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Chapter 6

La sombra de Raúl Santoro

Un silencio pesado cayó sobre el loft de Valeria, como el eco de un disparo en una caverna vacía. Sus dedos aún temblaban sobre la mesa de cristal, el brillo del monitor reflejando en sus ojos ahora nublados.

El mensaje acababa de llegar.

El archivo adjunto era pequeño, casi imperceptible, pero su contenido prometía desmoronar años de confianza cuidadosa. Documentos, fotos borrosas y conversaciones ocultas — pruebas que delineaban un mapa de traición mucho más cerca de lo que Valeria hubiera querido admitir.

Su respiración se volvió áspera, cada inhalación quemaba como escarcha ardiente en la garganta. Se dejó caer en la silla giratoria, las ruedas chirriaron contra el suelo pulido sin que pudiera mover un músculo para levantarse.

¿Cómo podía alguien, dentro de su círculo, jugar a dos bandos? ¿Conspirar justo bajo su mirada, con pulso firme y sonrisa de serpiente?

No había nada ganado con la duda, ahora mismo. Debía confrontar, descifrar quién le robaba la espalda.

El sonido del portazo en la entrada la sacudió como una descarga eléctrica.

Raúl Santoro apareció, la silueta recortada contra la luz del pasillo que se filtraba por la ventana de la puerta abierta. Vestía su habitual traje negro impoluto, pero aquel día parecía una sombra más oscura. Más peligrosa.

—Valeria —su voz era un cuchillo de terciopelo—, me he enterado de que has recibido algo que no deberías... ¿un pequeño recordatorio de quién maneja los hilos aquí?

Ella lo miró sin parpadear, cada músculo tenso, buscando no ceder ni un centímetro.

—¿Vienes a amenazar? —su voz salió cortada, pero carga contenida—. No te haré el juego de que me intimides, Raúl.

Él avanzó un paso, la distancia entre ellos reducida a un suspiro.

—No es amenaza, es un aviso —sus ojos destellaron con una mezcla terrible de predicción y burla—. En este tablero, cada pieza que mueves tiene un precio. ¿Seguro quieres arriesgarlo todo por un contrato falso? Por un orgullo que ya se está deshilachando?

Valeria sintió la mandíbula apretarse hasta el dolor y un puño cerrar dentro de su bolsillo. Pero la respuesta no vino en palabras, sino en aquella mirada llena de un veneno que no podría limpiar nunca del todo.

Raúl dio media vuelta con un leve movimiento, la puerta se cerró tras él con un chasquido seco que resonó como sentencia.

El malestar se anidó en su pecho, una mezcla de furia y desesperación.

Pero ella no podía hundirse, no ahora.

Con dedos temblorosos, abrió los archivos de nuevo. Entre las imágenes y correos, había algo que destacaba: un nombre que no esperaba encontrar. Alguien que había estado a su lado en sus peores días, que creía era de su confianza.

No era solo una traición: era una puñalada doble, directa al corazón de su legado.

El teléfono vibró en la mesa con un mensaje entrante. Era un número desconocido. Dudas y pulsaciones se cruzaron en su mente.

Le temblaron los labios antes de tocar la pantalla.

"¿Quieres saber la verdad? Nos vemos a las 9pm. Edificio San Martín, oficina 302. Solo tú. Nadie más."

La incertidumbre pesanaba en el aire, mezclada con algo más oscuro: era la promesa de que su mundo estaba a punto de derrumbarse o, quizá, de renacer en cenizas.

Valeria se levantó, con la mirada fija en el horizonte nocturno que se asomaba fuera del ventanal.

La sombra de Raúl no era solo amenaza, era una tormenta que la alcanzaba desde adentro.

Y la siguiente jugada, ella lo sabía, sería decisiva.