NoveliqaJuramento Inquebrantable: El Pacto que Rompió Historias / Amor Prohibido :0%
Log in

Chapter 7

Amor Prohibido

Capítulo 7: Amor Prohibido

El eco del silencio se tornó insoportable, como un tambor lejano que martillaba en el pecho de Valeria. El aire frío de la noche colaba su filo entre las rendijas de la terraza donde, sin palabra ni aliento, seguían aún ella y Dante. El choque de sus miradas había desatado una tormenta invisible, un huracán de emociones que no podían, ni querían, contener.

Valeria sentía el pulso desbocado latiendo en sus sienes, ese ritmo salvaje que desafiaba cada juramento hecho a sangre y fuego. Frente a ella, Dante recortaba su silueta contra el negro profundo de la ciudad, la luz amarilla de un farol lejano bañaba parte de su rostro, iluminando la tensión contenida en sus labios y la sombra de una culpa inconmensurable.

El roce accidental de sus manos fue como una chispa eléctrica que incendió cada fibra de su piel. Valeria retiró el brazo con un leve temblor, pero Dante, con una calma que rozaba la arrogancia, acercó un paso más, cerca pero sin invadir.

—¿Por qué te resistes, Valeria? —su voz era un susurro que parecía desgarro—. No todo en este maldito legado es sangre y venganza.

Ella giró para enfrentarlo, la mandíbula apretada, una mezcla de ira y confusión bailando en sus ojos. La distancia entre ellos se había vuelto un abismo imposible de cruzar, aunque la gravedad que emanaban sus cuerpos impelía a reducirlo.

—Porque si olvido el juramento, olvido quién soy. Y no puedo —dijo ella, con voz áspera, tratando de encontrar la seguridad que se le escapaba entre los dedos—. No puedo dejar que la historia de mi hermano sea una mentira.

Dante dio un paso atrás, pero solo para inclinarse y pasar un mechón rebelde detrás de su oreja, un gesto tan íntimo que el aire vibró con una electricidad nueva, dolorosa. Su cara se suavizó por un instante, como si dejara caer la armadura que siempre llevaba puesta.

—Entonces no somos tan diferentes, Valeria. —él dejó caer sus palabras como una confesión pesada—. Ambos estamos atrapados, ciegos en este juego de sombras que otros iniciaron.

Un estremecimiento recorrió la espalda de Valeria. En otra vida, en otro mundo, podría haber existido algo más que enemistad entre ellos. Algo prohibido y devastador.

Un silencio pesado se tendió entre ellos, abrumador y dulce a la vez, hasta que una brisa súbita hizo bailar las hojas de las plantas cercanas. Valeria se perdió un segundo en la profundidad de los ojos de Dante, descubriendo no al enemigo sino a un hombre quebrado, vulnerable.

Entonces, sin previo aviso, la voz rota y susurrante de Dante la trajo de vuelta al filo del abismo.

—Si decides cruzar esa línea, perderás más que el honor. —Su aliento casi rozó su mejilla—. Perderás todo.

Valeria sintió la amenaza, no en sus palabras sino en el temblor que trataba de ocultar. Sin embargo, era un misterio y un deber a la vez que la ataba a él con cadenas invisibles.

Un ruido sutil, detrás de uno de los setos bajos, quebró la intimidad del momento. Un par de ojos observaban con atención, ocultos en la penumbra, su presencia discreta pero implacable.

Valeria y Dante se separaron rápidamente, como dos cazadores sorprendidos en medio de una tregua provisional.

—¿Quién está ahí? —perguntó Dante, la voz ahora aguda, estrenando un filo de amenaza.

No hubo respuesta. Solo la ciudad murmurando a lo lejos, y el paso silencioso de alguien que se retiraba, dejando atrás un aire de advertencia.

Valeria tragó en seco, el corazón palpitando tan fuerte que parecía querer estallar.

—Nos están vigilando —susurró, incomoda pero decidida—. Esto se ha vuelto mucho más peligroso de lo que imaginaba.

Dante asintió, su expresión sombreada por la preocupación y el deseo entrelazados como serpientes enroscadas.

—Entonces, el juego acaba de cambiar.

Un nuevo capítulo comenzaba, no solo para ellos, sino para todos los que tejían una red de mentiras, secretos y promesas rotas. El amor prohibido que crecía en la penumbra era una llama que desafiaba la noche, pero también podría arrastrarlos a ambos a un abismo sin retorno.

Y mientras los ojos ocultos en la sombra se deslizaban hacia la oscuridad, la verdad aguardaba, afilada como un cuchillo, a punto de salir a la luz.

Corte abrupto.