Chapter 7
Las luces de la ciudad parpadeaban como si quisieran advertirle algo. Valeria bajó la mirada, sintiendo el peso de la noche colgando en sus hombros, cada fibra de su ser agotada y alerta a la vez. La tormenta interna que mencionaba se revolvía con más furia cuanto más pensaba en Raúl Santoro.
“¿Cómo lo detengo? ¿Cómo salvar lo poco que queda de mi legado sin caer en sus redes?” se preguntó en un susurro apenas audible para ella misma.
Su teléfono vibró en la mesa, cortando el silencio. Era un mensaje de Leonardo, su asistente más cercano. “Necesitamos hablar. Ya”. El tono no admitía demora ni explicaciones.
Valeria sintió una punzada extraña atravesando su pecho. Leonardo siempre había sido su pilar en la oficina, el único en quien confiaba ciegamente. Pero una sombra se había colado en su mente esa noche, un sutil temor que no quiso reconocer: ¿y si había algo más? ¿Si la traición ya estaba tejiéndose desde dentro?
Sin pensarlo dos veces, tomó su abrigo y bajó las escaleras del penthouse. La brisa era fría y cortante al salir al vestíbulo, erizando su piel, haciendo que se cubriera con fuerza. Leonardo la esperaba junto a la recepción, pero no con la habitual sonrisa serena, sino con un gesto duro, casi quebrado por la culpa.
—Valeria —su voz era baja, tensa—. Tenemos que hablar. Esto es urgente.
Sin moverse de allí, sus ojos buscaron los de ella, tratando de medir el impacto que sus palabras tendrían.
—¿Qué sucede, Leo? —preguntó ella, su cuerpo ya en estado de alerta máxima.
Leonardo dudó un segundo, de ese tipo de vacilación que no se tiene cuando se miente, sino cuando se teme hacer daño.
—No puedo seguir ocultándolo... —comenzó—. He estado filtrando información. Para Raúl.
El mundo de Valeria se detuvo en un instante abrupto. La sangre le subió a la cabeza, un calor intenso que quemaba tras sus mejillas. La acritud de la traición calaba mucho más profundo que cualquier golpe físico.
—¿Qué? —susurró con dificultad, la voz quebrada, intentando aferrarse a cualquier hilo de razón.
Leonardo bajó la mirada, incapaz de sostener la mirada que ahora le lanzaba ella, mezcla de ira, decepción y dolor.
—Me ofreció mucho más que dinero. Me dijo que si seguía ayudándolo, podría asegurarme un futuro. Que él sabe cómo hacer que desaparezcan mis problemas. Valeria... Yo... pensé que era la única manera de salvar a mi familia.
Las mejillas de Valeria se contraían, luchaban contra el llanto y la rabia que le quemaban las entrañas.
—¿Y creíste que destruirme a mí era la solución? —escupió con voz helada—. ¿Traicionarme a mí, tu jefa, para regalar mi confianza y mi trabajo a mi peor enemigo?
Leonardo tragó saliva, consciente de que nunca tendría excusa para ese acto.
—No quise hacerte daño, Valeria. Es Raúl. Tiene formas... sabe cómo envolver a las personas. Y yo estaba atrapado.
El silencio que siguió fue denso, casi palpable. Valeria cerró los ojos un instante, intentando calmar el torbellino que amenazaba con desbocarse.
—¿Sabes lo que esto significa? —preguntó con voz temblorosa, intentando mantener el control—. Que todo lo que hemos trabajado puede caer. Que Raúl tiene acceso a cada plan, a cada movimiento que hacemos en nuestra empresa.
Leonardo asintió, devastado.
—Lo sé. Y por eso vine a decirte la verdad. Quiero ayudarte a remediarlo, si me das la oportunidad.
La desesperación y la incertidumbre eran un puñal que se clavaba detrás de sus ojos. Valeria sintió que el suelo se desvanecía bajo sus pies.
Fue entonces cuando Leonardo sacó un sobre cerrado del interior de su chaqueta y se lo entregó con manos temblorosas.
—Aquí está lo que Raúl me dio. Planos, contratos... todo un paquete con fechas, números, documentos que aún no conocen en nuestra empresa. Creo que puedes usarlo para contraatacar.
El papel crujió entre sus dedos, un sonido cruelmente frío en medio de la tormenta emocional.
Valeria lo abrió con cuidado y leyó las primeras líneas, sus pupilas dilatándose al comprender la magnitud de la conspiración. Era peor de lo que imaginaba.
De repente, el teléfono sobre la mesa vibró de nuevo. Ella miró la pantalla y el corazón se le detuvo.
“¿Acaso la noche podía ser más oscura que este instante?”
El mensaje era breve pero mortal: “Tú no sabes el verdadero precio del contrato. Mañana entenderás todo. – R.S.”
Valeria levantó la vista hacia Leonardo, quien la observaba con una mezcla de miedo y esperanza.
—Leonardo… —su voz era un susurro roto—, ¿qué hay detrás de este contrato? ¿Qué es lo que Raúl no me ha contado?
Antes de que él pudiera responder, sonaron unos golpes secos en la puerta del estudio, provocando un sobresalto que parecía sacudir las paredes mismas.
Los sentidos de Valeria se afilaron. Sabía que ese sonido no era casual.
En ese instante exacto, el aire se enmudeció, atrapando a los dos en una burbuja de suspense insoportable.
La puerta comenzó a abrirse lentamente.
Y Valeria supo que lo que estaba por venir cambiaría todo para siempre.