carrera peligra. Sin este contrato, sin este matrimonio, tu nombre desaparecerá del mapa de la moda en menos tiempo del que te imaginas. Y tú quieres salvar eso, ¿verdad?

Isabela sintió que el aire se volvía más pesado, su garganta se apretaba como si miles de dedos invisibles la estrangularan. Respiró profundamente, tratando de domar el temblor que ascendía por sus brazos hasta sus manos. Aquel era el momento decisivo.

—¿Por qué yo? —la pregunta escapó antes de que pudiera detenerla, más áspera de lo que esperaba.

Alejandro levantó una ceja, el gesto más cerca de una sonrisa irónica. Se pasó la mano por el cabello oscuro, peinado impecablemente hacia atrás, como si ordenara sus propios pensamientos.

—Porque eres la única persona que conozco que no solo guardará el secreto de Alejandro Santoro, sino que también puede transformar ese imperio. Tú y yo tenemos algo en común: la necesidad de proteger lo que no puede ser expuesto. Tú tienes tu secreto, y yo, el imperio que podría perder si no actúo ahora.

El silencio estiró el tiempo entre ellos como un hilo de cristal a punto de romperse. Isabela observaba la firma en la parte inferior del documento, la tinta fresca brillaba bajo la luz y parecía devolverle cada latido desbocado de su corazón.

—¿Y qué pasa después? —la voz fue un escalofrío contenido—, después de firmar?

Alejandro levantó la mirada, clavando en ella unos ojos de un verde oscuro que no dejaban lugar a interpretaciones.

—Después de firmar, nada será como antes. Esto no es solo un contrato, Isabela. Es un pacto. Un matrimonio que, si quieres, puede salvarnos a los dos... pero también puede ser la cadena que nos ate para siempre. ¿Estás dispuesta a arriesgarlo todo?

El mundo parecía girar en cámara lenta mientras Isabela sentía cómo la decisión la aplastaba y excitaba al mismo tiempo. De alguna manera, ya no era solo su carrera lo que estaba en juego, sino una parte de ella que ni siquiera había querido enfrentar.

Respiró hondo, apoyó la pluma sobre el papel, y sin dejar que la duda corroería su resolve, trazó su nombre con una determinación que parecía sellar no solo un contrato legal, sino la promesa de un amor forzado que apenas comenzaba a gestarse.

Entonces, antes de que pudiera apartar la mirada, Alejandro tomó el documento, lo guardó con cuidado y, con la voz cargada de un tono que rozaba lo confidencial, susurró:

—Hay algo más, Isabela. Esto no es simplemente un matrimonio contractual. Hay reglas, vínculos que ni siquiera imaginas. Prepárate, porque nada ni nadie podrá separarnos ahora.

Un golpe fuerte y decisivo resonó en la puerta.

Ambos giraron la cabeza, el sonido cortó la tensión en el ambiente. Nadie sabía quién había llegado, pero el destino parecía decidido a intervenir justo cuando la promesa de un amor forzado comenzaba a sellarse.