NoveliqaJuramento Inquebrantable: El Pacto que Rompió Historias / El Precio del Legado :0%
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Chapter 6

El Precio del Legado

Capítulo 6: El Precio del Legado

La silueta que se detuvo al umbral parecía arrancada de una pesadilla: los ojos fijos en ella, cargados de una urgencia invisible que le quemaba la piel. Valeria parpadeó, sin poder mover un solo músculo, mientras el eco de sus palabras invisibles retumbaba en la habitación casi vacía.

—Ya no hay tiempo.

El pulso le martillaba en las sienes, como si su corazón quisiera romper a latir por encima del miedo que la paralizaba.

Un frío helado se coló por entre las rendijas del templo familiar, un aire violento que disolvió el refugio momentáneo que le había otorgado la soledad. Valeria se incorporó lentamente, los dedos temblorosos acariciando el lomo del antiguo tomo que reposaba sobre la mesa de caoba. Todo estaba en calma, hasta que la puerta se cerró tras la sombra con un golpe seco, finalizando ese instante suspendido entre la duda y la amenaza.

—¿Quién... quién eres? —logró articular, aún sin aliento.

El hombre dio un paso adelante, su figura esbelta más visible bajo la austera lámpara de cristal. Tenía el rostro curtido por años de batallas invisibles pero la mirada era la de alguien que no temía a la muerte —todo lo contrario, parecía jugar con ella a cada instante—.

—Mi nombre no importa tanto como esto —dijo, y deslizó un pequeño papel sobre la mesa. El ruido del pergamino fue un latido dentro del silencio desgarrador.

Valeria se acercó temblando y recogió la nota. En tinta negra, firme, escrita con una caligrafía que le era dolorosamente familiar, se leía solo una palabra: "Dante".

Un segundo antes de que pudiera pensar en arrojarlo al fuego, la voz volvió a traspasar la penumbra.

—Era imposible no encontrarte, Valeria. La ciudad murmura, y el juramento que llevas oculto brilla como faro en la oscuridad.

Sus pasos resonaron contra el mármol, dejando un rastro de amenaza.

—¿Por qué vienes? —esa pregunta le quemaba más que el frío que todavía se le clavaba en los huesos.

—Para ofrecerte una alianza —confesó, como si fuese una confesión amarga—. No es un regalo, ni un rescate. Es el precio para que no destruyas algo que ninguno de los dos puede permitirse perder.

Valeria entrecerró los ojos. La noción de alianza con Dante Montalvo, el enemigo jurado, parecía una burla cruel. Sin embargo, había algo en su voz que no admitía réplica.

—¿Y cuál es ese precio? —murmuró, arriesgándose a la grieta que se comenzaba a abrir en su determinación.

Dante sonrió, esa sonrisa fina y venenosa que no necesitaba palabras para reventar la tensión.

—Tu confianza. Solo eso —dijo sin alzar la voz, pero con una fuerza devastadora—. Te doy acceso a la verdad detrás del incidente que destruyó a tu hermano. Pero debes abandonar la venganza ciega que te consume.

El aire se volvió irrespirable, tan denso que parecía gritarle en el oído el eco de la traición.

—¿Y si digo que no? —la respuesta le salió espontánea, envalentonada por un fuego que nacía del dolor.

Dante se detuvo, cruzó los brazos, y por primera vez la furia apareció en sus pupilas.

—Entonces esta guerra invisible que vivimos seguirá devorándonos hasta que no quede nada —sentenció—. Piensa bien, Santoro. El legado que juraste proteger podría convertirse en cenizas antes de que termines de parpadear.

El silencio se hizo dueño absoluto de la habitación. Valeria sentía cada fibra de su ser quebrarse, enfrentada al peso de un destino que violentaba todas sus certezas.

En el eco distante, la ciudad seguía su pulso indiferente, ignorante del pacto que se gestaba en la penumbra.

Un instante, un segundo que duró una eternidad. La mujer que llevaba el apellido Santoro podía elegir: aferrarse al odio que la consumía o doblar la rodilla ante una verdad que prometía destruirla... o liberarla.

Antes de que pudiera responder, un golpe poderoso retumbó en la puerta. Ambos quedaron congelados.

—Valeria, no podemos permitir que el tiempo juegue en contra —la voz de la sombra apenas un susurro con filo—. La familia espera.

Mientras la cabeza de Valeria giraba hacia la puerta, una parte de ella sabía que ese golpe no solo había cerrado un capítulo, sino que había abierto una herida destinada a sangrar hasta la última línea del juramento.

La noche se cerró sobre el salón, y con ella, el precio del legado quedó marcado en la piel de ambos, para siempre.

Corte abrupto.