NoveliqaNivel Supremo: La Ascensión del Ermitaño / El Poder Crece :0%
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Chapter 9

El Poder Crece

Capítulo 9 El Poder Crece

El eco oscuro reverberó como un latido bajo la piel de Héctor. Sus pupilas se dilataron y el aire pareció volverse más denso, como si una sombra informe se deslizara con sus propios pasos detrás de la amenaza invisible. Las paredes, antes tan familiares, ahora parecían susurrar secretos viejos, condenados, y una fragancia áspera a metal oxidado le invadió las fosas nasales, un olor que le erizó la nuca.

—¿Sentiste eso? —murmuró Lucía, aferrando con fuerza el mango de su daga, la voz apenas un suspiro inquieto.

Héctor asintió. Un hilo helado se enroscó en su entereza. No había tiempo para palabras. El sistema dentro de él se agitó, una resonancia interna que iluminó la oscuridad con un brillo azul eléctrico entre sus venas.

Una esfera lumínica emergió de su palma, pulsando con energía vibrante y crujiente, como la chispa entre dos cables a punto de encender un incendio. Era el nivel seis. El equilibrio entre la furia y el control que había temido más que nada.

—La evolución empieza aquí —dijo, voz firme, cortando el silencio tétrico.

Un estremecimiento recorrió su cuerpo, dulce y punzante. En el centro de su pensamiento, un mensaje: “Supera el umbral. Más allá, el vacío canta.”

Entonces, sin aviso, la temperatura bajó abruptamente. La respiración se convirtió en vapor, y sus sentidos se afilaron a un agudo filo. Héctor percibió el roce de las sombras a su alrededor, como dedos invisibles que renacían del abismo.

Entonces, sin comprender del todo cómo, sus pupilas captaron un brillo latente en el aire: runas indescifrables, letras que ondeaban como fuego líquido frente a sus ojos. Se instaló una calma hipnótica y, al instante siguiente, olvidó el miedo.

—Siento... un cambio —dijo Héctor, asombrado—. Es... es como si pudiera ver el pulso del destino.

Lucía apoyó una mano en su hombro y sus ojos destellaron comprensión.

—El sistema nunca fue solo fuerza... es visión. Invocación.

De pronto, las runas explotaron en un torrente de luz que le quemó la retina con imágenes nítidas: un mapa fracturado donde convergían todas las puertas de las dimensiones; la imagen de un hombre encapuchado con ojos como carbones ardientes que dejaba marcas invisibles en la tierra; símbolos que parecían advertencias ancestrales grabadas por manos que habían desaparecido hace siglos.

Héctor dobló las rodillas, arqueando el torso hacia adelante como si la revelación fuera un golpe físico.

—Esto cambia todo —jadeó.

La esfera en su mano se transformó. Ya no brillaba con una luz suave, sino que provocaba chispas que se elevaban en remolinos eléctricos. Sacó fuerzas de un pozo que no sabía que existía. Cada músculo respondía, cada nervio cantaba un himno de poder despierto.

Sin apartar la vista de las imágenes, su voz se endureció:

—Si puedo dominar esto, nada será igual. Ni para mí, ni para Marcel.

Lucía frunció el ceño, atrapando el miedo sutil que se escondía detrás de esas palabras.

—Pero hay un precio, Héctor. Siempre lo hay.

—Lo sé —admitió, y como si las sombras fueran sus aliadas, extendió la mano. “Nivel seis: Poder Crece", murmuró para sí mismo.

Los símbolos se disolvieron de golpe, la atmósfera volvió a la normalidad, aunque el aire seguía impregnado de una tensión latente, casi palpable.

—¿Y ahora? —preguntó Lucía, aún en guardia.

Héctor giró, la mandíbula apretada, los ojos todavía encendidos por la nueva energía.

—Ahora... avanzamos. Pero sin perder de vista lo que acaba de mostrarse.

Un zumbido suave pero insistente irrumpió en la habitación. Héctor alzó la vista hacia su dispositivo de comunicación. Un mensaje cifrado parpadeaba con urgencia. Lo abrió con dedos temblorosos.

El texto apareció: “La Orden del Velo observa. El Ermitaño es solo el principio.”

Una sonrisa dura cortó el rostro de Héctor mientras una promesa oscura vibraba en su interior.

—Que vengan —dijo—. Esto recién empieza.