NoveliqaNivel Supremo: La Ascensión del Ermitaño / El Despertar del Sistema :0%
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Chapter 2

El Despertar del Sistema

Capítulo 2 El Despertar del Sistema

El frío seguía anidado en su piel, como si cada nervio vibrara con una electricidad clandestina que solo él podía sentir. El último destello de ese fugaz destello de poder no se desvanecía aún, retumbando con un eco profundo bajo su piel. Héctor Soler se dejó caer sobre el borde de la vieja banca donde solía refugiarse al anochecer, respirando con dificultad, como si el aire le pesara un mundo.

Sus dedos temblaban, incapaces de contener un hormigueo punzante que ascendía desde las palmas hasta las muñecas. La negrura del callejón se deslizaba a su alrededor, pero su mirada ya no estaba en las sombras ambulantes: estaba clavada en el brillo azulado que parpadeaba al borde de su visión. Un menú flotaba suspendido frente a él, la interfaz de su sistema oculto, pulsando con una vida propia.

—¿Qué es esto? —musitó, sintiendo que su voz era un hilo quebradizo que apenas podía sostener.

Una retícula luminosa apareció, desplegando lentamente una lista: “Estado. Estadísticas. Habilidades. Inventario...”. Héctor parpadeó varias veces, como si forzara a sus ojos a aceptar la realidad tangible del sistema que había despertado en su interior. La pantalla flotante contrastaba con la mugre y la humedad del callejón, un símbolo claro de lo imposible asentándose en el caos.

Se llevó una mano al pecho, buscando comprender ese latido brusco y desordenado.

—¿Por qué yo? —se preguntó, aunque sabía que no habría respuesta inmediata.

El sistema emitió un leve zumbido, y una voz sin rostro se filtró en su mente, ronca y grave, como si naciera de un pozo profundo:

“Bienvenido, Portador. Tu ascenso comienza ahora. Explora tu nivel, domina tus habilidades. La cacería será despiadada.”

Héctor tragó saliva. La voz no tenía emociones, pero la promesa contenida retumbaba como una carga eléctrica. No era solo una herramienta. Era un juicio, una sentencia y, quizá, la única esperanza.

Un destello en la pantalla atrajo su atención hacia la pestaña de “Estadísticas”. Apareció un conjunto de números y barras de progreso junto a palabras que parecían definirlo:

“Vitalidad: 85/100 Resistencia: 70/100 Agilidad: 92/100 Percepción: 88/100 Poder Interior: 33/100.”

El 33—un número extraño, demasiado bajo para lo que acababa de experimentar. Pero un aviso apareció bajo el “Poder Interior”: “Estado: Dormido. Requiere activación completa para acceder a habilidades superiores.”

Héctor apretó los puños, sintiendo una presión invisible ocupando espacio dentro de su pecho.

—¿Activación completa? —repitió, la voz encubriendo un rastro de esperanza, miedo y necesidad.

Moviendo su mano con cierto torpe cuidado, arrancó la pestaña y abrió la sección “Habilidades”. Solo una habilidad estaba visible: “Eco del Ermitaño: Permite detectar presencias a 300 metros”. No había descripciones ni números más allá.

—Detectar presencias… eso podría salvarme la vida —pensó en voz alta.

Tomó una respiración profunda mientras cerraba los ojos, intentando invocar la habilidad. Se concentró en percibir algo, cualquier cosa, más allá del gris aplastante del entorno. De repente, un zumbido sordo llenó el espacio dentro de su cabeza. Un calor sutil irradiaba desde la base de su cuello y ascendía por la columna.

La realidad alrededor se volvió más nítida e intangible al mismo tiempo. Pudo percibir un movimiento detrás de una puerta metálica a pocos metros, el susurro tenue de pasos acelerados, esa vibración propia de una presencia humana o algo aún más extraño. Pudo oír la respiración entrecortada, el roce de una tela áspera.

Abrió los ojos sobresaltado, esperando que la visión no fuera un espejismo.

—Esto funciona —afirmó con un susurro feroz que apenas pudo controlar.

La realidad no iba a perdonarle, pero algo en ese descubrimiento comenzó a redibujar las líneas quebradas de su destino. Si el sistema podía darle ventajas —aunque mínimas—, quizás la desesperación podría transformarse en herramienta.

Con la pantalla aún flotando frente a él, decidió explorar la pestaña “Inventario”. Un pequeño ícono resaltaba: “Objeto desconocido”.

La curiosidad ganó terreno. Tocó el ícono con un dedo tembloroso y una ventana se desplegó mostrando una gema oscura, casi negra, con un centelleo interno rojo profundo, vibrante como un corazón cautivo.

—¿Qué es esto? —susurró, incapaz de apartar la mirada de la piedra.

El sistema no ofrecía detalles. Solo un mensaje críptico: “Piedra de Vinculación: Acceso restringido. Condición oculta.”

No logró determinar cómo usarla, pero sintió que la gema latía en sintonía con su propio pulso.

Entonces, un nuevo mensaje irrumpió en la pantalla. Una alerta de misión apareció con un marcado color carmesí titilante que le heló la sangre. Prominente, en letras mayúsculas, destacaba:

[Misión Principal: Descubre el Origen del Sistema]

Debajo, la descripción era casi un suspiro envuelto en sombra:

“Tu búsqueda permitirá dilucidar la naturaleza verdadera del sistema. Ten cuidado, portador; algunos ojos nunca deben mirar más allá del velo. Eres observado.”

El texto vibro un instante antes de ocultarse en un rincón. Héctor sintió que un frío intenso le abrazaba la médula espinal. El callejón húmedo, las sombras, las ratas que correteaban a lo lejos… todo se transformó en un escenario amenazante.

Un cosquilleo reptaba detrás de su nuca, la certeza de que alguien, en algún lugar, estaba alerta a cada uno de sus movimientos.

Entonces, un sonido seco cortó el silencio. Un golpe, contundente, en la puerta oxidada al final del callejón.

Héctor se giró de inmediato, los ojos inyectados en un estado febril de vigilancia. La voz del sistema resonó esta vez con tono bajo, como un eco grave y amenazante:

“Alerta: presencia hostil detectada.”

Sacó del bolsillo un cuchillo oxidado, sus dedos cerrándose firmes alrededor del mango frío, mientras el golpe se repetía, más fuerte, insidioso.

El Ermitaño había despertado del todo.

La cacería apenas comenzaba.