NoveliqaJuramento Inquebrantable: El Pacto que Rompió Historias / Sombras del Pasado :0%
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Chapter 2

Sombras del Pasado

Capítulo 2 Sombras del Pasado

El aroma pesado del incienso aún revoloteaba en el aire, mezclado con el silbido fatigado de la noche que colaba su aliento frío por los ventanales del viejo estudio. Valeria Santoro quedó paralizada un instante, con la mano sostenida a medio aire, los dedos manchados por la tinta oscura que había salpicado la carta rota entre sus manos.

Un estremecimiento opaco ascendía desde el estómago, reptando despacio, como un animal cauteloso, hasta clavarse en el centro de su pecho. El juramento, la venganza, la protección —todas esas palabras eran fuego líquido que ahora quemaba con más intensidad que la promesa misma. No era solo una cuestión de sangre; era una traición que había estado latente bajo las piedras milenarias de su apellido.

Sus pies se buscaron el suelo por reflejo, encontrando la alfombra de brocados gastados, cuyos hilos dorados reflejaban la luz trémula de las velas apagadas a medias. El cuarto, otrora santuario sagrado del legado Santoro, parecía respirar con un secreto sofocante, una atmósfera cargada de miradas invisibles que juzgaban, sentenciaban.

Valeria dio un paso hacia el escritorio. Allí, entre papeles descuidados y fotografías desteñidas, un nombre brillaba con amenaza: Lorenzo Santoro, su tío —hombre cuya sonrisa siempre fingía neutralidad, pero cuyos ojos delataban un juego mucho más oscuro.

Su cuerpo se tensó. Recordó el último encuentro con él, horas antes, en el gran salón: las palabras sin decirse, los silencios punzantes, un aura de falso respeto que ahora tomaba forma de sospecha. Y si estaba allí el engañador, ¿qué implicaba eso para su juramento? ¿Podía la sangre traicionar su propia sangre?

Una estampida de recuerdos golpeó sus párpados —la noche de la tragedia, el estrépito del motor, la mirada clavada de su hermano en la última llamada, ese rostro espectral en la penumbra ahora revelándose con una claridad terrible. No era un accidente, lo supo entonces al filo absoluto de su angustia; algo o alguien había movido las piezas, y esa sombra se extendía peligrosamente dentro del círculo más íntimo.

—Estoy cansada de esconder verdades —murmuró ella, más para sí que para la habitación, sus palabras ganando peso en el aire viciado.

Un golpeteo seco la hizo girar con un sobresalto rabioso. La puerta estaba entornada. Bajo su quicio, un pequeño papel doblado, casi invisible, descansaba, como depositado por manos que conocían cada movimiento suyo. Lo recogió, instintivamente, mientras el silencio se hacía tan denso que parecía aplastar la realidad misma.

El mensaje era una línea, dos palabras: “Confía en nadie.”

Las letras estaban escritas con la misma tinta que manchaba sus dedos, como si la advertencia estuviera grabada con la misma sangre invisible que corría por sus venas.

El celular vibró entonces, cortante. Un mensaje sin remitente: una foto borrosa de una figura encapuchada observándola desde la calle, reflejada en el cristal de la ventana del estudio.

Valeria sintió un pulso frío en la nuca, un instante donde el tiempo se ralentizó y el peso del secreto aplastó su voluntad.

Alzó la mirada hacia la ventana.

Entre las sombras al otro lado del vidrio, una silueta oscura permanecía inmóvil, ocultándose en el manto negro de la noche.

Un susurro se deslizó en su mente: el pasado no solo estaba detrás; había empezado a caminar a su lado, susurrando mentiras disfrazadas de verdades.

Valeria apretó el papel y respiró profundo.

La guerra invisible apenas comenzaba.

Pero en ese instante, supo que no estaba sola.

Alguien la observaba.

Desde las sombras.