NoveliqaPor Contrato, Mi Corazón Es Tuyo / Firmando destinos :0%
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Chapter 3

Firmando destinos

El peso de la nota se clavó sobre Valeria como una daga fría que perforaba la tenuidad de sus minutos anteriores. Cada palabra parecía haberse impregnado en el aire, espesándolo, llenando la habitación de una amenaza palpable, invisible pero feroz.

Los dedos temblorosos quedaron inmóviles. No pudo apartar la mirada del papel, de la caligrafía sin firmar que prometía más que un simple aviso; era una sombra proyectada sobre su futuro. Alzó la vista lentamente.

La oficina que acababa de abandonar, con sus ventanas que reflejaban la luz mortecina del atardecer, ahora parecía un mundo distante, un castillo de vidrio y acero al que Valeria temía regresar sin escudo.

Pero el compromiso no podía esperar. No ahora.

Al día siguiente, la elegante sala del despacho de abogados estaba impregnada de un olor a papel nuevo y café amargo. Una tela suave cubría la mesa donde dos copias idénticas del contrato se extendían, una entre Valeria y Raúl Santoro.

Él llegó con pasos medidos, traje impecable, mirada que brillaba con un cálculo afilado. Sin saludo superfluo, volvió directo a la página central del acuerdo.

Valeria, con las uñas mordidas hasta la carne, sentía que cada palabra era una cadena que enlazaba su destino al de aquel hombre.

—“Punto uno,” leyó Raúl en voz baja, deslizando su pluma sobre el documento. “Nuestros horarios y espacios personales deben permanecer estrictamente separados para evitar conflictos y rumores… Además, ningún miembro tercero obtendrá información sobre los términos del acuerdo. ¿Estás de acuerdo?” —sus ojos, negros como el azabache, se clavaron en ella como anzuelos.

Valeria tragó saliva, notando que se le secaba la boca.

“Es necesario,” respondió con voz firme, aunque su mente gritaba que estaba hipotecando su libertad.

Ambos hicieron un recorrido minucioso por cada cláusula. Nadie cedía ni un milímetro. Hubo más de un instante en que el silencio cayó como un telón opresivo, cuando Raúl reafirmó sus límites con un tono que no admitía discusión.

—“No me gusta la idea de que alguien de tu empresa se acerque a mí sin mi conocimiento. Cualquier contacto debe pasar por mis manos.” Su voz tenía el filo de una orden envuelta en terciopelo.

Valeria apretó los labios, el corazón latiendo tan fuerte que temía que el resto de la sala lo escuchara. En ese momento recordó las miradas veladas, las noches en vela, las traiciones disfrazadas. “Está bien,” murmuró, resignada.

Cuando finalmente posaron sus firmas en el contrato, un silencio extrañamente denso colgó entre ellos. Dos mundos chocando, dos destinos atados con tinta y papel, unas reglas tan frías y precisas que parecían borrar cualquier atisbo de humanidad.

Raúl cerró la carpeta con un leve click que resonó como una sentencia.

—“Cuidaré que cumplas tu parte,” dijo en voz baja, casi un susurro que se perdió entre las paredes de cristal.

Valeria sintió que agotaba el último vestigio de su coraje. Sin decir nada, recogió sus cosas. En el momento en que abrió la puerta para salir de la oficina, un crujido leve en el pasillo le hizo detenerse.

Una figura vestida con gabardina oscura y sombrero ladeado permanecía oculta entre las sombras del corredor.

Los ojos de Valeria se clavaron en esa silueta, que permanecía inmóvil, como una piedra clavada en la penumbra.

El pulso le estalló en las sienes, y cada cabello de su piel se erizó.

El mensaje en la nota fue claro; ahora, aquel desconocido les observaba.

El juego apenas había comenzado.